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Publicado el 01 de septiembre, 2018

El pesimista último discurso del antecesor de Bachelet en cargo de DD.HH. de la ONU

Autor:

Mariela Herrera

Zeid Ra’ad Al Hussein terminó ayer su período como Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, rol que hoy asume la ex Presidenta Michelle Bachelet. El príncipe jordano, antes de dejar su labor, escribió una crítica columna sobre el estado de los DD.HH. en el mundo y el rol de los políticos. «Se enfocan en su propia imagen, las vanidades asociadas con el protocolo y la reelección. Demasiado ocupados consigo mismos o temerosos de enfrentarse a los demagogos y a los demás, parecen refugiarse en la seguridad del silencio», señala.

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Mariela Herrera

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De la misma forma que ejerció su cargo por cuatro años, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, deja su puesto: «haciendo ruido» en la comunidad internacional. El último informe que tuvo a cargo es un trabajo crítico al régimen de Daniel Ortega en Nicaragua donde se acusan violaciones a los derechos humanos y abusos en las protestas de este año.  “La represión y las represalias contra los manifestantes prosiguen en Nicaragua, mientras el mundo aparta la vista», dijo el diplomático.

La respuesta en Managua no se hizo esperar: el viernes el gobierno expulsó del país a la misión de la ONU que investigaba el tema.

Pero su mensaje final, Zeid Ra’ad Al Hussein, lo entregó en una columna que publicó el jueves en The Economist. Titulada «Grassroots leaders provide the best hope to a troubled world», el antecesor de Bachelet entrega una pesimista visión del estado de situación de los Derechos Humanos. Critica a los políticos, a las cumbres internacionales «sin significado» y llama a tomar medidas: «Si no cambiamos de rumbo rápidamente, inevitablemente nos toparemos con un incidente en el que se arrojará el primer dominó, desencadenando una secuencia de eventos imparables que marcarán el final de nuestro tiempo en este pequeño planeta».

El diplomático jordano, luego de criticar a personalidades internacionales como Donald Trump, de Estados Uniodos, o Matteo Salvini, de Italia y sus políticas sobre inmigración y «contra los más vulnerables», plantea: «Los líderes autoritarios, o los líderes elegidos que se inclinan por ello, son matones, engañadores, cobardes egoístas».

Pero no excluye de culpas al resto de la comunidad internacional: «Si están creciendo en número es porque (con excepciones) muchos otros políticos son mediocres. Ellos también se enfocan en su propia imagen, las vanidades asociadas con el protocolo y la reelección. Demasiado ocupados consigo mismos o temerosos de enfrentarse a los demagogos y a los demás, parecen refugiarse en la seguridad del silencio».

Junto con lo anterior, comenta las numerosas cumbres y encuentros «sin sentido». Escribe en The Economist: «Carecen de profundidad, pero están llenos de jerga y clichés tediosos que son, en una palabra, sin sentido. Lo que falta es una voluntad sincera de trabajar juntos, aunque todos afirmarán -de nuevo, bajo las luces y ante la cámara- que están totalmente comprometidos a hacerlo. Los sistemas para que los Estados actúen colectivamente en niveles más altos en la búsqueda de soluciones se están descomponiendo. Hay signos de ello en todos los lugares que queremos ver».

«Muchos han perdido la fe en el derecho internacional»

«Ya en otros lugares, muchos han perdido la fe en el derecho internacional y en la arquitectura de seguridad», señala el jordano. Luego, en su texto, enumera distintas situaciones donde las potencias no han actuado. Y entre los lugares con estos conflictos incluye a Venezuela y Nicaragua. Lugares donde el Alto Comisionado de las Naciones Unidas ha criticado abiertamente por las violaciones a los DD.HH.

«El hecho de que Crimea pueda ser capturada por Rusia, un miembro permanente del Consejo de Seguridad, en violación del derecho internacional, también dice mucho sobre las actitudes de las principales potencias. Cuando la población civil y las instalaciones médicas de Siria pueden ser bombardeadas a diario, su gente torturada y hambrienta año tras año, durante siete años, ¿existe alguna ley? Lo mismo podría decirse de Yemen. Y luego está Libia, la República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Afganistán, la República Centroafricana, Malí, Somalia, Burundi, Camerún, Venezuela y Nicaragua», escribe.

En su texto, quien le entrega la posta a Bachelet en su cargo en la ONU, plantea las etapas que se dan antes de que comiencen los conflictos: «El sufrimiento proviene de tres tipos de violaciones de los derechos humanos. Uno es la negación de las libertades fundamentales, como la opinión, la expresión y la reunión pacífica, creando una situación donde la vida y el miedo al estado se vuelven inseparables. Un segundo es la privación de servicios básicos, como las protecciones legales y sociales o los derechos a la educación y la asistencia sanitaria, que a menudo solo confirman el control de las élites políticas sobre otros. Y tercero, alimentando a los dos primeros, discriminación, estructural y profundo, apuntalado por el racismo, el chauvinismo y el fanatismo».

Luego de su análisis, el diplomático destaca que, por lo que ha conocido en sus visitas a países o los trabajos que ha hecho su oficina, existe otros líderes que sí pueden cambiar el sombrío panorama que relata:

«Mi esperanza radica en un conjunto de personas que no son ampliamente conocidas a nivel internacional, pero que son familiares para quienes pertenecen a la comunidad de derechos humanos. A diferencia de los auto promotores, los xenófobos y charlatanes elegidos, estas personas sí tienen coraje. No tienen poder estatal para esconderse: en cambio, dan un paso al frente», subraya.

Y tras nombrar a una serie de líderes de localidades o movimientos en diversas zonas, plantea un deafío: «¿Qué pasaría si este movimiento coordinado y centrado en los derechos humanos tuviera el respaldo de los líderes empresariales?».  Luego de ejemplificar con figuras del mundo de los negocios que se han relacionado con el mundo de los DD.HH., concluye: «Esto nunca se ha hecho antes; pero si lo hiciéramos, podría ofrecer una especie de terapia de choque a esos políticos peligrosos o inútiles que ahora amenazan a la humanidad».

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