Publicado el 14 marzo, 2021

El “otro” funeral del General Baquedano

Autor:

Francisca Escalona

El jueves por la noche el monumento del general fue removido para su restauración y para muchos fue un recuerdo de lo ocurrido hace 124 años atrás. Un 30 de septiembre de 1897 falleció a los 74 años, víctima de una enfermedad al corazón. En ese entonces, sus restos fueron velados en la Catedral de Santiago con las máximas autoridades del país. Con homenajes, tambores y un centenar de personas que se agolparon en el templo y en las calles, fue despedido el héroe de la Guerra del Pacífico.

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Francisca Escalona

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El jueves por la noche el monumento de Manuel Baquedano fue removido de sector de Plaza Italia, después de 93 años en el lugar. En la mañana de ese día, militares en retiro asistieron a dejar una ofrenda floral al lugar donde también se encuentran los restos del soldado desconocido. Y pasadas las 23:00 horas, el general y su caballo Diamante fueron trasladados para su restauración. En la ocasión, miembros del Ejército se formaron mientras la figura era retirada.

El acto simbólico de los uniformados para rendir homenaje a su par militar evoca lo ocurrido hace 124 años atrás, en 1897, cuando un 30 de septiembre Manuel Jesús Baquedano González falleció en su domicilio de Amunátegui.

A las 11:30 horas de ese día, el veterano de la Guerra del Pacífico, de 74 años, víctima de una antigua enfermedad al corazón murió tras una larga agonía, pues se lee en escritos que recuerdan el episodio, fue él quien solicitó expresamente que no hubiera junta de médicos que lo tratasen.

Según se puede leer en documentos y reseñas en el sitio web de Academia de Historia Militar, entidad dedicada a estudiar y difundir la historia militar, con énfasis en el Ejército, la noticia del deceso de Baquedano fue rápidamente difundida vía telégrafo.

Se lee en el texto: “Difundida la noticia de su fallecimiento numerosas personas visitaron la casa en cuyo salón se velaban los restos. Entre los presentes se encontraba el Jefe del Estado Mayor, Emilio Kórner y el arzobispo de Santiago, Mariano Casanova”. “Sus restos en el lujoso féretro de caoba, y sobre él su uniforme de parada con su sombrero apuntado, se velaban en el salón con la Guardia de Honor de Cazadores con su viejo estandarte enlutado (…) Lo rodeaba gran número de hermosas e imponentes coronas. El telégrafo transmitió a todo Chile la infausta noticia, lo que provocó al día siguiente que 18 periódicos de todo el país publicaran crónicas y editoriales alusivos a la personalidad del extinto”.

El Presidente de la época, Federico Errázuriz Echaurren, decretó luto nacional durante seis días. Además, los honores fúnebres fueron por cuenta del Estado y el mandatario puso a disposición de la familia la tumba de su padre, sin embargo, los deudos agradecieron el gesto, pero no aceptaron.

De igual forma, el Gobierno, con el propósito de dar mayor solemnidad a los funerales, los aplazó para el domingo 3 de octubre, para realizar el servicio religioso en la Catedral de Santiago. El féretro fue transportado por los ministros del Interior y de Guerra, el Jefe del Estado Mayor, General y el Contraalmirante, junto con políticos renombrados de la época.

Todos los poderes del Estado concurrieron a la ceremonia, mientras en las afueras del templo alrededor de cien mil personas -según datos de la Academia de Historia Militar- se volcaron en las calles al paso del cortejo fúnebre, que recorrió las calles de Moneda, Morandé, Huérfanos y Ahumada, hasta llegar a la Catedral poco antes de las 18:00 horas.

Así lo recordó el periodista y escritor Guillermo Parvex en entrevista con El Líbero: “Baquedano era una persona demasiado querida por el pueblo chileno. Cuando él fallece a su funeral van 150 mil personas, cuando Santiago tenía 300 mil habitantes, o sea la mitad de la población acompañó al General en su funeral, lo que demuestra el cariño y el afecto que le tenían porque era una persona admirada y querida”.

El servicio religioso se realizó con la presencia del Arzobispo Casanova, miembros de los poderes del Estado, representantes del Ejército, la Marina, delegaciones de los Cuerpos de Tropa, las Cortes Suprema y de Apelaciones, y un centenar de civiles “que atestaron el templo”.

Terminada la misa, el ataúd fue trasladado por las autoridades y rociado con agua bendita por el Arzobispo. Luego fue depositado en un armón cubierto con un paño negro y franjas de plata. El cortejo inició la marcha hacia a la Plazuela frente al Cementerio General, donde se detuvo en la puerta y fue conducido a la cripta por ministros y generales.

Luego de 10 discursos de las autoridades presentes, se lee en un texto de la Academia Militar, comenzó la inhumación acompañado por el sonido de los tambores de la banda de guerra de la Escuela Militar y estrepitoso ruido de los cañones que acompañaron al general a comandar del Ejército Expedicionario del Norte en Chorrillos y Miraflores. Así fue despedido -tras 45 años de servicio-, junto con las salvas de ordenanza desde las explanadas del Cerro Blanco, el general de la Guerra del Pacífico.

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