Las decisiones importantes rara vez se toman sin consultar. Ya sea que se trate de un tema personal, una decisión comercial o de índole política, la necesidad de confiar en quien tiene un juicio profesional y técnico, cuando estamos en el ámbito de los negocios o de la gestión, ya sea pública o privada, es vital. Luego, la identificación de estas personas y captar ese talento para las instituciones muchas veces marca el éxito de un buen diagnóstico, el diseño de una estrategia, su implementación y posteriormente su evaluación. 

Adicionalmente, ninguna institución que aspire a realizar su quehacer de forma exitosa funciona sin dotar a las personas que los representan de las condiciones materiales para desarrollar su tarea. No es de extrañar entonces, que exista una inversión importante en capacitación, sistemas de gestión, infraestructura y un sinnúmero de acciones que faciliten alcanzar los objetivos de una organización.

Hasta ahora, nada de esto es muy novedoso o creativo. Por el contrario, intuyo que para muchos esto es simplemente lo que cualquier institución o persona semi razonable haría. No obstante, paradojalmente la posibilidad de contar con asesores y condiciones idóneas de funcionamiento ha sido una materia sobre la cual ha existido disputa respecto de, con certeza, el grupo de tomadores de decisiones más relevantes de último tiempo en Chile: los convencionales constituyentes.

La Convención Constitucional tiene la tarea de redactar la nueva Constitución de nuestro país. Pero hay más que solo la redacción de normas en este ejercicio; las y los convencionales representan el anhelo de que el crisol de miradas, historias, ideologías y realidades de nuestro país, se reconozcan, se validen y se reencuentren en sus diferencias. Es la recuperación de la capacidad de dialogar y alcanzar acuerdos sin violencia, sin vetos, en una cancha donde lo que pesan son los argumentos. La Convención y la nueva Constitución podrán dotar de legitimidad el nuevo orden político y, así, permitirnos dejar atrás los fantasmas de la guerra fría y avanzar hacia un futuro donde podamos ver los desafíos del presente habiendo hecho las paces con el pasado.

¿Cabe alguna duda de que las decisiones que adopten las y los convencionales son de una importancia superlativa? A mi juicio no. Ergo, lo razonable es que cuenten con todas y cada una de las condiciones que requieran para escoger bien. Es necesario que tengan dinero para contratar asesores que los apoyen en su trabajo y contar con viáticos para poder viajar y comer. Esto no debería ser una materia tan controvertida, pues es una petición que constituye un mínimo de cordura atendida la envergadura de la tarea que les hemos encomendado. Después de todo, lo que estamos costeando como pueblo es mucho más que un texto; es una democracia que nos devuelva la paz, la gobernabilidad y que le abra la puerta a la justicia social y al crecimiento económico sostenible.

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