En los últimos meses se han producido ocho casos en que Gendarmería ha dejado en libertad a reos de forma equivocada, atribuidos a errores en la tramitación de órdenes judiciales, fallas administrativas o malas interpretaciones de resoluciones.

Esto ha dejado a Gendarmería en el centro de la polémica, especialmente tras los dichos del ministro de Justicia, Jaime Gajardo, quien acusó un posible “sabotaje” al interior de la institución, justo cuando se discute una reforma constitucional que la incorpora dentro de las Fuerzas de Orden y Seguridad, cambia su dependencia al Ministerio de Seguridad y elimina los sindicatos al interior de la institución.

En conversación con El Líbero, el exministro de Justicia del segundo gobierno de Sebastián Piñera, Hernán Larraín, aborda esta delicada situación.

«Puede que haya algo de cierto cuando el ministro dice que puede haber sabotaje»

-¿Cómo interpreta los ocho casos de liberación de reos desde Gendarmería?

-La verdad es que estos casos empiezan a ser demasiado para ser una mera casualidad o resultado del azar. Porque son ocho casos en los últimos meses. Acaban de morir en estos días dos funcionarios en extrañas circunstancias. Y uno dice, ‘bueno, ¿Qué está pasando?’. Son muchas casualidades, y no son casualidades. Por lo tanto uno se pregunta qué hay en el fondo de lo que ocurre en Gendarmería. Y la verdad es que Gendarmería es una de esas instituciones que nunca han tenido prioridad en la atención pública, nunca han sido de interés, y es simplemente como el lugar a donde deben ir los malos, los delincuentes. Por lo tanto, no hay una mirada a lo que significa el sistema penitenciario dentro de un sistema de justicia y como parte integrante de la cadena de seguridad pública, que es lo hay que empezar a revisar, porque juega un rol muy importante (…), la condena no significa que termine el proceso de justicia penal. Es al revés… también necesita el poder buscar mecanismos para rehabilitar a la persona, para que pueda volver a insertarse a la sociedad y no seguir delinquiendo. Porque, de lo contrario, realmente las cárceles se convierten en universidades del delito.

-¿Eso es lo que está sucediendo hoy?

-Hoy día la reincidencia de las personas que salen de la cárcel llega al 50%. Y, por lo tanto, son delincuentes profesionales, prácticamente uno de cada dos. Y eso le hace mal al sistema. Estas liberaciones por error, o funcionarios de Gendarmería que mueren en circunstancias muy anómalas, obligan a pensar qué está pasando ahí, por qué esto no está funcionando bien, y no está funcionando bien hace mucho rato. Lo que llama la atención normalmente es el hacinamiento en que viven, porque se ha incrementado el número de personas que están presas en cifras significativas. Cuando fui ministro, a comienzos del 2022, había en ese minuto cerca de 42 mil personas cumpliendo penas en recintos carcelarios. Hoy día hay más de 63 mil. Ha aumentado un 50% en cuatro años. Eso es completamente anómalo. Como consecuencia, el sistema colapsa. El sistema está muy complejo, porque han aparecido nuevas variables que hacen que todo esto que estamos hablando sea todavía materia menor respecto de los problemas que están infiltrándose dentro de Gendarmería.

-¿Cree que puede ser real un “sabotaje”, como acusó el ministro de Justicia, Jaime Gajardo? ¿Podría tratarse de un sabotaje deliberado y no de un simple error?

Puede ser. Yo creo que en esta situación uno no puede descartar ninguna hipótesis. De hecho, la explicación que ha dado el ministro Gajardo es que, a propósito de una reforma constitucional que han presentado, que cambia la adscripción de Gendarmería al Ministerio de Seguridad Pública y deja solo en Justicia lo que es el Servicio de Reinserción Social, divide esta institución en dos, que es algo que nosotros desde la Universidad Católica hemos venido propiciando hace algún tiempo (…), eso conlleva que Gendarmería se convierta en una policía penitenciaria. Y una policía penitenciaria es incompatible con la existencia de gremios al interior de ella. No hay sindicatos, y supone, por lo tanto, su término. Y los gremios de Gendarmería, que son muchos y son bastante poderosos, son los que están oponiéndose duramente a esta medida. Entonces, puede que haya algo de cierto cuando el ministro dice que puede haber «sabotaje» por estas medidas. Yo no sé qué es lo que están haciendo los gremios al respecto. He visto declaraciones que están muy contrarias a esta propuesta, y contrarias a las políticas que lleva el gobierno. Si es causal, no lo sé.

«Un ministro tiene que ser especialmente cuidadoso. Porque si dice que hay sabotaje, supone que tiene información. Y si tiene información, antes de ir a la prensa tiene que ir al Ministerio Público»

-José Antonio Kast dijo sobre estas declaraciones del ministro que “nunca hay que hablar mal de las instituciones». ¿Cree que fueron acertadas las palabras del ministro de Justicia?

El análisis de un ministro tiene que ser especialmente cuidadoso. Porque si dice que hay sabotaje, supone que tiene información. Y si tiene información, antes de ir a la prensa tiene que ir al Ministerio Público, porque eso sería un acto de obstrucción a la justicia o un acto de incumplimiento de las funciones, y eso supone por lo tanto procesos de indagación por responsabilidad disciplinarias, o eventualmente por conductas delictivas. Ese es el camino más propio.

Pero, aquí cualquier cosa que llame la atención para que el país y el próximo gobierno en particular tome el tema penitenciario como uno de mucha crisis y que requiere de una reforma integral, bienvenido sea, porque aquí que pasen las cosas desapercibidas es peor al final. O sea, si es sabotaje o no es sabotaje, la verdad es que eso se investigará. Más me interesa el que haya, en el tema carcelario, el compromiso de entrar a hacerle cambios profundos. No solo no se están cumpliendo los objetivos de las penas, no solo no se están cumpliendo los mecanismos de rehabilitación, sino que además se está tratando en forma muy inhumana a las personas que están ahí presas. Porque una cosa es perder la libertad, pero otra muy distinta es perder su dignidad, y requieren de un trato digno y decente, y nada de eso está ocurriendo en el sistema carcelario… Entonces, la institución no está cumpliendo sus finalidades y por lo tanto no se está haciendo ni justicia penal, ni tampoco estamos colaborando con la seguridad pública.

-¿Y cómo se soluciona esto? ¿A través de la reforma constitucional que se discute, o es necesario un cambio aún más profundo?

-Sí, yo creo que pasa por esta reforma, pero la verdad es que es una solución muy de última hora, porque la reforma supone que si se va a cambiar Gendarmería desde Justicia al Ministerio de Seguridad Pública, tiene que haber un proyecto de ley que modifique la estructura del Ministerio, que modifique la ley de Gendarmería y que la ponga a tono con sus nuevas funciones. Nada de eso hay. También supone que se crea un servicio de reinserción social dentro del Ministerio de Justicia, porque hay que dividir, separar las funciones que hay hoy día al interior de la institución, y aquellos funcionarios que se dedican a las labores de reinserción tienen que constituirse en un nuevo servicio, nada de eso hay. No hay una ley, es decir, hay solo un cambio muy cosmético, que es muy por encima, por lo tanto el sistema va a seguir exactamente igual si se aprueba mañana esa reforma. Va en la correcta dirección, pero no supone que haya detrás algo sustantivo.

«La penetración de la institución por el crimen organizado ha desarticulado la gobernanza interior, ha generado una corrupción muy fuerte que afecta a los propios gendarmes»

-¿Y qué hay que hacer, entonces?

-Cuando digo que tenemos que tener una reforma integral es porque hay que mirar el problema de Gendarmería en toda su dimensión… Si gendarmería debe formar parte de las policías o no, yo creo que debe ser una policía. Es difícil que los policías hagan al mismo tiempo reinserción social, aunque tienen una responsabilidad, tiene que haber gente más especializada en esas materias, métodos y sistemas, por lo tanto es razonable separarla. Hay también que repensar todo lo que es reinserción, porque sin reinserción no estamos cumpliendo la finalidad de evitar la formación de delincuentes y estamos con altas reincidencias. Y está la penetración que ha tenido la institución por el crimen organizado.

-¿Qué tan grave es esa situación?

-Este es el tema principal, porque ha desarticulado la gobernanza interior, ha generado una corrupción muy fuerte que afecta a los propios funcionarios institucionales, a los propios gendarmes, y hace muy inmanejable este tema. La delincuencia está en parte hoy día siendo coordinada desde dentro de las cárceles, porque en la medida que se han ido tomando presos a líderes de los distintos grupos de crimen organizado, desde adentro, están full time dedicados a cometer delitos. Y como tienen redes de comunicación que tampoco se han podido desbaratar, el éxito que tienen es mayor. Entonces, esta penetración del crimen organizado al interior de las cárceles causa una complejidad mayor en el tema de reformar completamente la institucionalidad penitenciaria. Ahí es donde hay que mirar todos estos elementos en conjunto para poder dar con las soluciones que resuelvan el tema, pero tomando el crimen organizado como una variable completamente nueva, que nosotros detectamos ya entre el 2018 y el 2022.

-¿Esto modifica completamente el escenario, entonces?

-El crimen cambió en su manera de gestación. Normalmente los crímenes eran individuales, eran ladrones, lanzas, algunos homicidios, hoy día se hace a través de pandillas, los lanzazos o portonazos en forma organizada. Para qué decir el narcotráfico, que es, por definición, un crimen organizado, y por lo tanto genera una nueva forma de asociación criminal, y de perpetrar los crímenes. Todo esto conlleva la necesidad de adaptar a Gendarmería, porque en su interior hay no solamente autores y cómplices de delito, sino que también información. Información que podría ayudar a desbaratar muchos crímenes.

-¿Hay extorsión a gendarmes, policías, fiscales y jueces? ¿El crimen organizado ya se extendió al interior de las cárceles, capturando funcionarios o aún estamos a tiempo?

-Es muy complejo el tema, porque el crimen organizado tiene varias etapas en su desarrollo. Quizás la primera es la disputa territorial, porque los distintos grupos tratan de tener sus territorios. Y ahí hay una primera disputa en donde los crímenes que se cometen son normalmente violentos, de homicidios, de lesiones graves, secuestros. El paso siguiente es buscar la impunidad, de buscar el control de las instituciones. Y ese paso se da por la vía de la extorsión, porque se van comprando, sobornando, cooptando a gendarmes, a policías, a carabineros, a fiscales, a jueces, a todo el sistema, porque es lo que les permite la impunidad y tener el control y la libertad para mover sus flujos delictuales y sus recursos económicos.

«Son verdaderos empresarios del delito, pymes medianas y grandes, que se han ido desarrollando con mucha efectividad»

-¿Y con entidades como el Tren de Aragua operando?

-Por cierto. Son redes que se han ido constituyendo en las últimas décadas. Son organizaciones estructuradas, tienen reglamento, tienen una suerte de constitución. Y por lo tanto, las personas que entran a estos grupos, siguen perteneciendo cuando están fuera de ellos… van generando redes y filiales locales, aparte de las propias organizaciones locales que existan. Todo eso va generando una maraña de organizaciones y de redes que van exigiendo una manera distinta de combatir el crimen. Cuando eso entra en las cárceles, y eso ha ocurrido en América Latina, en muchos países, el combate es más difícil, porque empiezan a tener redes que son manejadas desde las cárceles, que pasan a ser sedes muy efectivas y muy eficaces en el desarrollo del crimen. Por lo tanto, hay que hacer un trabajo muy distinto a lo que normalmente se ha venido haciendo (…). Y necesitamos desarrollar la inteligencia en Chile, que todavía está en pañales. Ahí vamos a poder saber un poco más de la extorsión, que es clave.

Al final, todas las organizaciones criminales tienen un objetivo común, que es ganar dinero, que es lo que le permite a cada uno tener poder y control (…). Son muy organizados, son una especie de pymes, pero muy eficientes. La verdad es que son sorprendentes, son verdaderos empresarios del delito, pymes medianas y grandes, que se han ido desarrollando con mucha efectividad lamentablemente.

-¿Cómo ha reaccionado el gobierno actual, y cuál es el desafío para el futuro gobierno en este tema?

-Yo creo que el gobierno ha ido reaccionando de atrás a estos problemas. Han presentado alguna legislación, que está precisamente trabajando para crear en Gendarmería este departamento de seguridad, y que va a poder tener más facilidades para hacer indagaciones, búsqueda de información y combatir desde adentro el crimen. Ha planteado también un plan de infraestructura, una reestructuración de los mecanismos de reinserción. Pero aquí la clave es tomar el toro por las astas y hacer un cambio institucional completo. Desde la formación, hay programas para poder formar a los gendarmes, capacitación y actualización. La mayoría de los gendarmes son gente de muy buena disposición, yo conocí a muchos de ellos que me causaban la mejor impresión por su dedicación, por su compromiso, por su coraje. Hay que trabajar con ellos, e ir generando políticas que vayan cubriendo las distintas áreas, y así se pueda abordar el tema en el tiempo, porque esto no va a ser un cambio de un día para otro.

-¿Qué opinión tiene de Fernando Rabat como el próximo ministro de Justicia?

-No lo conocía ni lo conozco aún personalmente, voy a conversar con él en los próximos días. Me voy a juntar con él, y con la mejor disposición de colaborar (…). El próximo gobierno tiene una tarea muy grande, y creo que Fernando Rabat es una persona muy talentosa, con muchas ganas y voluntad de hacer transformaciones significativas, yo espero que las haga. También he tomado contacto con Luis Silva, nosotros hicimos un trabajo de políticas penitenciarias, y se lo entregamos a él (…). El Congreso, desgraciadamente, está legislando muy mal, de forma muy lenta, y por lo tanto los grandes proyectos no avanzan (…). Yo espero que el gobierno de José Antonio Kast, su ministro de justicia y todos los equipos se comprometan y hagan un esfuerzo muy sistemático, y por cierto vamos a hacer todo lo posible por colaborar a su éxito.

«Es el talón de Aquiles del nuevo gobierno, pero también puede ser su fortaleza si tiene una buena disposición para buscar acuerdos»

-¿Cómo ve al nuevo gobierno? ¿Qué expectativas tiene sobre la relación en el Congreso? ¿Debiera la derecha y la centroderecha negociar con el Socialismo Democrático para liderar la mesa de la Cámara?

-Por cierto, a todo gobierno le conviene tener en las mesas de la Cámara y del Senado personas con las cuales se pueda trabajar, porque desde ahí se pueden bloquear los proyectos de ley sin mayor discusión (…). El que se trabaje con las cámaras en buena disposición es importante, porque así se puede agilizar la discusión de las reformas que hay que introducir. Todo el programa de trabajo que trae el nuevo gobierno requiere de un Congreso eficiente y hoy día no hay mayoría legislativa que lo garantice.

-¿Y con quién se hace mayoría? ¿Qué es lo que tiene que hacer el gobierno para generar esa alianza?

-Este es el tema clave, es el talón de Aquiles del nuevo gobierno, pero también puede ser su fortaleza si acaso tiene una buena disposición para buscar acuerdos (…). Eso supone la capacidad política de formular y conseguir acuerdos, en principio con todo el que quiera. En los temas de seguridad es muy difícil que alguien se reste, aunque sea un ferviente opositor al próximo gobierno… Pero ya es menos claro lo que se puede hacer respecto del tema económico. En temas como el de la justicia se requiere un compromiso legislativo, de avanzar y de dedicarle tiempo, porque requiere de mucha dedicación. Si no hay un compromiso del próximo Congreso y del Ejecutivo, va a ser difícil sacar adelante las principales transformaciones que el país requiere. Por eso uno debería pensar en una coalición que no solamente dure cuatro años, sino que dure ocho o 12, porque con ese horizonte de tiempo y con esos compromisos políticos abiertos, uno puede llegar a acuerdos.

-¿Cree que va a ser posible consolidar una especie de “coalición amplia» en la derecha? Los libertarios no están en el gobierno…

-La mayoría que tiene el actual gobierno es bastante difícil, porque está asentada en los Republicanos, con los Socialcristianos y los Libertarios, pero ya los Libertarios no entraron al gobierno. Después está Chile Vamos. Y luego está Demócratas y Amarillos, que tendrán que reformularse en algún nuevo eje político. Es una agrupación compleja, porque son muchos frentes, y eso exige de mucha capacidad organizativa, de mucha conversación y también de liderazgo. Ahora, yo siento que las cosas están dadas para que eso funcione, y también para que puedan abrir espacio para lo que era la Concertación, la Socialdemocracia, lo que no es el Frente Amplio y el Partido Comunista, porque ellos van a tener una actitud más dura. Pero hay ahí una izquierda democrática que tiene que definir cuál va a ser su destino, si va a ser subsumida por la izquierda dura, o va a tener su propia voz, trabajando con el gobierno en proyectos que a ellos le den visibilidad y también liderazgo. ¿Puede hacerlo el gobierno de José Antonio Kast? Yo creo que sí, pueden hacerlo. Por lo menos desde que él fue ratificado en segunda vuelta, se pudo apreciar en su eje político, en sus palabras, en su actitud, una disposición al acuerdo, al diálogo, a conversar con otras fuerzas. Y eso me parece que es clave.

«Claudio Alvarado y José García Ruminot tienen las condiciones, la calidad humana y la destreza política para lograr esos acuerdos»

-¿Cómo ve la performance que pueden tener los futuros ministros de la UDI, como Claudio Alvarado en Interior?

-Pienso que Claudio Alvarado y José García Ruminot, ministro del Interior y ministro Secretario General de la Presidencia, son personas que tienen las condiciones, la calidad humana y la destreza política para lograr esos acuerdos. Y creo que ahí es donde se debería producir el juego del gobierno. Yo tengo esperanza de que lo hagan bien (…). Cambiar el régimen político es claro, cambiar y modificar y modernizar la justicia también es claro. Necesitamos convertir la claridad que existe en acuerdos políticos, que le permitan al país decir que podemos salir adelante, que podemos recuperar un camino al desarrollo. Se había logrado avanzar mucho, pero ahora se detuvo, yo diría por malos liderazgos, malos gobiernos. Creo que el gobierno que hemos tenido de Gabriel Boric ha sido muy negativo, no ha logrado reimpulsar la agenda del país. Y, por lo tanto, la autoridad política está en deuda con la gente. Las respuestas están, y yo espero que haya generosidad del gobierno, generosidad de la oposición, de entender que al final Chile está primero y que hagamos un esfuerzo distinto por sacar estas cosas adelante. Se puede, se debe y vamos a ver qué pasa.

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1 Comment

  1. Si uno no supiera quien es usted, podría parecer un comentario muy informado, certero y ponderado que expone un ciudadano chileno o un ex ministro del Deporte, o de Agricultura. Pero, usted es un ex ministro de JUSTICIA Y QUE OCUPÓ ESE CARGO DURANTE LOS 4 AÑOS PRECEDENTES, desde esa posicion no propuso NADA de lo que hoy expone. A qué se dedicó esos 4 años??????444

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