Estallido - Germán Concha

A seis años del estallido de 2019, quien gobierne Chile a partir de marzo de 2026 no puede contentarse con que, según las encuestas, haya ahora un rechazo mayoritario a la idea de usar la violencia como mecanismo de cambio, como se avaló mayoritariamente en ese período. Hay que trabajar en lograr un cambio en las ideas, en volver a la ideología que caracterizó al país en los años previos y que la llevó al desarrollo. Esa es la hipótesis que plantea el abogado constitucionalista Germán Concha, en entrevista con El Líbero.

Germán Concha

«Habría sido mucho más difícil tener una reforma educacional mala como la que se hizo en el segundo gobierno de Michelle Bachelet, una reforma tributaria mala como la que se hizo en ese gobierno, una reforma laboral mala como la que se hizo en ese gobierno y la que se hizo ahora, si no hubieras tenido primero una cierta renuncia o abandono de ciertas ideas, lo que abrió el espacio para que se instalaran otras propuestas», advierte el jurista.

A juicio de Concha, las derechas no defendieron suficientemente la ideología que había logrado la transformación institucional y económica de Chile y se acercaron más a las ideas de sus adversarios, porque tal vez las consideraron políticamente más rentables. Esto, según el abogado, es un asunto que se debe corregir con urgencia.

«Cuando dejas de defender tus ideas eso no deja solo vacío, sino que ese espacio es ocupado por otras cosas. Entonces importa mucho, porque al tomar las visiones del adversario muevo la sociedad hacia allá y hago viables y más fácilmente admisibles modificaciones legales y políticas públicas que debieran haber sido rechazas si no te hubieras rendido en esa parte ideológica previa», advierte.

«El desafió es resolver los problemas, pero además demostrar cuáles son las ideas que están detrás de esa solución, y por qué eso es mejor, no solo técnicamente, sino porque es legítimo. Y eso es una tarea larga, no se resuelve ganando una elección. Ganar la elección es lo que habilita para seguir haciendo lo que hay que hacer, pero si creemos que porque se gana la elección a fin de año ya lo dejaste todo resuelto, estamos muy equivocados. Eso es simplemente tener la oportunidad de empezar a corregir todo lo malo que se ha hecho en Chile en el último tiempo y empezar a recuperar el camino del cual no nos debiéramos haber salido».

«Las derechas gradualmente fueron entregando la visión original que habían tenido y moviéndose hacia las visiones más colectivistas»

-¿Está resuelto el problema de base que generó el estallido por el hecho de que haya ahora un desacuerdo mayoritario en cuanto al uso de la violencia como mecanismo de cambio?

-Respecto del uso de la violencia como manera de impulsar causas políticas se ha producido un cambio muy positivo, si uno atiende a las encuestas sobre todo, porque pareciéramos estar volviendo a tener conciencia de que la violencia no se puede usar para esos fines. Mientras en 2019 teníamos algunas encuestas que mostraban que mucha gente parecía estar de acuerdo con el uso de la violencia, esas encuestas hoy día parecen mostrar lo contrario, apuntando más bien a que la gente quiere que la discusión política, incluso las propuestas de cambio que se puedan pensar sobre las instituciones o el funcionamiento del sistema, se hagan por las vías pacíficas. Ahora, eso no agota toda la discusión en torno a lo que vimos en octubre de 2019, porque si bien es un componente relevante esa suerte de glorificación de la violencia, lo cierto es que esos fenómenos no se producen solos ni de la noche a la mañana, sino que reflejan que se ha venido produciendo un cierto cambio en la manera en que las personas ven la realidad o entienden la sociedad y las instituciones. Uno podría decir que para llegar a octubre del 2019 se produjo primero un cierto cambio ideológico en la sociedad.

-¿Y cómo fue ese cambio ideológico?

Resulta relevante pensar sobre ese cambio ideológico porque podría ser un cambio que supusiera más bien abandonar o alejarse de los elementos fundamentales que permitieron la transformación económica e institucional en Chile.

-¿Desde cuándo se venía gestando ese cambio en la sociedad chilena y por cuáles razones?

-Los procesos en que se van a instalando ciertas visiones ideológicas no se producen de golpe, sino que más bien son procesos que se van desarrollando en el tiempo. Tiendo a pensar que uno de los elementos que contribuyó a ese proceso es que aquellas corrientes políticas que podría asociarse con las derechas gradualmente fueron entregando la visión original que habían tenido y moviéndose hacia las visiones más colectivistas, más socialistas, más de izquierda. Hubo, a mi juicio, una suerte de gradual renuncia o rendición ideológica que es parte de la explicación de por qué se llega a octubre del 2019. Esto no solo tiene que ver con lo que algunos han llamado los silencios, es decir, con lo que dejaste de decir, sino también con lo que dijiste, con la manera en la que empezaron a cambiar tu discurso.

«Dejamos de confiar en lo que nos había permitido llegar a la puerta del desarrollo»

-¿En cuáles hechos se pudo apreciar ese cambio de ideología?

-Por ejemplo, en el Informe de Desarrollo Humano del PNUD, de 1998, en el que se empieza a hablar del malestar y a decir que es innegable que en Chile se han producido transformaciones, modernizaciones y avances económicos, pero que hay un malestar en la población. Eso empieza a ser usado inicialmente por las visiones más de izquierda o más colectivistas, como una manera de criticar al modelo. La causa o la responsabilidad de ese malestar sería esta visión que se ha instalado en Chile, esto que se sigue etiquetando desde la izquierda como lo neoliberal. Entonces lo que se tiene es que desde los partidarios de un orden social libre, de una economía libre, no se encargaron suficientemente de decir que los antecedentes del desarrollo de los países asiáticos demuestran que cuando estás cerca del desarrollo se suelen producir fenómenos en los que las personas sienten que la situación es peor de lo que quisieran, y que eso tiene que ver con que no llegan adonde quieren llegar todavía porque falta el último empujón hacia el desarrollo. No se encargaron suficientemente de decir que el malestar no es un rechazo a lo que se ha logrado, a la apertura económica, al mejoramiento de las condiciones de vida, sino que más bien es un reclamo porque no llego adonde quisiera estar. Por lo tanto la pregunta que había que hacerse era si habíamos hecho todo lo posible como sistema institucional para impulsar el desarrollo económico de Chile. En los 90 en Chile se discutía si íbamos a ser desarrollados para el 2010, entonces la pregunta era si estábamos a poco tiempo de lograr eso.

-¿Y nada de eso se hizo?

-No, en lugar de eso, nos empezamos a comprar ese mismo discurso y empezamos a decir que había un problema, que el sistema no funcionaba como queríamos y entonces empezamos a graficar una visión más bien colectivista o socialista. Entonces empezamos a hablar del problema de la desigualdad y los abusos. No estoy diciendo que el tema del abuso no sea jurídicamente relevante de analizar, sino que empezamos a comprar los diagnósticos y las herramientas de una visión distinta, a asumir el punto de vista conceptual que está usando tu adversario. Entonces en lugar de decir que lo que necesitamos es más crecimiento, más apertura, más espacio al desarrollo de las personas y menos regulación; lo que hicimos fue decir que teníamos que aumentar esas restricciones porque tenemos que reducir la desigualdad, velar por la intervención estatal, porque el Estado es el único que mejora las condiciones de vida de las personas. Se nos olvidaron todos los estudios que demuestran que la superación de la pobreza es casi en 75%  responsabilidad del crecimiento económico, antes que de las políticas redistributivas. Se nos olvidó que cuando sobrecargas la regulación, perjudicas a los que vienen avanzando. Dejamos de confiar en lo que nos había permitido llegar a la puerta del desarrollo y en vez de decir, ‘sí, lo que hay que hacer es profundizar en esto para alcanzar esa meta’, empezamos a seguir el otro camino. Por ejemplo, en cuanto al índice de Gini, nos empezamos a preocupar por la distribución de la riqueza, en circunstancia en las que el gran avance que crea el capitalismo en el mundo es que puedes dejar de pelearte por distribuir lo que hay, que más bien es repartir pobreza, y puedes concentrarte en crear riqueza. Ese es un cambio, no solo económico, sino de mentalidad muy importante y eso se nos olvidó.

-¿Se empezó a gobernar en Chile con estas ideas más colectivistas y de izquierda?

-Lo voy a graficar de esta manera. Se dice que cuando Margaret Thatcher ya había dejado de ser primer ministro le preguntaron por sus grandes logros en materia política, y ella respondió: Tony Blair. ¿Pero cómo, si es el adversario? Y ella dijo: sí, porque cuando el adversario tiene que gobernar con nuestras ideas es un triunfo. Es decir, lograste instalar de tal manera tus ideas en la discusión que a tu adversario no le quedó más que utilizar tus ideas, porque sin ellas nadie lo oía. Bueno, se podría decir que una de las grandes victorias de las ideas de la libertad, de las ideas que habían hecho posible la transformación institucional y económica de Chile a partir del año 73 más o menos fueron continuadas por los gobiernos del 90 en adelante. No es que hayan hecho una ruptura radical respecto de esas visiones, tuvieron que ajustarse más o menos a ese marco. Muy distinto a lo que se oía que iban a hacer durante la campaña del ‘No’ o durante la campaña presidencial de 1989. Entonces se podría decir que tuviste una gran victoria porque lograste que incluso tus adversarios tuvieran que subirse a las ideas que habías defendido.

-¿Cuándo se empieza a dar el problema de no defender suficientemente estas ideas?

-Cuando tienes la discusión a finales de los 90, a principios del 2000, en 2008 con la crisis financiera, cuando viene la discusión sobre las ideas, entonces eres tú el que se repliega, el que rinde su posición y empiezas a tomar los discursos del otro. Entonces reniegas de tus ideas y crees que políticamente es más rentable empezar a usar el léxico, las visiones y las aproximaciones de tu adversario; con lo cual lo que habías ganado lo empiezas a perder.

«Que tengas en el país de nuevo preferencia por el orden, vuelve a ser muy importantes para recuperar esa senda que había sido asumida por Chile para alcanzar el desarrollo»

-¿Que la derecha defendiera las ideas ‘incorrectas’ fue lo que sirvió de semilla para que ocurriera el estallido?

-Claro, porque fuiste validando, quitándole la sustentación al modelo. En la crisis del 2008, que fue una crisis financiera grande, cualquiera que sea tu diagnóstico, lo que hiciste fue que ante la crisis, en vez de defender los principios fundamentales que estaban detrás de lo que se había hecho, optaste por tratar de sumarte al discurso de los críticos, con lo cual entregaste todo. Hay una cosa muy curiosa y es que en octubre de 2019 se podía decir que estaba ocurriendo en Chile un asunto muy raro, porque se trata de un país que tiene una transformación económica e institucional muy importantes que lo pusieron al borde del desarrollo, pero que nadie defiende. Todo el mundo renegaba de eso y cuando llegas a ese estado de cosas es mucho más fácil asaltarlo, sobre todo si te has rendido en la discusión de legitimidad.

-¿Después del mandato del Presidente Boric -que viene de un sector que avaló la violencia en el estallido y que planteaba al inicio del mandado la necesidad de refundarlo todo mediante una nueva Constitución- se está dando nuevamente un cambio ideológico en la población?

-Creo que se ha producido un cambio en el sentido del abandono de la violencia como método de acción política, y de recuperación de ciertas ideas muy importantes para el funcionamiento de una sociedad libre, estable y con instituciones sólidas, que tienen que ver, por ejemplo, con la revalorización del mérito individual, con la idea de que el éxito tiene que ver con el esfuerzo de cada persona. Esas cosas son muy importantes y parecían estar tapadas por otras visiones. Si uno mira ciertas encuestas que hacen preguntas de apreciación, parecieran estar recuperándose estas nociones, así como la idea del orden y el progreso, lo cual es bastante llamativo si se piensa que este es un gobierno que partió hablando de que no había que preocuparse del crecimiento, sino de decrecimiento; que el tema era la desigualdad. Recuérdese al Presidente Boric diciendo que Chile iba a ser la tumba del neoliberalismo, que parte de él quería terminar con el capitalismo. Cuando se mira la propuesta de Constitución de la primera Convención, que creo que es una muy buena manera de ver un resumen de las ideas de quienes hoy día nos gobiernan, se tiene una refundación total y un replanteamiento respecto de ideas que en el tiempo demostraron que funcionan mal, que era volver a políticas que se habían probado en Latinoamérica en los 60 y que hicieron mucho daño. Primero se dijo que el modelo neoliberalista era ilegítimo y como habías minado la legitimidad, habías abierto espacio para que la gente se subiera a estas otras ideas. Entonces que tengas en el país de nuevo preferencia por el orden, por el progreso, por la estabilidad, vuelve a ser muy importantes para recuperar esa senda que había sido asumida por Chile para alcanzar el desarrollo y que en algún momento rechazaste. Desde los 70 veníamos trabajando para acercarnos a una cierta meta y se decide cambiar de ruta. Eso no tiene mucho sentido, salvo que se entienda que esa decisión no empezó ahí, sino que venía tejiéndose de a poco en los discursos del movimiento estudiantil del 2011, en los primeros movimientos estudiantiles cuando los estudiantes empezaron a aplicar violencia y la gente no dijo nada, después cuando el movimiento estudiantil dijo que no podía haber ninguna actividad que tuviera lucro, que estuviera asociada a derechos sociales.

-¿Qué tendría que hacer un eventual nuevo gobierno de derecha para no contentarse con que haya ahora un rechazo a la violencia, sino una verdadera vuelta a esa ideología que llevó a Chile a ser lo que era?

-El primer gran desafío que se enfrenta hoy día es entender que para empezar a resolver los problemas de Chile lo que lo que tienes que hacer es lograr que las ideas que hoy día gobiernan Chile, no sigan gobernando. Se necesitas un cambio de las ideas que gobiernan en Chile, y eso en política se hace ganando una elección de manera de cambiar a las personas que gobiernan y que entren personas con otras ideas. Actualmente hay ideas que se centran en el decrecimiento, que no creen en que el motor de una sociedad verdaderamente libre son los acuerdos voluntarios entre las personas, que creen que tiene que estar siempre el Estado y los entes colectivos diciéndole a la gente cómo tienen que hacer las cosas. Mientras no retires esa sobrerregulación, mientras no vuelvas a abrir espacio a la libertad, a la creatividad, al mérito individual y a la responsabilidad individual, no vas a lograr que Chile vuelva a encarrilarse hacia la meta.

-¿Qué más tendría que hacer un nuevo gobierno para evitar que se repita un estallido?

-Probablemente ese nuevo gobierno va a enfrentar un periodo inicial en el que tienen que resolver las crisis más urgentes que tiene el país. La gente siente que hay crisis graves que tienen que ver con el problema de delincuencia, la inseguridad y el problema económico. Tienes que concentrarte en resolver eso de verdad, porque es una manera de demostrar cuáles son los principios que están detrás, demostrar que te preocupan las personas y por eso quieres trabajar en resolver esos problemas graves que las afectan. Tienes que recuperar la garantía del orden y del cumplimiento de las normas, y tienes que volver a demostrar que hay una base de principios detrás que tienen que ver con la primacía de la persona y la libertad. Tienes que recuperar una cierta lógica de cómo planteas las cosas. Es una combinación entre lo que haces, cómo demuestras que eso que estás haciendo grafica tu preocupación por las personas y además cómo vuelves a recentrarte en los principios que permitieron que Chile estuviera donde llegó y que exista lo que todavía queda. No se trata solo de romper con las lógicas refundacionales, sino que decir:  ‘rompo con las lógicas refundacionales porque creo que hay algo valioso que rescatar en términos de principios, de orientaciones básicas, de lo que se hizo’. Todo esto es importante porque esto no se va a resolver en un par de años. La vuelta que nos dimos fue larga y dañó al país en muchos sentidos.

-¿Y cómo se puede hacer para que en ese intermedio no haya un nuevo estallido?

-Una primera cosa es dejar en claro que el compromiso fundamental de todos tiene que ser el respeto del orden institucional. Estas lógicas que se han dado de que algunos garantizan más la paz social es gravísimo, porque lo que se tiene que decir es que lo que garantiza la paz social es la existencia de un orden institucional y el compromiso de todos de respetarlo. Cuando se dan señales en el sentido de que eso no es así, entonces es cuando la gente empieza a preguntarse por qué lo tienen que respetar ellos, y además vuelves a entregar la lógica. Esa pregunta es la que no corresponde, porque se supone que en un sistema en el que hay un orden institucional y un Estado de Derecho, todos garantizamos la paz social, todos tenemos la misma obligación de garantizarla porque tenemos el deber de respetar el orden institucional. Luego, lo que se tiene que notar es que las prioridades de la autoridad están vinculadas a las realidades de las personas. La política también tiene que recuperar la capacidad de hablarle al país con sinceridad y decirle ‘aquí es donde estamos’. Lo fundamental es poder decirle al país cuál es el nivel del problema y que para superarlo hay que hacer determinadas cosas. Se necesitan varios gobiernos sucesivos que se dediquen a la misma tarea y explicarle a la gente por qué es mejor esa receta que la otra, pero no solo técnicamente, sino que además no se puede rendir en cuanto a las ideas de la legitimidad y los principios en los que está sostenida.

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3 Comments

  1. Clarísimo diagnóstico.
    Me permito intentar traducir esto y ponerlo más en concreto, en un resumen cronológico, de este extenso pero muy certero artículo:

    1° Hubo parte de RN que se fue izquierdizando, ya sea por convencimiento o por rechazo a la UDI.

    2° En el poder legislativo, y en toda la clase política, la derecha no tuvo el temple ni la capacidad intelectual para defender sus ideas, y se unió a la izquierda para ir erosionando todo lo bueno que recibió en herencia. Hubiera bastado para evitar esto, un solo líder con el carisma, el temple y la capacidad de Jaime Guzmán, o de Onofre Jarpa, poniendo dos ejemplos muy diferentes entre sí; pero con las características adecuadas. Pero no lo tuvimos.

    3° Tenemos una Universidad en la que estudian hijos de padres de derecha, que, repententinamente, se enorgulleció a ultranza de no ser conservadora, al punto que despidió hace años atrás a los profesores que consideró más de derecha.

    4° Apareció Evópoli, que al igual que Ciudadanos en España, desconoció los logros obtenidos por las ideas de derecha, y que fueron implementados a regañadientes por la izquierda. Es el símbolo de una derecha que se avergüenza de su posición y de sus ideas, y que es capaz de disociar valores y virtudes, de economía, crecimiento y justicia. Nunca entendieron que los segundos son imposibles sin los primeros.

    5° Desde Evópoli hasta la UDI, por falta de un líder carismático, terminaron comprometiéndose con este absurdo revisionismo.

    6° Tuvimos un presidente que dos veces fue elegido con votos de derecha, y gobernó con las ideas de la izquierda, y de Evópoli…

    Y se desató la tragedia.

    Necesitamos más Margaret Thatcher, y menos Erika Olivera; más Ronald Reagan, y menos Hernán Larraín M. Más USS, UDD y UANDES, y menos UAI.
    Y eso para que todos los chilenos, incluso los Olivera, los Larraín y los Briones, tengamos un mejor país.

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