Publicado el 26 febrero, 2021

El perfil anticoncertacionista de Nivia Palma, la líder del comando presidencial de Paula Narváez

Autor:

Daniela Bas

“Connotados políticos concertacionistas saben que les sería peligroso participar en una marcha convocada por la ciudadanía; intuyen que no saben lo que quiere de verdad la gente”, escribió Nivia Palma en 2011, en medio de las movilizaciones estudiantiles. La mujer fuerte del comando de la candidata del Partido Socialista, que se ha movido entre esa colectividad y la Izquierda Ciudadana; es parte del mundo autoflagelante; se refiere a “transición pactada”, y es calificada como “disidente” en el sector. Paula Narváez la eligió como su jefa de campaña en una decisión que, cuentan, demuestra fidelidad al bacheletismo y acercamiento al mundo más duro de la izquierda.

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Daniela Bas

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La candidata presidencial del Partido Socialista, Paula Narváez, no solo estableció sus primeros compromisos en materia internacional para su posible gobierno durante esta semana, con marcado sello bacheletista, sino que también definió al equipo político que la acompañará durante esta etapa.

Dentro de los cuatro roles que Narváez designó para componer su grupo más cercano para enfrentar esta elección, Nivia Palma, abogada y ex ministra de Bienes Nacionales durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet, destaca como jefa de campaña. Un rostro, que algunos calificaron como “nuevo”, ya que nunca ha estado en la primera línea de la política, pero desde 1993 ha ostentado cargos públicos (en los gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría). Además, desde los 80 está relacionada con la vida partidista. Desde el mundo socialista señalan que si bien nunca ha sido “cabeza de serie”, es poco lo que tiene de “rostro nuevo” ya que es una política que “siempre ha estado allí durante los últimos años”.

Su vida partidaria comenzó en los 80 en el Partido Socialista, donde perteneció a la “Nueva Izquierda”, lote liderado por Camilo Escalona y al que han adherido la misma Paula Narváez y la ex Presidenta Michelle Bachelet. En el mismo sector estaba su marido, el ex diputado Sergio Aguiló. Hasta que ambos renunciaron a su militancia el 2011 y crearon Izquierda Ciudadana, que desapareció por no cumplir los requisitos, por lo que el 2018 volvieron a las filas del PS.

Desde allí, Palma se ha caracterizado por tener una tendencia marcada hacia la izquierda en el partido y por mantener una crítica a la Concertación, por lo que es ubicada entre los “autoflagelantes” de lo que fue el oficialismo en los 90 y los 2000.

En un blog llamado Memoria y Patrimonio, en el que Nivia Palma escribió entre el 2010 y el 2013, principalmente en contra del primer gobierno del Presidente Sebastián Piñera (2010-2014) y sobre el mundo de la cultura, aprovechó de juzgar a la derecha, izquierda y a la “transición pactada”, en el contexto de la movilización estudiantil que se llevó a cabo durante el 2011.

“La derecha no entiende por qué los estudiantes secundarios hacen huelgas y protestan en las calles si solo meses atrás acordó con la Concertación y aprobó en el Congreso su Reforma Educacional…Peor aún, la Concertación tampoco logra comprender por qué tantos(as) le rechazan cuando muchos años atrás le respaldaron”, escribió Palma en “Unidad: ¿para qué y con quiénes?”.

“Los connotados políticos concertacionistas que escucharon y acogieron el llamado a la Unidad de Piñera, saben que les sería peligroso participar en una marcha convocada por la ciudadanía; intuyen que no saben lo que quiere de verdad ‘la gente’… Solo saben que nada calza, que ya no tienen el control, que pareciera que ya no representan a quienes prometieron representar décadas pasadas”, prosigue en su texto. Califica a las movilizaciones como “un fantasma de rebelión ciudadana que recorre Chile por caminos y redes sociales, que “desea reformular la democracia protegida de la dictadura y de la transición pactada”. “Piñera llama a la unidad para detener la tormenta. Para negociar con la Concertación y defender juntos “lo que tenemos”. Esa Unidad fortalecerá más la tormenta”, sentenciaba.

“Primera línea” en Cultura

Como coordinadora del Fondart, cargo que tuvo entre 1993 y 2002, y luego como directora de la Dirección De Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam) y vicepresidenta del Consejo de Monumentos Nacionales durante el primer gobierno de Bachelet, Palma ha tenido un rol protagónico en el mundo de la cultura y ha sido una dura crítica ante quienes han liderado el ministerio del sector, incluso antes, cuando aún no veía la luz.

En 2012, al comentar una cuenta pública en la que Piñera anunció la creación del Ministerio de la Cultura y el Patrimonio, Palma declaró: “Resulta muy poco creíble una propuesta de creación de un Ministerio por parte de los mismos sectores políticos que en el debate de fines de los años ’90 y comienzos de la década del 2000 rechazaron cualquier posibilidad de este tipo de institucionalidad pública cultural por estimar que el Estado no debía ocuparse y preocuparse del desarrollo cultural del país y que un ministerio significaría un “intervencionismo y dirigismo cultural”.

Desde el 2013 declara que la cultura chilena necesita una nueva Constitución “generada y aprobada por una asamblea constituyente”. En una columna al respecto asegura que para lograr nuevas políticas culturales es fundamental superar la constitución del 80. “En la Constitución política del dictador, aún vigente después de 23 años de recuperada la democracia, se dedica una oración de tres líneas a la cultura”, critica Palma, obviando las reformas realizadas y aceptadas por la misma centroizquierda durante los últimos años.

Durante la misma administración, la actual jefa de campaña de Narváez fue dura con Luciano Cruz-Coke, quien estaba a la cabeza de la cartera de Cultura. Lo calificó como un “ministro incompetente“. “Llegó, al igual que su Presidente Piñera, diciendo que ellos eran eficientes y nos enseñarían cómo debía gobernarse. Pero ahora sabemos que los ‘eficientes’ son ineptos”, fueron las palabras que escribió en su blog.

Con Consuelo Valdés, ministra desde el 2018, no ha sido mejor la relación durante la pandemia. “Hemos visto a una ministra ausente y un Ministerio que no ha estado a la altura y un Gobierno que no ha estado comprometido ni ha empatizado con muchos artistas que están en una situación dramática… Además se han cometido graves errores”, fueron algunas de sus declaraciones al respecto.

Uno de los episodios más polémicos que vivió durante sus “cargos culturales” fue el que la llevó a renunciar al Fondart el 2002 cuando se enfrentó a la entonces ministra de Educación, Mariana Aylwin, por la obra “Prat”, luego de que la Armada criticara la pieza por presumir que degradaba la figura del héroe nacional. “La entonces ministra fue invadida por el temor al debate con la derecha y sectores de la Armada y fue atrapada por la confusión y el miedo; en ese contexto cometió un grave error político al no dimensionar mi compromiso con la democracia y una cultura democrática”, escribió Palma en una columna al respecto.

Lealtad con Michelle Bachelet

Aunque es descrita por fuentes del socialismo como parte del sector más a la izquierda del partido, al tener relación con la Izquierda Cristiana, junto con Aguiló, y con el “escalonismo” o la Nueva Izquierda, aseguran que ese grupo más bien tiene sus lealtades con la figura de la ex Presidenta Bachelet, que sería quien une a Palma con Narváez.

Señalan que el nombramiento tiene que ver con “confianzas personales y políticas dentro del bacheletismo”, ya que ambas fueron ministras durante su administración y han tenido relación con la ex Mandataria desde hace años.

Palma asumió como ministra de Bienes Nacionales en octubre del año 2016, cuando reemplazó a Victor Osorio, miembro también de la Izquierda Ciudadana. A días de asumir, en diversas entrevistas, Palma mostró su admiración por Bachelet. “A la Presidenta le habría dicho que sí a cualquier tarea que me hubiera pedido”, declaró en noviembre de ese año. Al referirse sobre algunas críticas a su nombramiento dijo: “En la Nueva Mayoría no tenemos espacio para darnos el lujo de no apoyar a la Presidenta. Ella ha tenido generosidad enorme para el país y para la Nueva Mayoría, hay que ser leales con esa gran generosidad de ella”.

Quienes han trabajado con Nivia Palma la describen como un fiel reflejo de lo que es el Partido Socialista. Aseguran, de hecho, que su “fidelidad partidista al pensamiento socialista” a veces hace que “pierda el sentido racional constante” que la muestra como alguien “respetuosa, que sabe escuchar y dialogar”.

Sus declaraciones en redes sociales sobre medios de televisión chilenos han sido constantes. De hecho, desde 2020 Nivia Palma es miembro del directorio de TVN, con quienes se comprometió a inhabilitarse de tener contacto personal con el director de prensa y de opinar sobre programas políticos antes de aceptar su cargo como jefa de campaña de Narváez.

Pero antes de “suspender” su rol, Palma se sumó a un grupo de diputados de oposición que enviaron una carta solicitando un pronunciamiento del Consejo Nacional de Televisión y  acusando “falta de pluralismo” tras conocerse un estudio en que Joaquín Lavín, alcalde de Las Condes y candidato presidencial, figurara como el edil con más apariciones en televisión. “Es hora de que el CNTV garantice pluralismo”, publicó Palma en sus redes en esa oportunidad.

Dudas del comando

En el mundo político de la centroizquierda han surgido críticas por las opciones de Narváez para elegir a su círculo de confianza para la campaña presidencial. “Solo Bachelet podía darse el gusto de elegir personas de confianza, por sobre la experiencia”, dicen. En la misma línea sugieren que elegir como jefa de campaña a alguien que nunca ha sido candidata es un riesgo muy grande, “basado solo en amistades y lealtades previas”. Además, cuestionan que sus cercanos, como Palma y el diputado Manuel Monsalve, su encargado político, sean mayoritariamente de la “disidencia”, sin incluir a alguien de la mesa actual del PS. Se comenta que esto podría generar tensiones en la relación con el partido, al darle preferencia a miembros de la izquierda más dura, marcando, así, una impronta en la candidatura de Narváez, “menos Unidad Constituyente y más unidad con las fuerzas que están más a la izquierda”.

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