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Publicado el 22 de octubre, 2019

Los «chalecos amarillos» chilenos que protegen sus barrios versus los franceses que se toman las calles

Autor:

Emily Avendaño

Usan el mismo atuendo pero se sitúan en el lado contrario de las barricadas. Los chilenos surgieron espontáneamente el domingo, ante el temor de que los saqueos se intensificaran en sus comunas. No tienen contacto entre sí, pero algunos ya actúan coordinados con las fuerzas de orden y seguridad.

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Emily Avendaño

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Whatsapp ha sido su principal medio de comunicación y, más importante, de coordinación. Son cientos de voluntarios en cada comuna. Se organizan para hacer rondas y autoprotegerse; cargan palos como medios de defensa, pero confían en no tener que utilizarlos. Son, dicen, mecanismos de disuasión. Pero lo más importante, y que se ha convertido en su elemento distintivo durante los últimos días son los “chalecos amarillos”. 

Se les ha visto en San Bernardo, Cerrillos, Puente Alto, La Florida, Macul, y en Matadero Franklin, en Santiago Centro. 

En la villa San Antonio de Tango, en San Bernardo, el detonante para que la comunidad comenzara a organizarse fue el intento de saqueo al mall chino, el mismo día en que ya habían tomado por asalto el Supermercado Mayorista 10. “Los vecinos se percataron y salieron a defender el negocio. Les lanzaron piedras a los hombres y mujeres que intentaban romper la reja. Pudimos evitar que entraran, pero nos amenazaron: dijeron que irían contra nuestras casas, contra los autos y que nos apedrearían a nosotros. Fue entonces cuando decidimos utilizar los chalecos, cuando un vecino dijo, por el grupo de Whatsapp de la comunidad, que los utilizáramos para identificarnos”, relata Ángela, presidenta de la Junta de Vecinos de San Antonio de Tango II. 

En otros casos, según testimonios de vecinos entregados en la televisión, fue un carabinero quien sugirió que usaran los chalecos amarillos para diferenciarse de quienes estaban delinquiendo.

Estuvieron en las calles el domingo, hasta que empezó el patrullaje militar por el toque de queda, y no desisten. Ayer también organizaron, por Whatsapp, los turnos para las rondas. 

Quizás lo único que tengan en común estos grupos de vecinos con el Movimiento de los chalecos amarillos francés (Mouvement des gilets jaunes), además de la indumentaria es que sus primeros llamados se hicieron a través de las redes sociales. Los franceses rechazaban el alza de los precios de los combustibles que debía entrar en vigor el 1 de enero de enero de 2019, y que el Presidente Emmanuel Macron tuvo que revertir luego de tres semanas de violentos disturbios. 

Los chalecos amarillos franceses salieron a la calle por primera vez el 17 de noviembre de 2018. La pieza reflectante, al igual que en Chile, es de uso obligatorio en los autos -como una medida de precaución en situaciones de emergencia en la vía-. Su primera jornada dejó saldo de una muerte, 227 heridos y 73 detenidos, seguido de bloqueos de carreteras, vitrinas rotas, barricadas y automóviles incendiados. 

Los grupos chilenos se proponen lo contrario: parar la destrucción. “La única forma de evitar esto es con los vecinos unidos y no dejar que haya otras personas, que vengan de otros lados, a aprovecharse de la situación. Nosotros estamos de acuerdo en protestar por salud, vivienda, las pensiones, tenemos muchos problemas, pero eso no da pie a que nosotros mismos destruyamos nuestras propias cosas, porque somos nosotros los que nos estamos perjudicando”, argumenta Ángela.

En el balance entregado por el Ministerio del Interior ayer, con respecto a la segunda jornada de toque de queda, el secretario de Estado Andrés Chadwick reportó 350 actos de violencia -siendo los más graves los saqueos e incendios en los supermercados-. En este sentido indicó que contabilizaron 110 saqueos a supermercados y 13 o 14 incendios en estos comercios. Desde que comenzó el Estado de Emergencia, que ya alcanza cinco regiones del país, se contabilizan además 11 fallecidos.  

Desde Puente Alto y Cerrillos: «Lo que vemos es que nuestra presencia funcionó como disuasión”

José trabaja como vigilante privado en un edificio de Las Condes. Vive en Cerrillos y la madrugada del lunes se mantuvo hasta la 1:00 am en la calle haciendo rondas con el resto de las personas de su comunidad. “Siento vergüenza de que se destruya lo que nos ha tomado tanto tiempo construir”. Y a pesar de que esa noche durmió poco, el lunes a primera hora ya se encontraba en su esquina de siempre cumpliendo con su jornada. 

En Cerrillos la comunidad se organizó en el Portal Oeste, aun con toque de queda para “resguardar la seguridad de las casas”. Insistían, pese a los palos que tenían en las manos, en que no querían hacer daño (según lo difundido por la señal de Mega). Se desplegaron en las esquinas para hacer rondas preventivas. “No buscamos generar miedo en los vecinos, solamente seguridad”. 

Una situación similar se vivió en Alto Macul, en La Florida. Allí un hombre arengaba: “No vamos a buscar pelea. Estamos resguardando nuestras casas. No tiremos piedras. No ofusquemos a las personas. Estamos siendo racionales frente a esta gente que es irracional”. 

Una vecina que se unió a estos chalecos amarillos en Puente Alto explicó a El Líbero que en su barrio la comunidad se organizó a través de los grupos de Whatsapp ante el rumor de que los saqueos se harían en las casas particulares. “La gente empezó a salir a las puertas del condominio, mucha gente se juntó, y fue entonces cuando se acordó el uso de los chalecos amarillos para poder diferenciarse. Fue un uso espontáneo, como distintivo. Algunos ya tenían palos, otros los repartieron porque era la única forma de armarse sin que fuese ilegal. Luego se organizaron turnos, y lo que vemos es que efectivamente nuestra presencia funcionó como disuasión”. 

En su caso se trataba de alrededor de 70 personas identificadas con los chalecos, más muchos otros vecinos que se les unieron aunque no tuvieran el distintivo. Calcula que en total unos 200 colaboraron. “Yo creo que la gente no está esperando que lleguen los carabineros. Se autoorganizaron al ver que ellos se encuentran sobrepasados. Así que creo que esto va a continuar, según se vaya necesitando”. 

50 semanas de manifestaciones

La fuerza de los chalecos amarillos franceses se ha ido diluyendo. Su primera convocatoria congregó a 280.000 personas en todo el país. En cambio, cuando retomaron las calles el pasado 7 de septiembre -luego de una pausa por el verano- la convocatoria sumó entre 1.500 (según las autoridades) y 3.000 manifestantes (según los organizadores). 

Una nota reciente de El País de España muestra cuál es el balance tras casi un año de manifestaciones: 474 gendarmes y 1.268 policías había resultado heridos. Entre los chalecos amarillos, el número de heridos se eleva a 2.448. Además, el diario cita un balance del 16 de septiembre del medio online ‘Street Press’ que da cuenta de 3.000 condenas, un tercio de ellas con prisión y por las cuales 440 personas se encuentran en la cárcel.

En un párrafo el diario español describe el que ha sido el accionar del movimiento durante el tiempo en que han operado: “La dureza con los chalecos amarillos se explica en parte por la violencia del movimiento, llamativa incluso en un país acostumbrado a las enfrentamientos en las protestas sociales. El hecho de que las manifestaciones no estuvieran autorizadas, carecieran de itinerario y no hubiera ni servicio del orden ni interlocutores para las autoridades facilitaba el descontrol. En un país donde la tradición revolucionaria está arraigada, esta violencia —escenificada en los barrios ricos de la capital y dirigida en ocasiones a los símbolos del poder político e instituciones del Estado— disfrutaba incluso de un aura romántica, una cierta comprensión en algunos sectores”.

Como respuesta, el Ejecutivo abrió un “Gran debate nacional”, que se extendió desde el 15 de diciembre de 2018 hasta el 1° de marzo de este año.

Ángela, de San Bernardo, rechaza cualquier tipo de manifestación violenta: “Se puede protestar. Se puede salir a manifestar, podemos hacer brazos caídos en los trabajos, pero no hacer daño. No destruir. No podemos tener esta actitud agresiva. El país tiene que ser como un hogar para que las cosas funcionen. Yo tengo mucha rabia por la situación. Se pasó a negro todo. Algo tan bonito que pudo haber sido pasó a otro extremo. Da pena ver a Chile que estaba bien y que ahora esté decayendo por esto”.

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