Publicado el 24 octubre, 2020

Germán Concha sobre el plebiscito: “Si se gana 90-10 la tentación de caer en el maximalismo y desconocer a la minoría es muy fuerte”

Autor:

Pilar Molina

El abogado constitucionalista y docente de la Universidad Católica plantea que un resultado más estrecho ayudará a las posturas más moderadas. En ese escenario “se tiene que reconocer que al frente hay una cantidad de personas que piensa distinto”, sostiene. Sobre el mecanismo, señala: “Existe el riesgo de que la convención se convierta en un imán y termine por anular al Congreso”.

 

 

 

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Pilar Molina

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“Si ganas 90-10 la tentación de caer en el maximalismo y desconocer al 10 es mucho mas fuerte que si ganas 55-45”. Con este ejemplo el constitucionalista Germán Concha explica por qué considera que es conveniente que la votación de mañana sea más estrecha. “En un país como Chile, hoy día donde el maximalismo está muy fuerte, la única manera de frenar al maximalista en democracia es ponerle votos al frente”.

Así lo planteó en conversación con la periodista Pilar Molina, en Mirada Líbero en Agricultura.

-Muchos tienen la esperanza o piensan que no hay otro modo de resolver la actual crisis política que no sea a través de una nueva Constitución. ¿Normalmente tener una nueva Constitución sirve para descomprimir?

-Es una pregunta súper compleja de resolver en una sola frase porque tiene que ver con la realidad del país, pero también tiene que ver con la manera en que se enfrentan los procesos. En Chile pasó una cosa muy grave a partir del 18 de octubre, que fue que nos acostumbramos a validar los procesos de violencia. El 19 y 20 de octubre del año pasado, en vez de sentarnos a decir “esto no puede ser”, tú no puedes tener una discusión institucional o política que empiece a partir de actos que uno podría calificar de terrorismo. En vez de eso nos pusimos a discutir qué se cambiaba. Y el 12 de noviembre hay una declaración que suscriben partidos políticos desde la DC hasta el PC en que en el fondo dicen que el proceso constituyente ya se inició y lo dirige la calle. Eso es sencillamente renunciar al sistema institucional.

La paz tendría que haberse producido a partir del día siguiente del acuerdo (…). En los últimos meses hemos coqueteado demasiado con la violencia. Hemos buscado demasiadas explicaciones, hemos sido demasiado laxos”.

-La prueba de la blancura a partir del día lunes debiera ser que hubiera más paz y una condena unánime a la violencia, cuestión que hasta ahora ha sido imposible…

-La prueba de la blancura, a mi juicio, era al día siguiente en que se suscribió el acuerdo, porque si ese acuerdo era para conseguir paz, la paz tendría que haberse producido a partir del día siguiente del acuerdo, y la verdad es que la paz la tuvimos gracias a la pandemia, no porque el acuerdo produjera ese efecto. Si en cuánto se empezó a abrir las comunas empezamos a tener hechos de violencia de nuevo. Basta pensar lo que pasó el domingo pasado… esa prueba de la blancura lamentablemente no se ha cumplido.

-¿Y usted piensa que hoy entonces los que supuestamente manejan la violencia, o de alguna manera la usan a favor de sus posturas políticas, por ejemplo, para imponer un plebiscito, ¿no la están manejando?

-No sé si la palabra está bien usada, pero creo que en los últimos meses hemos coqueteado demasiado con la violencia. Hemos buscado demasiadas explicaciones, hemos sido demasiado laxos.

-Relativizado, como decía Carlos Peña. Hemos encontrado todo tipo de teorías para relativizar la violencia…

-Exactamente, esa tesis que supone equiparar cualquier tipo de injusticia o cualquier cosa que me parece injusta con violencia, es llegar a tesis como la de Fanon, pero si nos vamos para allá todo el sistema institucional se cae. Si yo admito eso, entonces no admito la democracia, y a la larga no admito el Estado de Derecho, es muy peligroso. Y en esto creo que el coqueteo es muy peligroso, porque das un espacio que no puedes permitir. El sistema tiene que ser capaz de decir “aquí la condición basal de la democracia es que nosotros, todos, renunciamos al uso de la fuerza. Todos”. Y por tanto, más allá de nuestras opiniones, más allá de lo que nos parezca correcto o incorrecto, admitimos que vamos a resolver esto con un proceso que funcione de forma pacífica. Declaraciones como que la reforma hay que hacerla por las buenas o por las malas, declaraciones como que se puede instalar un parlamentarismo de facto, o que hay que saltarse la Constitución porque no sé qué, son muy peligrosas, porque te rompen la base de la convivencia democrática. Y aquí tiene que haber un bloqueo a la violencia. O esto es institucional o no es.

Son 30 años en que fuimos capaces de ponernos de acuerdo, más allá de nuestras diferencias (…) ahora te dicen que tienes que estar avergonzado de eso, lo que me parece políticamente muy grave”.

-¿Qué puede ganar Chile Vamos, que va dividido en este plebiscito? Tanto en la primera pregunta del Rechazo y el Apruebo como en la segunda sobre el mecanismo. ¿Qué posibilidades tiene de quedar bien parado en estas circunstancias?

-Eso es bastante más complejo, es política pura. Creo que hay un trasfondo en la pregunta del Rechazo, y el trasfondo más importante está en una frase que se oyó en los días de los disturbios, esto de “no son 30 pesos son 30 años”… Ok, si vamos a discutir el proceso 89-2019, porque eso pareciera ser lo que está en discusión, entonces uno podría largamente dar cifras para demostrar que probablemente son los 30 mejores años en la historia de Chile. Y hay un tema todavía más importante que tiene que ver con los principios. Son 30 años en que fuimos capaces de ponernos de acuerdo, más allá de nuestras diferencias, trabajar juntos por un mejor país, y eso generó los resultados. Entonces, si ahora te dicen que tienes que estar avergonzado de eso, eso me parece que es políticamente muy grave. Si aquí uno debiera estar orgulloso de esos 30 años, todos los que participaron de alguna manera y todos los chilenos debiéramos estar orgullosos, porque es un esfuerzo muy grande para hacer la salida de un gobierno militar por instituciones. Y después el trabajo durante 30 años para consolidar la democracia y para mejorar las condiciones de vida.

Quienes hicieron el esfuerzo por construir un país mejor, y lo hicieron en el marco democrático, son los primeros que tendrían que decir que no van a renegar de esos 30 años”.

-Pero hay muchos que van a votar Apruebo y sí están de acuerdo con que los 30 años son los mejores años de la historia de Chile. No necesariamente son todos autoflagelantes los del Apruebo. De hecho, mucha gente de derecha va a votar Apruebo.

-Está bien, pero a mí me parece que hay un subtexto, cada uno puede votar lo que quiere, es parte de la democracia. Pero hay un subtexto en la pregunta que es muy importante, porque en política las cosas y las instituciones tienen símbolos, entonces esa frase del “no son 30 pesos, son 30 años”, es muy grave, porque lo que te está planteando son temas de maximalismo, lo que te está diciendo es que la Constitución debió haber sido distinta, ¿distinta como?, ¿qué es lo que habría que haber hecho que no se hizo?, ¿tener paredón, usar violencia?, ¿ese es el problema con estos 30 años? Entonces creo que quienes hicieron el esfuerzo por construir un país mejor, y lo hicieron en el marco democrático, son los primeros que tendrían que decir que no van a renegar de esos 30 años, porque son muy importantes para la historia de Chile y para la construcción de la democracia.Hay un tema de una lógica de ocupar la ética de la responsabilidad, de decir que este país tiene que subsistir más allá de nosotros, y tiene que estar bien para las generaciones futuras. Si trabajaste 30 años para eso no veo por qué hoy habría que avergonzarse o decir qué fue malo… ¿dónde está lo malo?

-Pero vamos derecho a un triunfo del Apruebo, según todas las encuestas, ¿usted tiene alguna duda?, ¿y qué podría matizar ese triunfo? ¿El que hubiera una alta abstención por ejemplo, podría matizar ese triunfo?

-En términos de encuestas no soy experto, pero hay un tema que se trabajó respecto de los resultados del Brexit, de la elección en Estados Unidos en 2016, y el plebiscito en Colombia, que es lo que se ha llamado “espiral del silencio”, que es distinto del voto oculto, porque es gente que no solo no te dice en qué va a votar, sino que no participa en las encuestas voluntariamente, por tanto se autoexcluye, porque siente una presión ambiente de lo políticamente correcto, y por lo tanto, afecta la encuesta en el sentido que no la contesta. Y eso tiene que ver con un sector más que con otro. Eso podría hacer y es una de las explicaciones que se ha tratado de buscar para tratar de explicar porqué las encuestas se equivocaron tanto. Si eso pasa, puede pasar en el sentido más extremo, que el resultado sea distinto, si tú miras todas las encuestas parece que no hay posibilidad de que eso sea así, pero al menos que el resultado sea más estrecho, que la distancia no sea tan grande. Y en la distancia creo que hay un tema de las cifras relativas que es muy importante.

Creo que el plebiscito del 88 en Chile, más allá de quién ganó y quién perdió, tuvo una gran virtud, que es la distancia entre el Sí y el No, porque esa distancia fue suficientemente clara como para que nadie pretendiera recontar o discutir el resultado, porque el país estaba tenso, y por lo tanto proceder o procesar un recuento habría sido muy complejo, pero a la vez fue lo suficientemente estrecha, en el sentido de que el que ganó sabía que al frente tenía 40 puntos. Cuando sabes que al frente tienes 40 puntos la lógica maximalista de “quiero barrer con los demás” no puede ser. En términos estrictos no puede ser nunca, pero si ganas 90-10 la tentación de caer en el maximalismo y desconocer al 10 es mucho más fuerte que si gana 55-45.

La única manera de frenar al maximalista en democracia es ponerle votos al frente”.

-O sea habría un proceso constituyente probablemente más moderado si hay menor distancia entre el Apruebo y el Rechazo.

-Claro, si la distancia es 10 puntos, por decir algo, tienes un proceso que naturalmente tiende a moderarse, porque naturalmente tienes que reconocer que al frente hay una cantidad de personas que piensan distinto, y tienes que hacerte cargo… Insisto, la lógica de la democracia y de cualquier Estado de Derecho es que siempre tienes que respetar a los que piensen distinto, aunque sean pocos. Pero evidentemente en un país como Chile, hoy día donde el maximalismo está muy fuerte, la única manera de frenar al maximalista en democracia es ponerle votos al frente.

-Los parlamentarios que eventualmente integren una Convención Mixta van a poder reelegirse en noviembre del próximo año como parlamentarios, lo cual hace temer que asuman posiciones populistas dentro de la Convención Mixta, ¿qué tan efectivo es eso?

-Creo que la prohibición de la reelección en el fondo, tiene que ver con características más asociadas al rol del poder Ejecutivo que al del Legislativo, por eso que en general internacionalmente los Parlamentos son reelegibles, el parlamentario se puede reelegir. Tu estás poniendo una situación excepcional, que ese parlamentario en el fondo está haciendo dos roles, está siendo parlamentario por un lado, y a la vez está participando en una institución extraña que es esta Convención paralela al Congreso…  porque la verdad es que el Congreso siempre ha tenido atribuciones constituyentes, si aquí hay como una trampa semántica, que es decir “mira, si no tuviéramos este proceso no habríamos podido reformar la Constitución”, pero si la Constitución se ha podido reformar siempre. Lo que pasa es que quizás no se había tenido los quórum antes, pero ese es otro problema, no es que la Constitución no se pudiera reformar.

Siempre existe el riesgo de que la Convención Constituyente se convierta en una especie de imán que atraiga a toda la discusión política del país, y que termine por anular al Congreso incluso, si se lleva al extremo”.

-¿O sea usted piensa que no se van a poner más populistas los parlamentarios que eventualmente integraran una Convención Mixta?

-No no, yo creo que ese riesgo siempre existe, porque siempre existe el riesgo de que la Convención Constituyente se convierta en una especie de imán que atraiga a toda la discusión política del país, y que termine por anular al Congreso incluso, si se lleva al extremo. Por eso que es tan importante que institucionalmente si vamos por este camino se garantice que la convención se dedique solo a los temas constitucionales, no se meta con la política del día a día, que se separen las cosas. El peor ejemplo es que nos pase lo que le pasó a Venezuela, donde la Convención Constituyente terminó reemplazando a los demás poderes y terminó siendo el único poder relevante.

-Pero aquí el reglamento estableció que no lo puede hacer, quienes sean elegidos en la Convención Constituyente no pueden atribuirse la soberanía, por ejemplo, para cerrar el Congreso…

-Por ejemplo, o para instalarse desde ya en reemplazo de los demás poderes. Por eso es muy importante el resultado en términos de equilibrio. Porque insisto, todos esos fenómenos se producen cuando lo que campea es el maximalismo, si logras frenar eso, tiendes a generar un mecanismo que es más razonable, tiende a salir más responsabilidad que locura, por decirlo en términos simples.

-Hay mucho análisis económicos, considerando que el proceso constituyente evidentemente va a aumentar la incertidumbre en un horizonte a dos años, lo cual perjudica la inversión.  Algunos dicen que se reduce el peligro por el requisito de los 2/3. ¿Usted ve que es así? Porque hay toda una discusión, que va a operar más bien el bloqueo ¿Qué cree usted que va a originar las dificultades, la falta de dos tercios o el bloqueo para impedir que la nueva Constitución tenga las bases de la actual?

-Creo que lo más complejo es la falta de regla de default, es decir, el que no hay nada si no nos ponemos de acuerdo en algo, porque cuando se reforma una Constitución, una norma, lo que sea, se sabe que si no nos ponemos de acuerdo en reformar se queda lo que está. Por lo tanto, el peso de la prueba, es decir, la obligación de demostrar que lo que quieres cambiar es mejor que lo que hay, es de quien propone el cambio. Y por lo tanto, quien propone el cambio tiene que demostrar que lo que propone es mejor, comparado con lo que hay, y obtener un quórum para cambiarlo. Ese sería un proceso de reforma normal. En este caso, como lo que se aprobó es un sistema con hoja en blanco y por lo tanto sin regla en caso de que no haya acuerdo, quiere decir que si no obtienes los 2/3 para una norma, esa norma no entra a la Constitución, no es que haya algo, es que no hay nada en ese punto. Entonces tú podrías no tener 2/3 para ciertos elementos fundamentales del derecho a propiedad, no podrías tener 2/3 por ejemplo para la autonomía del Banco Central, para ciertos elementos del Tribunal Constitucional, etc… ¿Y dónde quedarían esas cosas? En ley simple. Por lo tanto, el efecto práctico de esto es que puedes estar cambiando un quórum de 2/3, que es el que garantiza la Constitución hoy, por un quórum de mayorías, porque entonces, como no entraría en la Constitución, bastaría con tener mayoría en el Congreso para modificar eso por ley, ese ese el peligro más grande.

-El Frente Amplio ha sido claro en eso, que ellos pretenden cambiar el modelo a través de leyes simples en el próximo gobierno, porque estas cuestiones esenciales que afirman el actual modelo no van a quedar en la nueva Constitución, y a través de leyes simples se cambian después…

-Exactamente, eso ya lo han dicho varios parlamentarios, hay un par de intervenciones de Fernando Atria en el que dice algo parecido. Por eso, lo que cambia es que hoy día necesitas 2/3 para modificar la norma constitucional, y en cambio lo que harías ahora sería, como eventualmente no alcanzan los 2/3 para incorporar el principio, ese principio básico no queda en la Constitución ¿y entonces qué es lo que te queda? La norma legal que aplica o que complementa. Pero esa norma legal se modifica por quórum simple, entonces si tienes mayoría puedes cambiar todo eso, porque retiraste la garantía que está en la Constitución. No por la vía de no retirarla si no por la vía de no incorporarla.

-No van a quedar porque no va a haber acuerdos sobre estas normas para incorporarlas a la nueva constitución

-A menos que tengas una lógica más moderada, negocies, haya más disposición a ir reconociendo lo que ha sido positivo en el pasado y, por lo tanto, vayas armando una cosa más moderada y menos extrema en sus posiciones.

-¿Y qué tendría que pasar para que haya un ánimo más constructivo y no de veto en el proceso constituyente?

-Insisto que lo que podría ayudar mucho son los resultados electorales en el sentido de que las diferencias no sean tan aguzadas, de manera que tengas la obligación de reconocer, aunque le duela o le molesta a algunos, que no tienes toda la razón, porque nadie la tiene, porque nadie es Dios, y por lo tanto, los seres humanos tenemos que sentarnos a conversar y tratar de llegar a acuerdos, y que en el fondo los propios resultados electorales te obliguen a reconocer que estos últimos 30 años no fueron un desastre, sino todo lo contrario, y puedas recuperar esa lógica.

-¿Usted ve viable que los independientes tengan una participación importante como constituyentes?

-Lo que pasa es que los sistemas electorales siempre tienen el problema de que tienden a favorecer, porque es imposible que sea de una manera distinta, a los grupos consolidados, creo que aquí hay un gran desafío de los propios partidos de salir a buscar de verdad independientes e incorporarlos en sus nóminas.

Chile en algún momento se tiene que sentar a discutir hasta qué punto los problemas que hemos tenido desde el año pasado están asociados en algún porcentaje a haber cambiado el sistema electoral por uno proporcional”.

-¿En sus propias listas, en vez que compitan como independientes desfavorecidos, que compitan dentro de sus cupos?

-O que armen alianzas o coaliciones que los recojan, que les den ese espacio, si no puedes terminar donde mismo. Más allá de las distintas opiniones que uno tenga sobre los sistemas electorales, yo creo que Chile en algún momento se tiene que sentar a discutir hasta qué punto los problemas que hemos tenido desde el año pasado hasta acá, de falta de gobernabilidad y el mismo coqueteo con la violencia, están asociados en algún porcentaje a haber cambiado el sistema electoral por uno proporcional. Y evidentemente genera más inestabilidad, permite que salgan electos personas con muy pocos votos. Nosotros debiéramos habernos mantenido en la lógica de un sistema mayoritario, si la gracia de un sistema mayoritaria es esa.

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