Faltando cuatro fechas para Coquimbo y 18 en total para ponerse al día, los vaivenes arriba y abajo en la tabla de posiciones son notables. Además, en esta oportunidad, con la tabla ponderada y los coeficientes, se puede dar el caso que un equipo que va 4° como Antofagasta o 7° como U. de Chile, tengan que sufrir el calvario de una liguilla para no descender. Por supuesto que todo es muy legal y apegado a los estatutos, pero entretenido y vertiginoso.

Vertiginoso, porque de los 18 equipos que integran el torneo, al menos 12 se están jugando algo, ya sea el título, un cupo a la Copa Libertadores o la Copa Sudamericana, o la fatídica “liguilla” del descenso. En otras palabras, si ganas tres partidos, peleas arriba, y si pierdes los mismos tres… estás en el precipicio. Esto ocurre por la cantidad de cupos que implementó la Conmebol para ambas Copas, 101 equipos en total. Si tenemos en cuenta, que son 10 federaciones y que Argentina y Brasil tienen un trato especial, el resto cuenta con 6 u 8 cupos. A esto hay que agregarle que desde el 11 de Noviembre de 1994 la FIFA proclamó que el triunfo se premiaba con tres puntos. Antes eran dos puntos por el triunfo, uno se demoraba mucho en subir y bajar. Este fue uno de los legados de João Havelange, Presidente de FIFA (1974-1998).

Como dicen algunos políticos y economistas, el Torneo está muy “líquido” (de liquidez): hay equipos que juegan regular o mal y sacan puntos a través de los empates, como U. Católica, U. de Chile y Colo Colo, y los hay también irregulares, que brindan partidos increíbles -como U. La Calera, Palestino, U. Española, Antofagasta o la mismísima La Serena- y a la fecha siguiente pierden estrepitosamente por abultados marcadores.

Veo un manto de trasparencia en este Campeonato. Un amigo me dice que él y yo (perdón por la autorreferencia) “vemos bajo el agua”; muchos lo hacen y no es tan difícil. Después agregó que nosotros podemos “fumar de bajo del agua”, pero remató diciendo “que podemos soldar al arco bajo el agua”… esto es demasiado, pero no es más que una analogía. Sé que es mucho, pero me congratulo en poder ver con buenos ojos a estos dirigentes de la ANFP y árbitros, pues hasta ahora no se ha visto ninguna “ayuda” a los equipos llamados «grandes»; muy por el contrario, el VAR ha estado implacable con ellos; se pueden equivocar pero no se ve mala fe. Esto es muy bueno para el fútbol y los hinchas, aunque algunos les duela.

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