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Publicado el 16 de octubre, 2019

Comentario: Dos “pichangas” amistosas y un desorden total

Autor:

Gonzalo Mingo Ortega

Cuesta decir algo positivo de este par de partidos amistosos jugados por la Selección Chilena de Fútbol en el estadio José Rico Pérez de Alicante, España. Si en el empate sin goles ante la selección de Colombia que se jugó el sábado Chile tuvo una actuación desastrosa, la del martes ante la selección B de Guinea fue pobre y triste… pese a que ganó.

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Gonzalo Mingo Ortega

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Triste, porque lo visto a través de la TV, en que se apreció un estadio vacío, con no más de 800 personas que entraron gratis, fue una vulgar “pichanga”, como las que se juegan en cualquier barrio del país, en un partido de solteros contra casados.

Ante los cafeteros, la roja no tuvo ideas, ni esquema táctico y no jugó a nada. Explico a lo que me refiero con la palabra “nada”: Todo equipo de fútbol –y en especial una selección de un país- que se precie de tal, al entrar a una campo de juego, permite que los aficionados e hinchas que llevamos un largo transitar en esto, al poco de rodar la pelota y al observar cómo se para el equipo, nos demos cuenta cuál es el planteamiento del director técnico a cargo. Tales son los casos de Marcelo Bielsa, Jorge Sampaoli, Beñat San José, y apelando a la memoria, Cesar Luis Menotti, Salvador Bilardo y nuestro Luis Santibáñez, que tenía un esquema ultra defensivo, feo para la vista, pero que en algunas oportunidades conseguía los resultados. Nos puede gustar o no la forma de plantear los partidos de un determinado entrenador, pero lo que no puede pasar es lo que le sucede a este Chile de Reinaldo Rueda, que no se sabe a qué juega y menos qué pretende con su “des-esquema”. Termina siendo un desorden total.

Por ejemplo, en el encuentro con Colombia, y por nombrar solo dos casos, César Pinares, que es un muy buen jugador, por instrucción de Rueda entró a jugar en una posición distinta a la que tiene en U. Católica, y entonces no gravita como debería ser con La Roja. Con Arturo Vidal pasa lo mismo. En el Barcelona se ubica por el sector derecho del campo y de la mitad hacia arriba, con llegada al arco contrario; sin embargo, en la selección juega por todas partes. Incluso, y aunque parezca una paradoja (por los líos extrafutbolísticos), en varias oportunidades durante los dos  encuentros se le vio al lado de Claudio Bravo, despejando balones peligrosos.

Y lo visto ayer ante la Selección de Guinea B fue altamente preocupante, porque Chile enfrentó a un equipo de un país sin mucha tradición futbolística (lugar 74 del ranking FIFA), al que en esta oportunidad le faltaron seis o siete titulares, como Keita, que juega en el Liverpool; Diawara, en la Roma; y Kamano, en el Girondins de Burdeos. Solo estos tres tienen un valor de USD88 millones. Frente a este rival diezmado, que este año no ha ganado ningún partido, Chile pudo haber perdido o empatado, lo que habría transformado esta pichanga en un bochorno mayúsculo. Veo en nuestra selección un problema físico latente, le cuesta mucho disputar los balones divididos y en velocidad somos superados casi siempre.

Para terminar, a La Roja no le basta con que Vidal y Bravo se hablen o se soporten y tengan un desempeño relativamente bueno. Salvo César Pinares, Paulo Díaz y un poco Pulgar y Maripan, no hay nombres del recambio: los otros no dan la talla para reemplazar a los integrantes de la generación dorada. Con esto no nos alcanza para viajar al Mundial de Qatar el 2022. La selección chilena regresa desde la tierra de los dulces turrones con un sabor amargo, y no sabemos si lo peor está por venir.

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