Una ausencia de proyectos claros en el escenario político. Ese es uno de los diagnósticos que planteó Pablo Ortúzar en conversación con El Líbero, donde el antropólogo, doctor en teoría política e investigador del IES analizó el escenario político chileno, el rol del Socialismo Democrático frente al Frente Amplio y el Partido Comunista, y los primeros meses de la administración de José Antonio Kast.
“Hoy día estamos en una especie de marasmo político, porque el gobierno efectivamente está improvisando en áreas claves, pero la respuesta de la oposición es absurda y tampoco es una respuesta desde un proyecto político”, sostuvo. Para Ortúzar, el problema no está sólo en una estrategia opositora marcada por el bloqueo, sino en la ausencia de una visión de país capaz de ofrecer una alternativa al Ejecutivo, lo que, advierte, «es la puerta de entrada al populismo, a la demagogia, a los experimentos, al PDG«.
Uno de los puntos más duros de su diagnóstico apuntó al Socialismo Democrático. A su juicio, “la mayoría de los socialistas no están dispuestos a dar la pelea por una visión distinta”. Y agregó que, junto con la falta de ideas, observa “mediocridad intelectual” en ese mundo político.
Pocas horas antes del cambio de gabinete, el investigador abordó, también, los primeros meses del gobierno, la falta de una hoja de ruta en seguridad, el peso que ha adquirido Hacienda y los desafíos para el Ejecutivo en la antesala a su primera Cuenta Pública.
«El estilo político del anti-octubrismo envejece mal en política«
-Con una abrumadora mayoría se eligió a un Presidente que durante su campaña habló de un gobierno de emergencia, que pretendía contrarrestar la crisis económica y de seguridad, y con altas expectativas ciudadanas. ¿A poco más de dos meses, qué balance hace del gobierno?
-Creo que son dos cosas. Una es lo que se denominó en su momento el anti-octubrismo, como una convicción radical en contra del Frente Amplio y su proyecto, pero que carecía de las mismas cosas que el Frente Amplio: cierta improvisación, cierto exceso de convicción, cierto afán de pureza. Y también, Kast es alguien que logra proyectar y encarnar el hastío, el cansancio, en una época de cambios muy radicales. Tuvimos el estallido, tuvimos la pandemia, y logra decir ‘conmigo todo va a estar bien, va a haber tranquilidad’. Porque, además, él había sido candidato presidencial ya varias veces, y con tanto fervor y también tanta arrogancia en algunas circunstancias, uno podía sospechar que tenía la película muy clara y un plan muy concreto, que tenía urgencia de hacerse cargo de Chile, porque básicamente sabía lo que había que hacer en un montón de áreas o tenía una convicción clara. Y llegó a La Moneda, y creo que las dos cosas han envejecido más o menos mal. El estilo político del anti-octubrismo, que es el estilo de «Sin filtros», envejece mal en política. Ese no es el tono de un gobierno en general.
-¿Por qué lo dice?
-Porque no es constructivo. Y a pesar de que las campañas se hacen a grito pelado, las campañas son «Sin filtros», pero los gobiernos no pueden en general actuar así, te va metiendo en problemas que se hacen cada vez más difícil de resolver. La arrogancia política también es un problema.
-¿Son elementos que ve actualmente en el gobierno?
-No, pero fue el camino que los llevó para allá. Tomaron literalmente gente de «Sin filtros» y se la llevaron al gobierno. Pero, al mismo tiempo el Presidente baja rápidamente los alerones, mucho más rápido que Gabriel Boric y convoca a todas las derechas y arma un gobierno más o menos ecuménico, pero sin hoja de ruta, que ese es el segundo tema. Si es que había tanta claridad en las convicciones, tanta urgencia por estar en el Estado, uno suponía que se basaba en un plan muy claro respecto a lo que había que hacer, lo que había que mejorar, lo que había que optimizar. Y ahí se ha visto, y creo que eso es lo más complicado para este gobierno, improvisación. Improvisación especialmente en áreas críticas. Seguridad es lo principal.
-Pero, en economía está el plan de Reconstrucción Nacional, ¿o también ve ahí una debilidad?
-No, en economía apareció un plan que no se conocía y que se ha tomado la agenda. Porque no hay un plan en seguridad. Este gobierno, que todos pensamos que era un gobierno que se iba a tratar de seguridad principalmente, es un gobierno que su epicentro está en el Ministerio de Hacienda. Y todos pensábamos que no iba a estar ahí.
-¿Usted habla de una falta de hoja de ruta?
-Sí, de falta de claridad de un proyecto político. Yo siempre pensé que Republicanos era algo muy reactivo, algo muy reaccionario a la radicalidad extrema a la que nos sometió la izquierda durante 2019–2022, pero que no tenían una visión estratégica, una visión de largo plazo respecto a Chile. Esa era mi preocupación. Y creo que no se ha visto que la tengan.
«En todos esos años no parecen haber desarrollado un proyecto de país claro«
-¿Es una preocupación que se ha concretado, entonces?
-Sí, hay gente muy buena, hay gente de muy buena voluntad, buenas intenciones. El tema aquí es este: esta es una derecha que estuvo un montón de años fuera del gobierno, o con un pie afuera del gobierno. Fueron oposición a Piñera, fueron oposición a Boric, llevan varios años haciendo candidaturas propias, y en todos esos años no parecen haber desarrollado un proyecto de país claro, nítido, como para que al llegar a la presidencia esto pudiera simplemente desplegarse.
-Usted dice que llegaron con un impulso anti-octubrismo. Y parecía que este era el fin del estallido, del proceso que se abre en octubre de 2019, un gobierno que viene a restaurar el orden, ¿lo ve así?
-Pero el némesis siempre genera mímesis, los opuestos se atraen y se empiezan a parecer. Ese es un riesgo de construirse en base a la oposición.
-¿Pero es un momento bisagra actualmente en Chile entre la revolución y la restitución del orden?
-A mí lo que me parece es que estamos enrielándonos hacia el triunfo de una opción populista y demagógica. Gobernó la centroizquierda y le fue mal, gobernó la centroderecha y le fue mal. Después gobernó la centroderecha y el país casi se incendia, la izquierda, quiso hacer una revolución. Y ahora gana la derecha más dura, que quería luchar abiertamente contra esa izquierda con ínfula revolucionaria. Antes de eso gobernó la izquierda octubrista, pero al mismo tiempo no pudieron instalar su Constitución. Y claro, termina este ciclo experimental, han probado de todo, y nada parece rendir los frutos esperados. Y por lo tanto, la alternativa está acechando ahí, casi tanto tiempo como José Antonio Kast, que es Parisi, el Partido de la Gente, que ha ido sumando además todas las demagogias, se sumó la abuela (Pamela Jiles)…
«El gobierno está improvisando en áreas claves, pero la respuesta de la oposición es absurda»
-¿Y cómo ve, en ese escenario, a la oposición?
-Hoy día estamos en una especie de marasmo político, porque el gobierno efectivamente está improvisando en áreas claves, pero la respuesta de la oposición es absurda y tampoco es una respuesta desde un proyecto político. Porque cuando uno tiene un proyecto político, uno negocia (…). Cuando no hay agenda, y tu agenda es luchar contra el otro por el poder y los cargos, pasa lo que pasa ahora, te dicen ‘vamos a bloquear esta ley con 2.000 observaciones’. Y desde afuera uno dice ‘estos gallos son unos pelotas’.
-¿Y esos son rezagos octubristas?
-No, es una disolución de la política. Porque ahí tú preguntas ¿cuál es su agenda? ‘No, mi agenda es oponerme a todo lo que digan’, como una vez dijo un diputado comunista, Hugo Gutiérrez, que miró cómo votaba la derecha, entonces votó en contra, pero no se había dado cuenta que toda la izquierda también estaba votando a favor, porque era una ley en la que todos estaban de acuerdo. Esa lógica, ese vacío político, es lo que tenemos hoy día. Y si la conclusión de todo este proceso es que nadie tiene un proyecto ni una visión de país para 20 o 30 años, en un contexto en que además lo que hemos perdido en Chile es el contrato social, hoy día no es claro de qué se trata Chile (…). No hay una visión política, no hay una visión de país. Siempre ha habido un relato, una visión de dónde vamos a estar en 20 años, cuáles son las reglas para moverse hacia arriba, y hoy día eso no existe.
«El mejor negocio de T. Vodanovic sería alejarse lo más posible de Manouchehri»
-El alcalde Tomás Vodanovic (FA) dijo que “la forma de ejercer que ha tenido este gobierno ha forzado ciertas actitudes de la oposición”. ¿Es válida esa posición?
–La fórmula que intentó ensayar Vodanovic al principio era mejor. El mundo del diputado Daniel Manouchehri hacia la izquierda, ya estaban con una oposición precoz, lo que pasara estaba mal. Esto partió con el tema de la comida en La Moneda, los guantes. Eso ya era un antecedente del ridículo que se iba a hacer. Y Vodanovic, con otros alcaldes, dijeron no, nosotros vamos a hacer otro tipo de oposición. Vamos a ser constructivos, vamos a ser colaborativos, vamos a tener propuestas, vamos a tener una visión. Y lamentablemente, en esas declaraciones, lo que hace Vodanovic es justificar a esa otra fórmula. Es que, por mucho que el alcalde Vodanovic y otros intuyan correctamente que lo ideal es ser una oposición constructiva y tener un proyecto, igual no lo tienen. El mejor negocio de Vodanovic sería alejarse lo más posible de Manouchehri. Pero es difícil también para él, porque ellos tampoco tienen un proyecto. Ese es el problema.
-El ministro Claudio Alvarado planteó que “viene el momento en el que el Socialismo Democrático pueda tomar sus propias decisiones, al margen de la tutela del FA y del PC”, ¿cree que es real esa opción?
-Creo que no es real. El Partido Comunista y el Frente Amplio no tienen un proyecto de país, su proyecto de país es lo que fue derrotado en el primer proyecto constitucional. Entonces, hoy día, no van a ofrecer nada distinto, ni mejor, ni nuevo respecto a eso, que es un proyecto que se ve fracasado. Pero lamentablemente, el Partido Socialista, el PPD, la DC no tienen una visión de Estado, no hay una visión de país, no hay un proyecto, su tiempo en la oposición no lo han ocupado renovándose intelectualmente, ahí no hay nada, la DC está muerta intelectualmente.
-¿Y qué le parece esto del «tutelaje»? ¿Efectivamente está capturado el Socialismo Democrático por el FA y el PC?
-Es que no tienen nada más. El Frente Amplio y el PC saben que quieren romper con lo que existe nomás, tienen ganas de empujar hacia algún lado. Y, honestamente, los otros no tienen idea de lo que quieren, y por lo tanto siempre van a verse arrastrados en esas circunstancias. Y es lo que les ha ocurrido. Y los liderazgos socialistas, los liderazgos PPD de renovación se rindieron frente al Frente Amplio. El más notorio caso es el de Carolina Tohá, que es muy lamentable. Pero ella, con lo inteligente que es, con lo capaz que es, nunca ha logrado distanciarse del Frente Amplio. Nunca.
«La mayoría de los socialistas prefieren estar a la cochiguagua»
-¿Y cuál es el desafío que hay para la izquierda? Óscar Guillermo Garretón en El Líbero hizo un llamado para que el PS separe caminos con el FA y el PC.
-Pero, en base a qué. Esa es mi pregunta. El único proyecto distinto, con elaboración y con una visión, es lo que ha planteado Óscar Landerretche, que es tremendamente rechazado y ha sido muy maltratado en el mundo socialista, por lo mismo, porque efectivamente tiene una visión que no es compatible, que es distinta a la del Frente Amplio y a la del Partido Comunista, y la mayoría de los socialistas no están dispuestos a dar la pelea por una visión distinta, prefieren estar a la cochiguagua de las otras fuerzas, porque además de falta de idea hay mediocridad intelectual… ya no hay sangre en ese mundo, esa es la verdad.
-¿Y en la derecha?
-Por el otro lado tampoco es que haya una visión muy clara. Hubo cierta maduración de algunas ideas, de algunas nociones en los gobiernos de Sebastián Piñera. Pero hoy, si uno dice, ¿cuál es la propuesta de la derecha para el Chile en los próximos 40 años? No hay. ¿Cómo se hace cargo la derecha del problema de generar grandes clases medias que son económicamente precarias, en un mundo donde la tecnología está cambiando tan rápido y todos los problemas que enfrentamos? Ni idea. Nadie sabe. Entonces, al final se va a concluir que en verdad la clase política no sirve para nada. Y esa es la puerta de entrada al populismo, a la demagogia, a los experimentos, al PDG. Vamos a entrar a un terreno donde el enemigo de las elecciones va a ser la clase política completa.
-¿Ve que en el futuro el PDG puede terminar ocupando ese espacio que ocupaba la izquierda antes?
-Es que ha pasado otras veces, que a través de regímenes populistas se resetea el sistema político. Eso es parte de la historia de Chile. Que varios políticos encuentren simpático o inteligente y además digan en público que van a presentar dos mil objeciones a una ley para taponear a la oposición, demuestra que ellos no entienden de qué se trata. Que es una frivolidad, falta de contenido. Entonces, cómo va a reaccionar la ciudadanía a algo así.
– «La izquierda está trabajando para Parisi», decía Oscar Guillermo Garretón…
-Sin duda, pero ojo que la derecha también. Porque en el fondo, todos los guiños medio demagógicos que ha hecho José Antonio Kast, como agarrarse a porrazos con el sistema de investigación científica sin un proyecto, porque se corrige y lo que corrige es que dijo algo mal, pero no corrige… esa estrategia de estar jugando en contra de las élites progresistas que no entienden el país, también es una estrategia populista. Entonces, al final, el original siempre es mejor que la copia. Y si todos están de acuerdo en que las élites son un problema, la gente va a terminar votando por el discurso más antielitista que encuentre. Y eso hoy día es el Partido de la Gente.
