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Publicado el 02 de noviembre, 2020

Comentario: Ni jerarquía ni fuego sagrado ni nada

Autor:

Gonzalo Mingo Ortega

Finalizó la primera rueda del torneo nacional de la primera división del fútbol chileno. Es momento de hacer un balance, revisar algunos números, apelar a la estadística, la historia y un breve comentario.

Autor:

Gonzalo Mingo Ortega

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El campeonato 2020 comenzó herido como consecuencia de los graves episodios que siguieron al fatídico 18 de octubre de 2019. Seis fechas no se jugaron y hubo que “acomodar” el campeonato, aumentando la participación en primera división a 18 equipos -ascendió La Serena y Wanderers y no descendió nadie-, situación que fue como un traje a medida para la Universidad de Chile, que estaba más para la B, que para la A.                                                                   

En esta primera rueda, se han jugado 150 partidos, faltando tres para completarla: U. Católica vs Curicó y vs Palestino, y Colo Colo vs Antofagasta. Así, tenemos a tres cuadros en la cima de la tabla con 36 puntos -U. Católica, U. Calera y U. Española- y tres en el precipicio -O’Higgins, Colo Colo y La Serena-. Pero es un “barranco” hasta por ahí no más, porque hay un sistema de coeficientes, tablas ponderadas, mezclas de torneos 2019 y 2020, liguillas de ascenso y descenso… otros trajes a la medida para “rescatar” a los de siempre.

Aclarado lo anterior (de verdad, no lo entiendo totalmente), recordamos que este campeonato despegó el 24 de enero y el 15 de marzo se suspendió por la pandemia. Íbamos recién en la fecha n° 7. Se reanudó el 29 de agosto y esta primera rueda finalizó ayer domingo. Observando la progresión del torneo, se puede decir que hay un antes y un después del receso obligado; algunos mejoraron, otros se mantuvieron más o menos igual, y están los que empeoraron y residen en la zona de fuego.

Adjunto en este comentario, una serie de gráficos al final con datos para el análisis y que son reveladoras por la situación que atraviesan ciertas instituciones que administran, o mal administran, la industria del fútbol en Chile. Estas cifras hablan por sí solas y no vale la pena ahondar en la situación de determinados clubes; por lo demás todos sabemos cuáles son, sabemos lo que les pasa, y si no lo sabemos, al menos lo intuimos.

El primer antecedente para tener en cuenta es que de los 18 equipos que finalizaron el torneo 2019, solo seis tienen el mismo entrenador al día de hoy, 4 son chilenos, y del total, 11 son extranjeros. Hay equipos que en los 17 partidos de la primera rueda han tenido tres técnicos. ¿Uds. creen que esto es normal…? Aquí hay algo que no logro entender y eso que algunos amigos me dicen que yo no solo veo de bajo del agua, si no que fumo debajo del agua.

Si revisan el listado de técnicos de los últimos cuatro años, hay muchos que han dirigido más de cuatro equipos, van saltando de un club a otro en un mismo año (el reglamento seguramente lo permite) como si nada. No quiero decirlo, pero si esto fuera una guerra (hay encuentros que lo parecen) tendríamos que llamarlos mercenarios, y los dirigentes serían sus cómplices, un poco más que pasivos. En un año han pasado 37 entrenadores por las instituciones de nuestro fútbol, dando un promedio de un cambio de entrenador cada diez días.

Al terminar y dar paso a los gráficos estadísticos, quisiera referirme al poco respeto (o ninguneo) que le dan dirigentes, técnicos y jugadores a esta industria. Si bien es cierto que el fútbol es un negocio, no se debe olvidar que también es una pasión y un sentimiento, que mueve mucha gente y que la mitad del planeta está pendiente y vibra con su devenir.

Al mirar algunos (bueno, casi todos) partidos de nuestro torneo, veo a jugadores que parecieran no darse cuenta que están defendiendo a instituciones históricas como por ejemplo Colo Colo y la U. de Chile, y por cuyas filas pasaron jugadores emblemáticos: Leonel Sanchez, Chamaco Valdés, Fifo Eyzaguirre, Marcelo Salas y los mismísimos Alexis y Vidal.

Observo en los jugadores una desaprensión en el campo de juego, pero no fuera de él, pues se visten como crack, se cortan el pelo como tales, tienen autos deportivos último modelo, compañías femeninas más que guapas, pero dentro del campo de juego parecerían que están disputando un partido de solteros contra casados en el barrio. Sin ir más lejos, los equipos llamados grandes no perdían más de 3 a 4 partidos al año, salieran o no campeones; a esta altura los Albos han perdido 9 de 16 y los Chunchos 5 compromisos y lo más probable que terminado el campeonato sean derrotados en 10 y 15 oportunidades. Afortunadamente U. Católica está sacando la cara por este selecto grupo de los tres grandes, que ayer merecidamente retomó la punta del torneo.

¿A dónde voy con esto? Se ha perdido el respeto por estas instituciones llamadas grandes (porque lo son) o se han dejado que se les falte; cualquiera les puede ganar y pareciera no importarles. Ya no veo ese resto de dignidad, que cuando el fútbol no da en la cancha, aparece lo otro, que son la jerarquía, el fuego sagrado, el amor propio, el amor por la camiseta y, por último, la historia.

 

 

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