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Publicado el 07 de septiembre, 2019

Expertos coinciden en el rol de las Reformas de 1989 para consolidar la democracia y advierten sobre el fin de los acuerdos

Autor:

Bastián Garcés

En el marco de los 30 años de las modificaciones a la Constitución de 1980, sus protagonistas recordaron la importancia del acuerdo entre el gobierno militar, la oposición de entonces y Renovación Nacional. «Apostábamos a que el tiempo nos iba a dar la razón y que las ideas democráticas se iban a imponer más allá de los límites que este propio proceso tenía», recordó José Antonio Viera-Gallo. Por su parte, José Luis Cea advirtió sobre el «síndrome de los 40 años» y cómo las tensiones han aumentado, lo que se vio en la «entronización de la Nueva Mayoría que reemplazó a la Concertación».

Autor:

Bastián Garcés

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El 30 de julio de 1989 más de 7 millones de chilenos se dirigieron por segunda vez a las urnas en menos de un año. Se trató del plebiscito para aprobar o rechazar las 54 reformas a la Constitución de 1980 que la oposición pactó con Renovación Nacional y el gobierno militar, modificaciones que fueron aprobadas por el 91,25% de los votos válidamente emitidos.

A 30 años de la aprobación de los cambios constitucionales, los protagonistas del hecho se reunieron en la facultad de Derecho de la Universidad Católica para revisitar el hecho que permitió profundizar el triunfo del No que ocurrió el 5 de octubre de 1988. El ex ministro de la Concertación, José Antonio Viera-Gallo, el periodista Ascanio Cavallo y el abogado constitucionalista José Luis Cea, fueron los encargados de comentar la importancia de dicho plebiscito y las condiciones en las que se desarrolló. Moderó Claudio Alvarado, profesor de Derecho; y las conclusiones estuvieron a cargo de Germán Concha, abogado constitucionalista.

«Cocientes de que hoy enfrentamos una pérdida de legitimidad en las instituciones políticas y un debilitamiento de la democracia como mecanismo de solución pacífica de nuestras diferencias, me aventuro en afirmar que todo el proceso que rodeó la reforma nos puede dejar una gran lección», afirmó en la apertura del seminario El otro plebiscito: 30 años después de la Reforma Constitucional de 1989, la docente de la UC Cecilia Rosales.

La negociación entre el gobierno y la oposición para modificar la Carta Magna no podría haberse logrado sin el plebiscito de 1988. Sobre este punto, Cavallo planteó que el triunfo del No significó «la derrota no de una fuerza política sino de dos que estaban presentes en el mapa nacional. Una de ellas era Pinochet y su régimen, y la otra era la vía revolucionaria que en cierto modo se había planteado durante la época de las protestas y que tenía su salida natural en un proceso insurreccional».

Ambas consultas, tanto la del ’88 como la del ’89, para el periodista, demostraron que la opción de la vía subversiva era «muy minoritaria, no tenía arraigo social y, sobre todo, atentaba contra un propósito que era predominante en la sociedad en ese momento, que era terminar un largo período de confrontaciones y acercarse a un cierto estatus de paz social». Sin embargo, la derrota de ambas fuerzas política no evitó que las negociaciones entre el gobierno y la Concertación de Partidos por la Democracia estuviera libre de escollos.

«El régimen estaba dividido, no tenía consenso sobre lo que tenía que hacer en el siguiente año antes de la elección, había el temor no menor de que Pinochet quisiera ser candidato en las elecciones que venían», afirmó el periodista quien además explicó que en el sector duro del pinochetismo «había un grupo intelectual y políticamente importante que estaba por no entregar el poder«, el cual buscó influir para plantear la tesis de que si se reformaba la Constitución se iba producir una especie de avalancha de «venganza sobre los militares».

Una idea que fue complementada por el abogado constitucionalista José Luis Cea quien agregó que «el segundo plebiscito fue resultado de un proceso dificilísimo, obstruido por la rigidez de los que se llamaban ‘duros’, encabezados por el mismo Pinochet rechazaban cualquier entendimiento con sus contrarios para cambiar la Constitución».

Aunque la dictadura militar no era la única fuerza que se encontraba tensionada en esos momentos, Cavallo en ese sentido recordó que la discusión interna en la Concertación persistió hasta pocas semanas antes del plebiscito. «Había un sector nada irrelevante encabezado por Ricardo Lagos que decía que las reformas eran muy mínimas, que parte del aparato institucional se mantenía igual». Dicha corriente apuntaba a que la introducción de los senadores designados y otras modificaciones al Tribunal Constitucional, el Consejo de Seguridad Nacional y la Contraloría «formaban una especie de candado dejado por Pinochet», mientras que otro grupo liderado por Patricio Aylwin estaba convencido que las reformas abrían paso a una democracia, todavía limitada, pero que podía seguir avanzando progresivamente con el objetivo primordial de recuperar la paz social.

Al respecto uno de los integrantes del equipo de la oposición que negoció fue José Antonio Viera-Gallo, para quien las modificaciones a la Carta Magna fueron «un puntapié inicial de un partido de fútbol». El ex ministro de la Concertación además agregó: «Nosotros apostábamos a que el tiempo nos iba a dar la razón y que las ideas democráticas se iban a imponer más allá de los límites que este propio proceso tenía».

La importancia de los acuerdos

Sin embargo, recordar y explicar las condiciones en las que se produjeron los cambios constitucionales no fue el único tópico que se abordó en la jornada. Los panelistas también hablaron acerca de las lecciones que dejó el plebiscito de 1989. «La reforma fue el resultado del esfuerzo conjunto y generoso de líderes políticos que se encontraban enfrentados antagónicamente», afirmó la abogada Cecilia Rosales.

Mientras que Cea, apuntó a que «estamos viviendo lo que eufemísticamente podríamos llamar la necesidad de pensar en un ‘tercer referéndum’ para resolver la multitud de problemas graves, muchas veces impensados e impensables, por los que estamos pasando en este cambio de época».

En esa línea el constitucionalista postuló que si acaso se estará entrando al síndrome de los 40 años, tesis sobre la que explicó se trata de que «en la política no logramos vencer ese lapsus de cuatro décadas sin precipitarnos a las crisis, primero las ideas y después en proyectos para terminar en vías de hecho, da la sensación como que estamos agotando la vía pacífica».

Algo que para Cea habría comenzado en 2011, cuando «muchísimos ciudadanos comenzaron a vivir tensiones en un constante crecimiento, indicativo de la entronización de la Nueva Mayoría que reemplazó a la Concertación con lo que se denominó una división entre autoflagelantes y autocomplacientes». Sobre el primer grupo indicó que «comenzaron una constante erosión de la legitimidad del esfuerzo que se había hecho con tantos sacrificios desde 1983 en adelante» y aseguró que «el conflicto ha cristalizado en variables lamentables que evocan la tesis de los 40 años».

Al respecto, sobre estos cuestionamientos que ex dirigentes de la Nueva Mayoría levantaron contra la Concertación, Viera-Gallo comentó que de la transición no salió una sociedad perfecta o un régimen democrático ideal. «Nada es así en política, los procesos históricos siempre son mucho más complejos y difíciles y van generando sedimentaciones, que decantan en nuevas crisis y así avanzan las sociedades», profundizó el ex ministro.

El dirigente de la Concertación también se refirió a la mirada crítica que realizan las nuevas generaciones a los acuerdos tomados hace 30 años. «Es natural que aspiren a nuevos horizontes, lo que sí importa es que los jóvenes vean que la historia no comienza con ellos, sino que se den cuenta de dónde viene y las dificultades que hubo, lo que puede dar mayor éxito en los procesos que vienen», afirmó Viera-Gallo.

En ese sentido, Cea señaló: «Hay que pensar si acaso somos capaces de construir un consenso como para seguir gobernándonos pacíficamente en los tiempos difíciles que atravesamos, ese es el punto que realmente me preocupa».

Mientras que Concha apuntó que «perdemos la unidad si creemos que la Constitución es el campo de batalla para construir el mundo perfecto que todos queremos, porque eso es maximalismo puro y nunca nos pondremos de acuerdo y votaremos la Constitución cada cierto rato. La Constitución es un acuerdo de ciertos mínimos que nos da las condiciones para poder discutir y resolver los problemas».

 

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