Publicado el 30 noviembre, 2020

De la Operación Siglo XX al estallido, la “tarea pendiente” del FPMR

Autor:

Emily Avendaño

Más de 30 años han transcurrido desde que 20 hombres y 1 mujer, los llamados fusileros, emboscaron a Augusto Pinochet en la ruta al Cajón del Maipo, pero debido al 18-O y una reciente película, el FPMR pasa por un “revival”. En sus redes sociales llaman a mantenerse en las calles, a que renuncie el Presidente Piñera para terminar su gobierno, que comparan con la dictadura; y algunos de los fusileros asimilan “la lucha” que dieron en los 80 con lo que se vive hoy post estallido.

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Emily Avendaño

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“Las cartas están tiradas. Tiempo de definiciones”. Con este título comienza un manifiesto en la página de Facebook del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, publicado al día siguiente de que se conociera el triunfo del “Apruebo” en el plebiscito constitucional del 25 de octubre. Allí sostienen que “el plebiscito no es una ofrenda del espectro político ni del gobierno asesino de Piñera, sino una conquista social, obtenida con la lucha diaria de estos últimos 372 días”. Y aseguran que el Apruebo es una “expresión de rebeldía” fruto de la lucha callejera que “no cesará”, mientras no estén satisfechas todas sus demandas.

El petitorio lo componen cinco puntos. El primero de ellos es la renuncia del Presidente Sebastián Piñera. Le siguen la instalación de un gobierno de emergencia; activar un plan de emergencia nacional; instalar una asamblea constituyente auto convocada desde los territorios; y la dimisión del Congreso. 

El protagonismo mediático del FPMR se reactivó con el estreno del filme “Matar a Pinochet”, dirigida por Juan Vicente Sabatini; y basada en el libro Los Fusileros (2007), del periodista Juan Cristóbal Peña. Se trata de una historia harto conocida, la de la Operación Siglo XX, que la tarde del 7 de septiembre de 1986 tenía como objetivo el asesinato de Augusto Pinochet.

La emboscada se tejió en la cuesta Las Achupallas, camino al Cajón del Maipo, una ruta que Pinochet recorría cada fin de semana cuando regresaba a Santiago desde su residencia de descanso en El Melocotón.

El líder del gobierno militar resultó ileso, pero fallecieron cinco de sus escoltas y otros tantos quedaron con heridas de diversa consideración. Por el Frente no hubo bajas ni heridos el día de la acción. Más bien se retiraron creyendo que habían logrado su objetivo. 

21 fusileros participaron. Entre ellos una sola mujer, de quien se desconoce su identidad pero no su alias: Fabiola. A ellos se suma en la planificación Cecilia Magni Camino o “comandante Tamara”, encontrada muerta dos años después flotando en el río Tinguiririca. 

Esa misión que comenzó en la década de los 80 para algunos de los fusileros ha tenido su continuación en el estallido que comenzó en octubre de 2019. Lo mismo que para el Frente.

El 17 de octubre -a un año del comienzo de las protestas- publicaron una declaración: “En distintos rincones del país comienzan aparecer la consigna ‘Renuncia Piñera CTM’ un sentir del pueblo masacrado y violentado sistemáticamente desde el mismo golpe de Estado”. Y en otra declaración de ese mismo día subrayan: “La única forma de entrar en un cauce de diálogo y entendimientos reales y con visión de futuro, pasa por la renuncia de Piñera y la instalación de un gobierno provisional”.

Hay una “sensación de tarea pendiente”, también “una autocrítica muy brutal al Chile de la transición” que surge desde la propia izquierda, analiza el sociólogo Max Colodro. El doctor en Filosofía en su nuevo libro “Chile Indócil. Huellas de una confrontación histórica” escribe que en las elecciones presidenciales de enero de 2010 “reaparece el indócil eslabón perdido de nuestra transición: el drama de un país que en los 80 no fue capaz de derrotar a Pinochet”; ya que por primera vez -post gobierno militar- se entrega la Jefatura de Estado a la centroderecha. 

“En el plebiscito del año 88 se derrota a Pinochet y eso permite iniciar la transición, ponerle término formal al régimen militar, pero la verdad es que el hecho de haber tenido que llegar al plebiscito y aceptar las reglas del juego de la dictadura fue, a mi juicio, una tremenda derrota histórica y así lo vivió la centroizquierda. No fue una derrota reconocida formalmente”, ahonda Colodro en entrevista con El Líbero. 

Eso se reactivó con el “estallido social” de octubre de 2019. “Lo que sienten ahora es que tienen una tarea pendiente, una tarea que no concluyó que fue derrotar la institucionalidad del Chile de la dictadura, a su Constitución, a su modelo económico y sienten que ahora, a partir del estallido, tienen la oportunidad de retomar esa senda. Y por eso le ha sido tan seductora a la izquierda la idea que seguimos en dictadura, prácticamente”; y con ello además ha resultado tentadora la idea de pedir que el Gobierno de Sebastián Piñera no llegue a su final a partir de generar “una situación insurreccional”, explicó el sociólogo. 

Para dar fuerza a esta idea de continuidad, parte de los recursos utilizados en la retórica de los manifestantes incluyen los cánticos y las imágenes que comparan al Presidente Sebastián Piñera con Augusto Pinochet, se le llama “dictador” y también se le acusa de violación a los derechos humanos. Y se gritan consignas como “asesino igual que Pinochet”.

Los fusileros y el estallido del 18-O

El Frente Patriótico Manuel Rodríguez surgió en 1983 como parte de la política de la Rebelión Popular de Masas, auspiciada por el Partido Comunista. Sin embargo, tras el fracaso del atentado hubo una ruptura entre el frente y la colectividad. 

Algunos de los de los 21 fusileros intentaron mantener su vínculo con el partido, pero solo uno de ellos mantiene activa su militancia y se ha convertido en un dirigente: el actual concejal de Puente Alto y director del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz (ICAL), César Bunster Ariztía, quien además está a cargo del área de relaciones internacionales del PC. 

“La explosión social que detonó hace un año era una bomba de tiempo. Durante décadas se venían acumulando injusticias, desigualdades y atropellos. Desde la época de la dictadura militar cuando se impuso en nuestro país el sistema neoliberal con toda su arquitectura económica, legal, política, social, cultural y constitucional, el pueblo de Chile ha venido sufriendo las consecuencias de dicho sistema en todos los ámbitos fundamentales de la vida”, dijo en una entrevista concedida al diario del PC, El Siglo, publicada el 17 de octubre. 

Bunster es hijo del ex embajador de Allende en Inglaterra, Álvaro Bunster, y su relación con el PC comenzó en 1976, cuando tenía 18 años y se sumó a las Juventudes Comunistas. Vivió 13 años en el exilio, según relata Peña en Los Fusileros. Regresó al país en 1986, y su rol en el atentado fue el de representar el papel de esposo de Cecilia Magni para poder arrendar los vehículos y la casa en La Obra que le sirvió de cuartel a los frentistas.   

Luego del suceso vivió en la clandestinidad desde 1986 -tenía 28 años- hasta 2004, cuando la Corte de Apelaciones de San Miguel confirmó el sobreseimiento definitivo de la causa por el atentado contra Pinochet y sus escoltas. Luego de reaparecer en la vida pública como César Bunster y no con el pseudónimo de “Enrique Miriel” se reintegró rápidamente al PC, al punto de que en 2008 disputó frente a Manuel José Ossandón (RN) y Jorge Ayala Farías (PS) la alcaldía de Puente Alto. Ganó Ossandón. Cuatro años después, en 2012, Bunster mantuvo su aspiración de optar a un cargo de representación y fue elegido concejal por la misma comuna. Posición en la que se mantiene hasta hoy. 

En paralelo, desde 2014 dirige el ICAL, centro de pensamiento vinculado al PC -tras la partida de Marcos Barraza para asumir como subsecretario de Previsión Social en Bachelet II– y, como encargado de relaciones internacionales del Partido Comunista ha viajado a Venezuela junto a Guillermo Teillier, en un gira que también incluyó Cuba y Nicaragua -en 2014- y participado en encuentros del Foro de Sao Paulo. 

En 2017 el ICAL fue cuestionado al ser una de las entidades que elaboraron informes para parlamentarios con párrafos copiados textuales de Internet. Camila Vallejo -quien lo apoyó en su campaña para concejal- fue una de las diputadas que se vio envuelta en este fraude. “Me fallaron, me hago cargo y decidí terminar el contrato”, declaró entonces. Vallejo habría pagado un total de $7 millones por nueve informes hechos en 2016, de los cuales ocho tienen párrafos plagiados. De acuerdo con las reseñas de la época, en uno de los documentos detectaron 59 de 75 páginas copiadas textualmente de otras webs.

Sobre el estallido social, la postura de Bunster, dicha a El Siglo, es que “hoy, al igual que en época de dictadura, se intenta justificar esa violación sistemática de los derechos humanos, amparada ahora por el gobierno de Piñera, recurriendo a la criminalización del movimiento social y usando el poder prácticamente monopólico de los medios de comunicación para presentar una imagen de vandalismo desatado. Pero, los ya numerosos informes de diversos organismos internacionales especializados concluyen categóricamente que en el Chile de hoy se están violando sistemáticamente los derechos humanos”.

La línea de que lo que ocurre en Chile a partir de octubre de 2019 es una continuación de lo vivido en los 80 la mantiene tambien Héctor Maturana Urzúa. Este fusilero tenía 19 años en 1986. Fue detenido en 1989 y en 1994 recibió pena de extrañamiento. Vivió 20 años en Bélgica y regresó por primera vez a Chile en 2014 tras cumplir el período que le correspondía en el exilio. Sobre el estallido dijo este septiembre en una entrevista“En el proceso histórico que se está viviendo hoy día, te podría decir que las similitudes son aberrantes -con respecto a las luchas sociales de los 80-, siendo que se supone que estamos en democracia. Las muertes en completa impunidad demuestran que la clase dominante no escatima oportunidad para reprimir”.

En ese diálogo también sostiene que tuvo la oportunidad de estar en la llamada “plaza de la dignidad” durante una de las manifestaciones. “El placer y alegría que me da este proceso es que alguna vez, hace 34 años atrás, lo soñamos muchos y ahora se está logrando con un sacrificio de nuevo de nuestra juventud y nuestro querido pueblo de Chile. Mucha gente ha dejado sus ojos y vida en las calles, pero siguen ahí, hay una reiteración de formas de luchas que me llaman mucho la atención”, sostiene.

Maturana fue reclutado por el frente a los 17 años en la parroquia de El Salto. Su hermano mayor Ricardo Campos Urzúa también integraba la organización. En 1986, Juan Moreno Ávila, conocido con el seudónimo de Sacha, lo escoge para participar en la Operación Siglo XX. Después del fracaso escapó a Argentina y luego siguió a Vietnam, para recibir instrucción militar, y pasó un tiempo en Cuba. Regresó a Chile en 1989 y fue detenido tras matar a un carabinero en Talca el 11 de abril de ese mismo año. 

Varios años después ese hecho fue cuestionado duramente -y en repetidas oportunidades- por el actual ministro de Defensa, Mario Desbordes. “Maturana remató en el piso a mi amigo indefenso solo por ser Carabinero. Dejó 1 viuda y un hijo pequeño. Lo tuve que recoger y llevar a su familia”, escribió en su Twitter al darse a conocer su regreso a Chile en 2014. Mismo cuestionamiento que reiteró en 2015 tras el estreno del programa Guerrilleros en Chilevisión, y que también hizo en la Cámara de Diputados el 27 de marzo de 2020. 

Además de César Bunster, el otro fusilero que mantuvo durante un tiempo su relación con el Partido Comunista tras salir de la clandestinidad fue Juan Moreno Ávila, o Sacha, el primero en ser detenido y cuyas torturas lo habrían llevado a delatar a otros frentistas. 

Estuvo preso y escapó el 29 de enero de 1990 de la Cárcel Pública de Santiago, 49 presos se fugaron esa noche por un túnel, varios de ellos frentistas. 

Se mantuvo en la clandestinidad hasta 2006. De acuerdo con las últimas entrevistas que concedió en 2016 y 2017 reside en Los Álamos, en la Provincia de Arauco (Biobío), donde se dedica a la construcción. Allí fue dirigente del PC pero lo dejó al ver cómo la tienda hizo alianza con la Nueva Mayoría y en particular con la Democracia Cristiana. “Es bien complicado estar militando en el partido hoy, porque hay que estar relacionándose con partidos que en el tiempo de la Unidad Popular traicionaron al Presidente Salvador Allende, principalmente la Democracia Cristiana. Estar junto a ellos, también con el Partido Socialista que tiene al diputado Marcelo Schilling, que fue director de ‘La Oficina’, que también es culpable de la muerte de compañeros del Frente, vuelve complicado militar en el partido, es complicado para quien tuvo una militancia honesta y solidaria”, dijo a Diario y Radio Universidad de Chile en 2017.

Frentistas en Europa: España, Bélgica y Francia los destinos 

De los 21 participantes en el atentado contra Pinochet seis de ellos permanecen en Europa. Rodrigo Rodríguez está en España tras obtener la nacionalidad de ese país. A Francia se fueron Jorge Angulo González y Víctor Díaz Caro; y a Bélgica partieron Lenin Peralta Véliz, Héctor Figueroa Gómez, además de Maturana. 

También se fue a Bélgica Juan Órdenes Narváez, quien estuvo preso hasta el 17 de marzo de 1994 y se le conmutó la prisión perpetua por 20 años de extrañamiento; pero murió en el exilio, a los 37 años, el 2 de julio de 2002 en un accidente automovilístico. Viajaba con su banda de música por la frontera entre Bélgica y Francia. 

De todos ellos Rodrigo Rodríguez Otero también ha marcado sus diferencias con el Partido Comunista. En un reportaje para Caras publicado en septiembre de 2016 afirmó: “El Frente siempre fue el hijo bastardo del PC”. Recordó también que durante todo el tiempo que estuvieron preparando el atentado se sentían “remando contra la corriente. Más que ayuda, el PC ponía objeciones: ¿Por qué esto? ¿Por qué esto otro?”.

En la entrevista señaló que nunca supieron qué iba a pasar si efectivamente lograban el objetivo de matar a Pinochet. “No solo no nos explicaron, sino que 30 años después siguen con el secretismo. Por un tema de curiosidad histórica yo quisiera saber cómo tenían pensado seguir luego de que el FPMR hiciera su parte. Porque ya sabemos todos que el 11 de septiembre de 1973 no tenían plan B. ¿Tampoco tenían nada en el caso de que hubiese muerto Pinochet? Nos merecemos saber qué iban a hacer”.


Rodríguez Otero es hijo de la periodista Marcela Otero Lanzarotti. Su adolescencia la vivió en Cuba, al ser expulsado junto a su madre de Chile, cuando tenía 13 años. En la isla también se graduó de ingeniero eléctrico. De allí pasó a Nicaragua y en 1985 entró clandestinamente a Chile, a los 24 años. 

Su apodo era Tarzán y nunca cayó preso por su rol en el FPMR. En 1988, después del asalto al cuartel Los Queñes, salió del país por Argentina y siguió a España. Sin embargo, sí estuvo tras las rejas varias décadas después. El 18 de octubre de 2010, a su llegada al aeropuerto procedente de España, fue detenido al ser confundido con otro frentista al que apodaban Rambo, cuyo nombre real es Alexis Soto Pastrana, quien habría participado en el asesinato del senador Jaime Guzmán. 

Pasó un día en prisión preventiva en la Cárcel de Alta Seguridad (CAS). También fue interrogado por la fuga ocurrida en la CAS en 1996. Al declarar admitió su participación en la Operación Siglo XX -prescrito-, pero negó todo lo demás aduciendo que en 1991 ya vivía en España y que para 1996 obtuvo la nacionalidad de ese país. 

En el reportaje para Caras al ser interrogado sobre sus preocupaciones respondió: “Me tiene obsesionado la situación de Ramiro”. 

Se refería a Mauricio Hernández Norambuena uno de los comandantes que dirigió la operación y que en ese momento se encontraba detenido en Brasil, acusado de haber participado en el secuestro durante 53 días del empresario y publicista Washington Olivetto. 

Hernández Norambuena fue extraditado desde Brasil el 19 de octubre de 2019. El 31 de ese mismo mes recibió la visita de Rodríguez Otero, según el registro interno de vistas de Gendarmería. 

De los 21 fusileros, Hernández Norambuena es el único en prisión, aunque la condena que cumple no es por el intento de matar a Pinochet, sino por el asesinato del senador de la UDI Jaime Guzmán y el secuestro de Cristián Edwards. 

Apoyados por Cuba

Hay tres de los frentistas indetificados que participaron en el atentado de 1986 con paradero desconocido: Alexis Soto, Arnaldo Arenas y Cristián Acevedo Mardones. Se presume que los dos primeros podrían encontrarse en Cuba. En el caso de Soto, la Corte Suprema, en un fallo unánime de la Segunda Sala, solicitó a la isla en junio de 2011 su extradición por su participación en el homicidio de Guzmán. No obstante, esa petición sigue sin respuesta. 

Se determinó que Soto estaba en Cuba porque hay registro de que el 30 de agosto de 2010, acudió a las dependencias del consulado chileno en La Habana con la intención de renovar su cédula de identidad, momento en el que no había orden de detención en su contra.

También hay pistas de que Arnaldo Arenas podría estar en Cuba porque hay antecedentes de que el 31 de marzo de 1997, Hernández Norambuena llamó por teléfono a su hermana Cecilia y la policía chilena interceptó la comunicación. 


Durante el diálogo, que duró 19 minutos y 52 segundos, Hernández Norambuena le dijo a su hermana que si necesitaba comunicarse con él lo hiciera a través de “Joel”, alias de Arenas, al teléfono 7- 669488, número situado en Cuba. 

Por otra parte, cuatro de los fusileros que participaron en el atentado han fallecido, además de Órdenes Narváez, que murió en Europa; José Joaquín Valenzuela o “comandante Ernesto” fue acribillado en la madrugada del 16 de junio de 1987, junto a otros seis frentistas, en un operativo de la Central Nacional de Informaciones (CNI) conocido como la Operación Albania, en la que también murió el fusilero Julio Guerra Olivares.

El otro fallecido de los involucrados fue Mauricio Arenas Bejas, quien murió en Argentina, después de fugarse en 1990, de cáncer de pulmón. 

Sin arrepentimientos

Si en algo coinciden todos los fusileros que alguna vez han hablado públicamente sobre el atentado es en que no se arrepienten. “Lamento que hayan muerto escoltas ese día. Pero ellos optaron por ir a una guerra contra el pueblo. Y el pueblo decidió defenderse en un momento determinado. Por lo mismo, no lo veo como un asesinato. Los que asesinaron fueron ellos, lo nuestro fue una defensa”, dijo Bunster a La Tercera en 2016.

A ese mismo diario, pero en 2014, Maturana declaró: “No me arrepiento de nada. Yo elegí la resistencia y ellos (carabineros asesinados) eligieron la comodidad del régimen. Nosotros tomamos decisiones drásticas en su momento que implicaban dar muerte a alguien o morir en el intento. Espero que esas muertes no hayan sido en vano, que hayan servido para decir que siempre habrá resistencia en dictadura”. 

Moreno Ávila, por su lado, afirmó al Diario de la Universidad de Chile en 2017: “Ahora, mirando en retrospectiva, quizás estaba apresurada la decisión y no se tomaron en cuenta los acontecimientos que podían suceder, como la muerte de los cinco compañeros esa noche. Pero en retrospectiva no estoy arrepentido de haber participado porque el contexto histórico exigía realizar esa operación”.

Y Rodríguez Otero se justificó en Caras: “En ausencia del estado de derecho, en plena dictadura, sin posibilidad de disenso, con un panorama desolador por delante, la vía armada no solo fue una decisión acertada, sino que incluso tardía. El FPMR nació el ’83, 10 años después del golpe, cuando ya se habían cometido las atrocidades más brutales. Yo vivo súper orgulloso de la Operación Siglo XX. Hasta hoy agradezco haber podido poner en práctica el plan”.

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