La migración se ha instalado como uno de los temas obligados en la campaña presidencial. Pero mientras el debate se toma la agenda nacional, en Arica -la principal puerta de ingreso irregular al país- su gobernador asegura que la región sigue relegada en las prioridades de La Moneda.

En un nuevo capítulo de Mirada Crítica de El Líbero, Marcela Cubillos conversó con Diego Paco, gobernador regional de Arica y Parinacota, sobre los principales problemas que enfrenta la zona norte del país: desde la crisis de seguridad en Cerro Chuño hasta la amenaza del crimen organizado en colegios, la debilidad del control fronterizo y la falta de coordinación entre las autoridades centrales y regionales. El gobernador advierte una despreocupación del Estado, plantea medidas concretas que debería asumir el próximo gobierno y alerta que la situación de Arica tiene impacto en todo Chile.

«El caso del sicario es un ejemplo de cuando el Estado no está funcionando y está desprotegido en las fronteras»

-El sicario del «Rey de Meiggs» cruzó el país entero para luego escaparse por la frontera de Arica y luego ser recapturado. ¿Qué falló ahí en materia de control fronterizó y qué acciones demandaría del gobierno central en esta material?

-Ese es un ejemplo de cuando el Estado no está funcionando y cuando está desprotegido o ausente en las fronteras o en los extremos del país. Este sicario pasa por un lugar que yo le llamo el terreno de nadie. Como ustedes ven, el sicario pagó 2 millones de pesos desde Santiago a Arica y, por lo tanto, estas personas que son criminales, tienen una red de apoyo, de protección, fácilmente se pueden conseguir varias identidades y pagar para poder desplazarse a cualquier parte. Aquí lo que falló en la frontera es principalmente la coordinación entre las policías, PDI, Carabineros, la aduana, el Ejército, la Armada. Tenemos que entender que hoy día las bandas de crimen organizado tienen tecnología, tienen la información a disposición, se conocen claramente cuáles son las leyes, y saben que en la frontera no tenemos un sistema integrado donde todos tengan el acceso a la información para saber quiénes son los que salen, los que están siendo perseguidos, quiénes son los que están con orden de arraigo. De hecho, eso debería ser perfectamente una prioridad del Ministerio de Seguridad aquí en la región, porque eso hoy día nos pesa, y ya lo vimos, y quizás está pasando en este mismo momento nuevamente. Entonces aquí falla la institucionalidad, falla el Estado, hay despreocupación y la frontera es una infraestructura del siglo XX para una tecnología del crimen organizado y para un movimiento del siglo XXI y eso no es posible, eso tiene que cambiar, tiene que revertirse.

-¿Esa falta de control integrado, ha cambiado en algo después del caso del sicario?

-Si bien las semanas posteriores vino el ministro del Interior, Álvaro Elizalde, hay un debe y una despreocupación con Arica y Parinacota, hay un descuido aquí en la zona extrema. Pero lo único que tiene en carpeta hoy día es la remodelación de la infraestructura del siglo XX, pero que todavía no empieza la obra y va a tomar su tiempo. Hoy día hay acciones rápidas que se pueden tomar, que lamentablemente no pasan por la decisión del gobernador regional, a pesar de que lo exponemos, lo decimos en los medios de comunicación, en las mesas que participamos del combate contra el crimen organizado, pero falta una coordinación y una articulación más preparada, con más intención, y como estamos ad portas de que exista un cambio de gobierno, se nota ya la desmotivación y las pocas ganas de seguir contribuyendo o iniciando algo que va a mejorar lo que pasa en la frontera.

-¿No saben qué tienen que hacer o hay una falta de decisión política? ¿Qué medidas concretas le exigiría al próximo Presidente de Chile?

-Serían varias las pedidas, dentro de las principales está armar una mesa estratégica que resguarde la seguridad en las fronteras del país. Todo lo que pasa aquí en Arica finalmente va a llegar a Santiago si no lo detenemos acá. Ya sea una policía fronteriza, ya sea darle más atribuciones al Ejército, que ellos están muy bien posicionados en todo el borde fronterizo, pero no tienen mayores facultades como para poder reconducir, retener, o resguardar a las personas hasta que se les detecte algo. No debería ninguno pasar, se deberían reconducir, se deberían expulsar, se debería tomar otra acción mucho más concreta.

Aparte de resguardar lo que es la seguridad, Arica quiere crecer y avanzar en materia turística. Necesitamos un plan fronterizo, impulsado por el Estado, donde el Ministerio de Obras Públicas pueda aterrizar ideas claras y concretas y necesita ser conversado y comunicado con cada gobierno regional. Y, por último, la figura de la delegación presidencial. Esa figura yo creo que se agotó realmente, porque hoy día el delegado es como una piedra en el zapato, una piedra de tope para que cada gobernador pueda tomar también decisiones y poder alinear el aparataje público aquí en la región. En Brasil los gobernadores tienen las facultades descentralizadas para poder actuar y poder trabajar como un pequeño gobierno en cada región, yo creo que eso es clave hoy día porque estamos a más de 2.200 kilómetros desde donde se toman las decisiones.

«Las personas que están (en el Ministerio de Seguridad) no son las mejores preparadas»

-¿Ha cambiado en algo la realidad en la región con el Ministerio de Seguridad?

-Hasta ahora no encontramos ninguna diferencia, al contrario, hay más confusión. Falta más coordinación, la delegación presidencial con el Ministerio de Seguridad a ratos hacen lo mismo. Mientras se siga tomando lineamientos desde Santiago, desde el nivel central, desde el Ministerio de Seguridad, mientras se siga pensando en plantear la estrategia desde allá, difícilmente vamos a poder abordar y poder concretar un rumbo claro, o bien empezar a disminuir los indicadores y los índices en materia de inseguridad.

-Cuando escucha los mensajes del ministro Cordero desde Santiago, ¿siente que habla de una realidad que no es la suya en Arica, o con poco conocimiento de ella?

-Yo siento que cuando él se dirige y cuando expresa una opinión, lo hace pensando en el ideal, en lo que debería ser. Pero la realidad es otra, las bajadas no llegan, la coordinación no está acabada y lo peor es que, al menos en varias de las regiones, costó y demoró la instalación del secretario regional ministerial. Hubo mucha subrogancia durante varios meses y no me cabe la menor duda que las personas que están no son las mejores preparadas, no son las capacitadas, es lo que tocó, lo que se improvisó y eso hoy día nos está pasando la cuenta, tanto en las regiones como en el país.

-Leemos noticias sobre asesinatos, centros de tortura, mutilaciones que ocurren en el Cerro Chuño. ¿Por qué no se ha demolido a pesar de que la justicia ha sido clara en ordenarlo y exigirlo?

-Aquí claramente ha habido un descuido, una desprotección y un abandono de parte del Estado de Chile desde el año 2021 a la fecha, porque justo coincide con los años que no se ha demolido ninguna casa. Cerro Chuño se ha transformado en el símbolo del norte de la desprotección que hoy día estamos viviendo como región y que en nada le ha ayudado en la economía porque nadie quiere tener una postal tan negativa como esa. Queremos crecer en turismo, queremos incentivar la economía, queremos atraer inversiones, pero eso ha sido un punto constantemente negativo y que nos ha ido frenando.

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