El Instituto Nacional (IN) destaca en la historia del país por ser un liceo emblemático y de alto rendimiento, sin embargo, los resultados logrados en la Prueba de Transición para la Admisión Universitaria (PDT) son un reflejo de la crisis que ya hace años viene arrastrando el colegio.
Para Iván Poduje, arquitecto e integrante del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano, «lo que vemos, lamentablemente, es un deterioro en el principal atributo que tenia el Instituto Nacional, que era promover la movilidad social, ampliar las élites hacia hijos de funcionarios públicos o de pequeños o grandes empresarios generando integración en el aula. Eso se ha ido perdiendo, lo que significa una gran pérdida para el país», afirma.
Poduje es hijo de un institutano, por lo que dice tener una aproximación emocional, histórica y familiar muy fuerte con el Instituto Nacional, a pesar de no ser exalumno. «Hablando con compañeros de mi padre o con otros institutanos, me dicen que el IN siempre fue un lugar donde se experimentaban muchos de los movimientos sociales que había en los años ’60 y que eran liderados básicamente por personas de altos ingresos que venían de colegios particulares a experimentar, que fue lo mismo que vimos nosotros con la Revolución Pinguina», relata en el programa radial Mirada Líbero en Agricultura.
Sin embargo, expresa que algo que podría explicar este deterioro, es que «posteriormente en 2011 llegaban alumnos de colegios particulares pagados a decir que el Instituto era elitista por seleccionar a los mejores alumnos de los sectores populares de Santiago, lo que era una locura. Creo que eso tiene mucho que ver: cuando acusas a un liceo del prestigio del instituto de ser elitista, de segregar», cuando, afirma Poduje, hace justo lo contrario.
[LA MIRADA LÍBERO] Iván Poduje (@ipoduje) sobre la decadencia del Instituto Nacional: «Cuando acusas a un liceo con el prestigio del Instituto de ser elitista, de descremar, de segregar, cuando hace todo lo contrario, eso debilita el asunto». Lo dijo en #LAMIRADALIBERO pic.twitter.com/0F3bXcvOL7
— El Líbero (@elliberocl) January 18, 2022
«Esto también me consta porque hablando con exalumnos lo pude saber, es que estudiantes radicales lograron permanecer en el Instituto Nacional y cuando eran expulsados por su mala conducta o porque destruían el colegio, les ponían abogado y quedaban mucho tiempo ahí. Eso, fue un germen para que se instalara esta cultura de la destrucción en el colegio», lamenta.
El Instituto Nacional ha tenido una permanente vinculación con la política, pues del liceo han salido 18 Presidentes de la República. Para el experto, el IN ha sabido sortear esta vinculación «sobre todo en los años ’60 y ’70 que fue muy álgida». No obstante, asevera que «esa violencia que vemos ahora tiene respaldo político y la indolencia de las autoridades ha permitido que los radicales destruyan y quemen todo».
Y «es cínico», añade Poduje, porque el liceo está ubicado en la Alameda con Arturo Prat, «en pleno centro cívico, al lado del poder, al lado de La Moneda y aún así los radicales amenazan a sus profesores, sin que las autoridades hicieran nada».
«Yo me pregunto si esto hubiese pasado en el Saint George, si estudiantes radicales se hubieran tomado el colegio disfrazados de anarquistas tirando bombas molotov, ¿cuánto habría durado eso?», reflexiona.
«Si hubieran hecho lo mismo en cualquier colegio del sector oriente, cuyos alumnos o exalumnos decían que el instituto segregaba, bueno ellos que en realidad son alumnos de colegios que segregan, nunca se hubiesen permitido que pasara eso en sus colegios», señala.
Para el arquitecto, justamente uno de los valores del Instituto Nacional fue ampliar la élite de Chile, lo que además apunta a ser el objetivo de la educación, pero «ahora hay una cosa sintomática en esta crisis de los colegios públicos. Por ejemplo el Liceo Augusto D’ Halmar de Ñuñoa es uno de los colegios que sobrevive, pero ves a alumnos radicales y políticos apuntando contra el director, contra el mecanismo de selección, o sea finalmente también se quieren cargan el liceo Augusto D’ Halmar», precisa.
Por eso, insiste en que como sociedad «no podemos permitir que estos grupos radicales maten la educación pública como lo han hecho con el IN y con otros liceos de calidad».
Poduje contra Hassler: «¿Por qué la alcaldesa expone sus doctorados o sus títulos? Es una paradoja»
Luego de la entrega de los resultados de la PDT, la alcaldesa de Santiago, Irací Hassler, encabezó la ceremonia de premiación de estudiantes que obtuvieron puntajes nacionales en los establecimientos educacionales de la comuna.
Con apenas tres puntajes nacionales –de 120 totales– y fuera del ranking de los 100 mejores establecimientos, el Instituto Nacional volvió a marcar una baja en los resultados de la PDT. Frente a esto, la alcaldesa afirmó que «sabemos que un puntaje no determina las posibilidades que van a tener hacia adelante y en ellos reconocemos el trabajo de todos y todas las estudiantes de nuestra comuna y les deseamos los mejores éxitos».
Los dichos de la alcaldesa no estuvieron exentos de críticas, Poduje fue uno de los primeros en calificar éstos como «una mirada elitista, completamente alejada de la realidad. Yo no conozco la historia personal de la alcaldesa Hassler, pero me imagino que debe haber estudiado en alguna universidad y que le deben haber exigido algún puntaje. Entonces, ¿por qué la alcaldesa o estos académicos que critican la selección exponen sus doctorados o sus títulos? Eso es una paradoja y creo que tiene que ver con este doble discurso que hay», cuestiona.
«Lo que cambió el 18-O fue que la destrucción se transformó en una acción política»
El especialista urbano ha seguido por años los conflictos sociales que afectan la seguridad del país, y es por eso que afirma que el deterioro por abandono se inició mucho antes que el estallido del 18 de octubre. «Desde el 2010 venimos reportando la segregación urbana en sus distintas expresiones y una muy clara es el abandono de los espacios públicos. Por eso, el hecho de tener plazas de tierras y paraderos vandalizados es algo que se arrastra hace mucho tiempo», afirma.
Por el contrario, apunta que «lo que cambió el 18-O fue que el hecho de destruirlo todo se transformó en acción política que tuvo respaldo político y cultural». Lamenta que «vimos a intelectuales, académicos, arquitectos, artistas y políticos diciendo que era válido destruir un monumento histórico para refundar uno nuevo, como ocurrió con la Plaza Baquedano».
«Si tú te hubieras planteado eso en cualquier centro cívico de una ciudad desarrollada de Holanda, de Finlandia, simplemente no es aceptable, que una patota a piedras decida refundar un monumento como ellos consideren que debe hacerse». Eso, en palabras de Poduje, es una violación del derecho común, «del bienestar público, y una consagración del individualismo más salvaje que es aquel que siente que puede pasar por arriba de los demás».
