Las cartas fundamentales chilenas no han considerado establecer preámbulos o títulos preliminares para encabezar los textos constitucionales que nos han regido. Ni la de 1818, 1822, 1823, 1828, 1833, ni la de 1925.

Solo la Carta de 1980 contiene un Capítulo I titulado “Bases de la Institucionalidad” que, sin ser propiamente un preámbulo, establece valores superiores como la libertad, igualdad, dignidad y bien común; y principios fundamentales como la supremacía constitucional, juridicidad, separación de funciones, soberanía y probidad, entre otros.

Será, entonces, un aspecto relevante y motivo de debate que la Convención Constitucional determine si la futura Carta deba o no iniciarse con un preámbulo y, más importante aún, establecer su contenido.

En el derecho comparado es común que las Constituciones lo contengan. La Constitución italiana (1947) tiene un preámbulo denominado “Principios Fundamentales” que reconoce la democracia, soberanía popular, dignidad, igualdad, el derecho al trabajo… y la protección de las minorías lingüísticas, entre otros. La Constitución española (1978) consta de un preámbulo que reconoce los valores de justicia, libertad, seguridad, soberanía y convivencia democrática y un título preliminar denominado “Valores superiores del ordenamiento jurídico” que reconoce el pluralismo político, la soberanía nacional y se proclama como un Estado democrático y social de Derecho. 

Valores y principios similares han quedado consignados en los preámbulos de constituciones latinoamericanas recientes como la de Brasil (1988) que proclama como valores supremos “instituir un Estado Democrático, asegurar el ejercicio de los derechos sociales e individuales, la libertad, seguridad, bienestar, el desarrollo, la igualdad y la justicia”. Por su parte, Bolivia (2009) se declara un Estado Plurinacional basado en el respeto e igualdad y en los principios de “soberanía, dignidad, complementariedad, solidaridad, armonía y equidad…”. Igualmente, la Constitución de Colombia (1991), Ecuador (2008), y Perú (1993) constan de preámbulos breves que más bien se asemejan a invocaciones o declaraciones históricas.

El proyecto constitucional de Michelle Bachelet incluía un preámbulo breve, que luego daba paso al Capítulo I titulado “Disposiciones fundamentales del orden constitucional”.

La importancia de los preámbulos es que en ellos quedan reconocidos los valores y principios a los que la Carta adhiere otorgándole un carácter integrador a todo el ordenamiento jurídico, debiendo ellos proyectarse en el conjunto de reglas y normas que componen la Constitución, además de constituir una guía al legislador y un elemento fundamental de interpretación para el juez que debe aplicar el derecho.

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