Publicado el 03 de junio, 2020

Correa Sutil sobre «acuerdo nacional»: «Los que participen se comprometen a no apoyar intentos de desestabilización del gobierno»

Autor:

Mariela Herrera

El ex subsecretario de Interior y académico plantea: «En períodos de crisis, y la historia de Chile está llena de ellas, se producían gobiernos de unidad nacional, con más o menos participación de la oposición en el gobierno; no es ese el caso hoy día, pero esto se le acerca». Y dice esperar «que los grupos que están fuera del Congreso no apunten a aquellos que están dentro y que han decidido asumir una responsabilidad mayor en lograr un acuerdo».

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Está optimista Jorge Correa Sutil. Algo difícil de encontrar en estos días de crisis y confinamientos. Sostiene que la disposición al diálogo entre gobierno y oposición «vuelve a darle a la política una seriedad, una responsabilidad que me parece necesaria».

Pero su optimismo también se cruza con realismo. El ex subsecretario del Interior durante el gobierno del ex Presidente Ricardo Lagos y militante DC dice ver «un cambio importantísimo en el tono y en la disposición de los actores políticos. Espero que eso se mantenga en el tiempo». El académico y abogado constitucionalista advierte, de todos modos, el complejo escenario que se avecina: «Lo único que se puede hacer es que esta generación limite las expectativas de generaciones futuras, creo que no queda otra salida. Así son los momentos dramáticos en la vida, personales y políticos».

-Usted valora el acuerdo convocado por el gobierno en su columna en El Mercurio, en particular por lo que simboliza, ¿por qué en concreto?

-Me parece que el gobierno ha llevado a cabo un acto virtuoso, particularmente proviniendo del Presidente de la República, porque es un acto de humildad. Quien busca un acuerdo pide ayuda, participa a los otros de la decisión que él mismo debe tomar, los hace parte de eso. Por supuesto es un acto habiloso porque busca corresponsables en decisiones que van a ser muy terribles, muy duras, que van a tener efectos muy significativos en la vida de la gente. Y tiene la virtud que la oposición haya aceptado hacerse responsable en momentos tan dramáticos y de decisiones que sin duda van a ser costosas. Me parece que cuando uno elige autoridades para tomar decisiones colectivas, las elige precisamente para eso, no para pasearse por matinales, no para lucirse, no para andar de opinólogos por la vida, no para darnos sus juicios morales sino para tomar decisiones colectivas difíciles y que todos se hagan responsables me parece virtuoso para el país y vuelve a la política una seriedad, una responsabilidad que me parece necesaria. 

Me parece que cuando uno elige autoridades para tomar decisiones colectivas, las elige precisamente para eso, no para pasearse por matinales, no para lucirse».

También me parece virtuoso que este acuerdo se teja sobre la base de antecedentes técnicos. El acuerdo está provocado por los economistas reunidos por el Colegio Médico, ahí hay una propuesta que toma antecedentes de la situación económica del país, que se hace responsable de los recursos que hay y que no hay, que insinúa algunas medidas. Es una discusión racional, no es emocional. Por muchos años la política ha estado en una emocionalidad muy fuerte, en una irresponsabilidad producto de que se había transformado en manifestación de opciones morales y no de hacerse cargo de resultados. Todo esto hace que este esfuerzo sea virtuoso porque devuelve a la política a aquello que le es propio y de lo cual tiene que hacerse cargo.

-El gobierno necesita realmente “pedir ayuda” para llevar adelante una política económicas de ayuda social para esta crisis?

-Sí y por varios motivos. Primero porque está en una situación de mucha debilidad. Se demostró entre los meses de octubre y marzo; segundo, porque va a tomar decisiones que van a hipotecar al país en el largo plazo, por lo tanto, que concurran todas las fuerzas políticas, no sé si necesario pero es virtuoso porque estamos gastando las reservas que tiene el país, de alguna manera estamos comprometiendo menores gastos para gobiernos futuros. No sé si el gobierno lo necesitaba, pero era muy aconsejable que lo hiciera. Naturalmente en períodos de crisis, y la historia de Chile está llena, se producían gobiernos de alguna manera de unidad nacional, con más o menos participación de la oposición o de una parte de la oposición en el gobierno, no es ese el caso hoy día, pero esto se le acerca. Y algunas de las medidas que se puedan tomar necesitan pasar por el Congreso Nacional y esto adelanta, o da un marco más general y permanente, las medidas que deberán aprobarse en el Congreso.

En período de tanta crisis es natural que todas las autoridades quieran estar apañadas y apañarse con otros, haciendo a los otros corresponsables de decisiones y, de alguna manera, entregando parte del poder».

-Usted dice que esto se acerca a un gobierno de unidad nacional y esa idea rondó entre varios dirigentes tras estallido de octubre, ¿eso lo vio posible en ese momento’ ¿y puede ser ahora en esta crisis?

-En los tiempos ordinarios definitivamente no, ahí las mayorías y los mandatos presidenciales deben ejercerse con toda la autoridad que otorga un mandato que tiene una duración determinada y la ciudadanía lo juzga después. Pero en período de tanta crisis, es natural que todas las autoridades quieran estar apañadas y apañarse con otros, haciendo a los otros corresponsables de decisiones y, de alguna manera, entregando parte del poder. Me parece que ese es el sentido del acuerdo. Porque esto no va a enmarcar solo la política legislativa , de alguna manera, va a enmarcar las medidas de gobierno. Y todas las fuerzas políticas serán responsables que las medidas avancen.  

-¿En este caso ve la posibilidad de un gobierno de unidad nacional?

-No en el sentido que el gobierno vaya a llamar a la oposición a ocupar cargos ministeriales o en la administración pública, pero sí en el sentido que las políticas públicas de este gobierno, en lo que le queda, van a quedar fuertemente marcadas por aquello que logre acordar con la oposición. Porque no va a haber mucho espacio para otras políticas públicas para este gobierno. Lo que está haciendo este gobierno es renunciar a su agenda y a su propio programa con el que Piñera llegó, producto de que las circunstancias variaron muy significativamente. Es un acuerdo que cubre las principales políticas públicas que va a alcanzar a llevar a cabo este gobierno, que son fundamentalmente políticas para enfrentar la pandemia, como ir en ayuda de las familias, defender el empleo, reactivarlo después. Y algo que no cubre solo este gobierno sino los siguientes, que es cómo vamos a frenar el gasto público. Chile tiene espacio para tener más gasto público, pero la tendencia al alza no puede ser ilimitada en el tiempo. Y eso significa que gobiernos próximos van a tener que gastar menos y, por lo tanto, van a poder hacer menos promesas en las campañas… ojalá no se les olvide eso.

-¿Lo cree posible?

-Difícil, pero pareciera que es lo único que se puede hacer, que esta generación limite las expectativas de generaciones futuras, creo que no queda otra salida que eso. Así son los momentos dramáticos en la vida, personales y políticos.

-Usted plantea en la columna que este diálogo “renueva y le pone un horizonte al mandato político del Gobierno. No olvidemos que tan solo hace 90 días, importantes sectores políticos apostaban a voltearlo”…

-Sí, creo que esto apaña al Presidente, esto respalda el mandato presidencial, deja fuera de la mesa de discusión si este gobierno termina o no y eso conlleva una responsabilidad. Los grupos que se comprometan aquí a que estas son las principales medidas que hay que tomar en relación al Covid, de alguna manera reconocen que esas medidas debe tomarlas el Presidente en ejercicio y que recibió el mandato popular. Por lo tanto, el día que un grupo vuelva a desafiarlo, y hablemos con franqueza, si vuelve a desafiarlo para ver si lo botan -porque eso fueron las protestas violentas después de las masivas de octubre-, todos los que participen en este acuerdo se comprometen a desautorizar, a no apoyar y a criticar los intentos de desestabilización del gobierno que puedan venir en el futuro.

Se hizo costumbre que organizaciones cuya representatividad nadie acredita, se sientan en libertad o en el derecho de menospreciar, de ridiculizar, arrinconar a las autoridades elegidas por el pueblo».

-¿Y en estos brotes de violencia que hemos visto en la actual crisis, puede haber una tentación en “volver” a un 18 de octubre?

-Podría haber una tentación, pero no han tenido una continuidad, por ahora. No pareciera que se ha aprovechado la situación de desesperación por parte de esos grupos anárquicos que participaron en las protestas más violentas de noviembre y diciembre. 

-También usted plantea que los partidos de izquierda no se dejen “apocar” por las posturas más extremas como ocurrió en la crisis de octubre. Ya el PC se restó, unos hablan de “la cocina”, ¿cree que nuevamente hay un riesgo que eso ocurra?

-Creo que el principal peligro de la política chilena es que como perdió prestancia, perdió seguridad en sí misma, perdió aplomo, se hizo costumbre que organizaciones cuya representatividad nadie acredita, se sientan en libertad o en el derecho de menospreciar, de ridiculizar, arrinconar a las autoridades elegidas por el pueblo. Me parece que hace muchos años, cuando uno de estos grupos (ecologistas y estudiantes en 2011) se tomó el Congreso y el senador Girardi los invitó a quedarse porque eran los “representantes del pueblo” y después con el movimiento estudiantil. Esos grupos se han sentido legitimados para menospreciar la política y la política, o los dirigentes elegidos, han carecido de la suficiente seguridad en sí mismos para invocar sus títulos de legitimidad. En la democracia solo pueden hablar por el pueblo aquellos que han recibido votos del pueblo, y por lo tanto, todos estos grupos que hablan “en nombre” de los movimientos sociales, “en nombre” de la ciudadanía… deben ser devueltos a su lugar, que es la representación corporativa, que puede ser muy legítima, pero que son intereses especiales de grupos que quieren que les rebaje una deuda aquí o quieren no pagarle la educación por allá. No lo digo con un sentido menospreciativo, pero son grupos de interés. Me parece que esa pretensión le hace un enorme daño a la política chilena y, por lo tanto, la recuperación de la prestancia del representante político, para poder responder a esas pretensiones de autoridad con el único título de autoridad que la democracia reconoce, es muy importante. Espero que los grupos que están fuera del Congreso no apunten a aquellos que estando dentro del Congreso han decidido asumir una responsabilidad mayor en lograr un acuerdo.

-Muchas veces son los mismos partidos los que les dan los espacios

-Claro, hay un cierto endiosamiento dentro de aquellos que se sienten puros y superiores. Yo no estoy dispuesto a reconocerle la autoridad moral a nadie “prima facie” y, por lo tanto, todos aquellos que desde la voz ciudadana se erigen en puros y buenos, tienen que volver a reconocer su lugar en el debate público. Esto es que ciertamente pueden opinar, pero no tienen un título moral para erigirse superiores, obviamente no lo tienen para erigirse por sobre aquellos que tienen los votos.

-¿Cree que se podrán empoderar los partidos de izquierda en ese escenario?

-Yo espero que sí, hay que recuperar los títulos y la prestancia de representante popular. No hay nadie que pueda hablar en nombre de la ciudadanía, los movimientos ciudadanos no son puros y buenos. No son necesariamente malos tampoco, pero no tienen representatividad mientras no elijan parlamentarios.

El debate constitucional estuvo fuertemente marcado hasta hoy por el goce universal de derechos sociales y me parece que eso ha quedado modificado con el coronavirus».

-¿Se puede repensar el calendario electoral debido a esta crisis, incluyendo el proceso constitucional?

-Todo se puede repensar en la vida, pero me parece que vivimos un momento de mucha crisis, que ese momento no fue artificial y que la salida que se vio fue la institucional. Me parece que ese problema no está superado ni fue artificial y, por lo tanto, sin prejuicio de repensar las fechas, me parece que el proceso constituyente tiene una razón de ser, no ha desaparecido del mapa. Naturalmente el debate constitucional, incluso el debate de si conviene una nueva Constitución, va a estar muy marcado por las nuevas condiciones económicas y sociales. El debate constitucional estuvo fuertemente marcado hasta hoy por el goce universal de derechos sociales y me parece que eso ha quedado modificado con el coronavirus. Y el debate de si nos conviene o no una nueva Constitución también va a ser afectado por la pandemia. Pero otra cosa es pretender que ese debate no se produzca, yo creo que eso es un error. No gastemos energías en una cuestión que no tiene viabilidad política. Eso le diría yo a la derecha, que ensayó y tiró globos sonda para ver si lograba que se olvidara esa Constituyente.

-También puede que haya un sector de la derecha y del Gobierno que vean que el Acuerdo por la Paz y una nueva Constitución se cumplió a medias. Se avanzó en un calendario constitucional, pero no en la paz o en la condena a los hechos de violencia.

-No me parece que haya habido en el acuerdo del plebiscito constitucional letra chica en el sentido de compromiso de una determinada crítica a los actos de violencia. Creo que era necesario poner una posición crítica a los actos de violencia porque me parece que son actos de prepotencia y son actos fascistas, contrarios a la democracia. Pero otra cosa es pretender que el acuerdo por una nueva Constitución conlleve un compromiso de condena de los actos de violencia. Por lo tanto, me parece que los actos de Gobierno llamando que se había traicionado ese acuerdo, en virtud de los llamados son propaganda. 

Creo que era necesario poner una posición crítica a los actos de violencia porque me parece que son actos de prepotencia y son actos fascistas, contrarios a la democracia».

-¿Qué esperar en concreto del actual proceso de diálogo?

-Lo que esperaría es que las conversaciones produzcan un cambio en los espíritus y en la disposición de todos aquellos que conversaron y que eso redunde en la continuación del diálogo para complementar estos acuerdos, para abordar otros problemas y para enfrentar el año electoral con otro tono que aquel que vimos a finales del año pasado y que puso en peligro la democracia chilena. Esa es mi alegría y expectativa en relación al acuerdo. Veo un cambio importantísimo en el tono, en el propósito y en la disposición de los actores políticos. Espero que eso se mantenga en el tiempo. Solo por esa vía podemos enfrentar, de paso, un proceso constituyente que requiere dos tercios de acuerdos. Sobre la base de la descalificación, del purismo moral, del buenismo, ese acuerdo constitucional no se va a producir. Solo sobre la base de la humildad y la racionalidad es posible que una asamblea elegida para esos efectos pueda trabajar y concordar un texto constitucional que va a necesitar mucha voluntad todos, que no estaba en el ambiente político de fines del año pasado. Estaba la arrogancia, la prepotencia. Eso se termina, de alguna manera, cuando las partes humildemente dicen: “mire, yo te necesito y yo también te necesito. Yo necesito que te hagas corresponsable de estos acuerdos, yo necesito compartir el poder contigo. Yo no tengo toda la razón, yo sé que estamos en un momento difícil, etc”. Ese cambio de todo, es el cambio de disposición que es lo más valioso del inicio de estos diálogos. Hasta que tendrán que ir produciendo acuerdo disuasivos y parciales, como todo en la vida, en la medida de lo posible, como decía don Patricio Aylwin. 

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