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Publicado el 23 de agosto, 2019

¿Ayuda no comer carne? ¿Genera emisiones el viaje en velero de Greta? ¿Decrece o aumenta la forestación? Los nuevos debates antes de la COP25

Autor:

Emily Avendaño

En diciembre Chile será sede de la cumbre que busca favorecer acciones ambientales concretas contra el cambio climático. Si bien existe consenso en la necesidad de abordar estos temas, ya han surgido discusiones que entregan distintas miradas. Por ejemplo, investigadores como Bjorn Lomborg y Matt Ridley no niegan los efectos de la contaminación, pero invitan a no entrar en «pánico» y optan por desmitificar algunas cifras.

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Emily Avendaño

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“¿Cuánto le cuesta una hamburguesa al medioambiente? La respuesta es más de lo que todos pensamos”. Con esta advertencia comienza un video difundido en la página web de ONU Noticias titulado “Comer carne tiene un impacto destructivo en el planeta”. El aviso llegó en noviembre de 2018. Nueve meses después, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) concluyó que combatir la crisis climática también amerita un cambio del modelo alimentario. 

«Algunos patrones alimentarios requieren más agua y tierra y provocan, en comparación con otras alternativas, más emisiones de gases que atrapan el calor», dijo Debra Roberts, copresidenta del Grupo de Trabajo II del IPCC en la nota de prensa emitida a próposito del informe. 

El documento, elaborado por 107 expertos de 52 países, no limita abiertamente el consumo de carne, pues los investigadores han señalado que no le quieren decir a la gente qué comer, pero Roberts describió que «las dietas equilibradas basadas en alimentos de origen vegetal (como cereales secundarios, legumbres, frutas y verduras) y alimentos de origen animal producidos de forma sostenible en sistemas que generan pocas emisiones de gases de efecto invernadero, presentan mayores oportunidades de adaptación al cambio climático y de limitación de sus efectos». 

En 2018 el estudio respaldado por ONU Medio Ambiente sí fue enfático: “Debido a la descomposición de materia orgánica, la ganadería es una de las principales fuentes de emisión de metano, un gas de efecto invernadero relativamente potente que contribuye al calentamiento global. Para hacerse una idea de su alcance basta imaginar que, si las vacas formaran un país, sería el tercero en emisiones de gases de efecto invernadero”. Informan que, en promedio, producir una hamburguesa de ternera de un cuarto de libra requiere de alrededor de 1.695 litros de agua, dependiendo de donde se fabrique. Admiten que cortar completamente el consumo de carne no es una opción, pero sí lograr un consumo responsable. 

Sin embargo, hay quienes consideran que el enfoque de la ONU es “ineficaz e inalcanzable”Bjorn Lomborg, director del Copenhagen Consensus Center es conocido por su primer libro El Ecologista Escéptico en el que indica que muchos grupos ambientales exageran el discurso del cambio climático y las catástrofes que implicará.

Tras hacerse público el informe de la ONU, publicó una columna de opinión titulada “Que no avergüence comer hamburguesas” donde explica que el panel de cambio climático, en lo referente a las respuestas dietéticas, se basa en un documento de 2016, que sostiene que en el “escenario más extremo” si el mundo entero se cambia a una dieta vegana, “las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con los alimentos podrían reducirse hasta en un 70%”. Lomborg subraya que esto parece más impactante de lo que es, pues “solo una séptima parte de todas las emisiones están relacionadas con los alimentos”.

Además, cita que “el cambio efectivo al vegetarianismo reduce las emisiones de carbono individuales en el equivalente a 540 kilogramos de dióxido de carbono por año. Eso es solo el 4,3% de las emisiones de una persona promedio en un país desarrollado”. Otro efecto que el cientista político danés indica que no se menciona tiene que ver con que el dinero ahorrado en comida vegetariana “probablemente se gastará en bienes y servicios, causando emisiones adicionales”. Por lo tanto, sostiene que la atención debería centrarse en mejorar las prácticas agrícolas.

“La investigación de Copenhagen Consensus estima que elevar el gasto en investigación en 8 mil millones de dólares al año aumentaría el rendimiento de los cultivos en un 0,4% anual”, destaca.

“Solo están asustando a la gente”

Lomborg es promotor de la investigación y el desarrollo (I+D) y un crítico del Acuerdo de París, considerado como el primer acuerdo vinculante mundial sobre el clima firmado por 195 países en la COP21. Al respecto sostiene que de casi 200 signatarios, solo 17 cumplen con sus compromisos, principalmente porque prometieron muy poco. “Este logro insignificante será la política más costosa en toda la historia, ya que costará entre US$1 billón y US$2 billones en pérdidas de crecimiento cada año hasta el 2030”, advierte.

En una línea similar van sus cuestionamientos hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una serie de metas puestas en marcha en enero de 2016 para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad, que tienen como fecha tope el año 2030.

Califica esta lista de 169 ítems como “inviables” por ser demasiado numerosos y complejos para ser supervisados. “Tratar de lograr todos ellos es prohibitivamente costoso: las estimaciones anuales varían entre 1,4 billones de dólares y 30 billones, siendo 5 billones la cifra más probable”, escribió en el artículo titulado 169 objetivos imposibles de cumplir y cuestiona, además, que la lista no menciona en qué puntos hacer foco. 

El investigador tiene una postura más pragmática que le hace decir “los políticos que niegan la existencia del cambio climático no están diciendo la verdad. Pero tampoco lo hacen los que dicen que ‘el fin del mundo’ llegará dentro de una década: solo están asustando a la gente”.

Misma crítica que le realizan a la joven activista sueca Greta Thunberg, quien vendrá a Chile a participar de la COP25.

Sostiene que Thunberg quiere convencer a los adultos de que entren en “pánico” y reaccionen ante el cambio climático, pero que las iniciativas a las que “quiere que se preste más dinero y atención, son increíblemente ineficaces y caras”, en alusión al Acuerdo de París.

“Los adultos continúan diciendo que se lo deben a las personas más jóvenes para darles esperanza, pero yo no quiero tu esperanza. No quiero que estés esperanzado, yo quiero que estés aterrado. Quiero que sientas el miedo que yo siento día a día, y quiero que actúes como si estuvieras en una crisis, como si una casa se estuviera incendiando, porque eso está pasando”, aseguró la activista en el Foro Económico Mundial en Davos.

Thunberg es promotora de un movimiento que solicita replantearse la necesidad de viajar en avión, en vista de la cantidad de dióxido de carbono que este transporte emite en cada desplazamiento. El término sueco para esto es “flygskam”, que en español se traduce como “vergüenza de volar”. 

Es por ello que emprendió una travesía de dos semanas en velero desde la ciudad inglesa Plymouth hasta Nueva York, en Estados Unidos, para participar en una cumbre sobre cambio climático auspiciada por la ONU el 23 de septiembre. También será parte de diversas protestas ecologistas y luego se dirigirá a la COP25 en Chile, aunque aún no se ha dicho cuál será su medio de transporte para dirigirse a América del Sur.

La adolescente precisamente había puesto en duda su participación en estos eventos por su negativa a desplazarse en avión. Hasta que un miembro de la familia real de Mónaco, Pierre Casiraghi, hijo de la princesa Carolina de Mónaco, le ofreció el Malizia II para atravesar el océano. 

La huella de carbono del velero de 18 metros de eslora es casi igual a cero, pues funciona con paneles solares y turbinas submarinas. En el barco no hay cocina, solo una hornilla a gas para calentar agua, sus tripulantes deben dormir en sacos sobre el suelo, la comida a bordo es vegana liofilizada (deshidratada) y utilizan como retrete una cubo de plástico. No obstante, este viaje por mar sí tendrá consecuencias sobre el planeta. 

El diario alemán TAZ publicó una entrevista con Andreas Kling, portavoz de Boris Herrmann, capitán del velero, en la que admite que al menos cinco marineros tendrán que viajar en avión desde Reino Unido hasta Nueva York para encargarse del regreso del barco. Herrmann también hará el viaje de regreso en avión. Por este aspecto, Thunberg ha recibido críticas pues si hubiese viajado en avión sola con su padre se habrían causado menos emisiones de gases de efecto invernadero. El equipo ha respondido que la contaminación producida por el desplazamiento será “completamente compensada”.

“Planeamos este viaje a Nueva York en el último minuto… son cuatro miembros del equipo los que traerán el barco”, dijo a AFP Holly Cova, responsable del equipo del Malizia, y señaló que si bien habrá compensaciones, el viaje en velero fue una “solución imperfecta”.

Thunberg ganó reconocimiento gracias al movimiento “Fridays for future”, huelgas escolares realizadas los viernes de cada semana cuando, al principio sola y luego de forma global, los estudiantes se manifestaban contra la inacción de los gobiernos ante el cambio climático. La activista comenzó en agosto de 2018 frente al Parlamento sueco. En marzo de 2019 la protesta se reprodujo en ciudades como Sidney, Copenhague, Londres, Berlín, Roma y Hong Kong.

Lomberg les responde. “Las huelgas climáticas en las escuelas tendrían más sentido si hubiéramos resuelto todos los demás desafíos. Pero este año veremos a 5,4 millones de niños morir antes de los cinco años; a más de 250 millones de niños sin escolarizar; a casi mil millones de personas que mueren de hambre, y a más de dos mil millones que carecen de agua y saneamiento”, escribió en su texto Una lucha ineficaz.

El danés opina que los huelguistas deben pedir “menos promesas vacías como las de París”, e insistir en la inversión en investigación y desarrollo para garantizar que el precio de la energía verde caiga por debajo de los combustibles fósiles. 

“Los escolares huelguistas se ven obligados a llamar la atención de los adultos utilizando una retórica infundada para promover soluciones increíblemente costosas e ineficaces, en lugar de insistir en soluciones más inteligentes. Y deberían esforzarse el doble en sus estudios para formar parte de la generación que encontrará vacunas para la malaria, combatirá el hambre, luchará contra el cáncer, y que también innovará sobre la energía verde para hacerla tan barata que eventualmente socavará los combustibles fósiles y resolverá el cambio climático para siempre”, concluye Lomberg.

¿La Tierra se está volviendo más verde?

Matt Ridley, doctor en Zoología por la Universidad de Oxford, periodista científico y quien se define a sí mismo como un optimista racional también cuestiona a “los activistas que viven del miedo al cambio climático”. A principios de julio publicó un artículo titulado Alégrate, la Tierra se está volviendo más verde, en el que explica que la ecologización global está ocurriendo más rápido que el cambio climático. “La cantidad de vegetación que crece en la tierra ha aumentado cada año durante al menos 30 años. La evidencia proviene de la tasa de crecimiento de las plantas y de los datos satelitales”, detalla en la nota reproducida en la web de HumanProgress.org. 

El investigador subraya que en 2016, 32 autores de 24 instituciones -en ocho países- concluyeron que hubo un aumento de aproximadamente 14% en la vegetación verde durante 30 años, y el estudio atribuyó el 70% de este aumento al dióxido de carbono adicional en la atmósfera. “El autor principal del estudio, Zaichun Zhu, de la Universidad de Beijing, dice que esto es equivalente a agregar un nuevo continente de vegetación verde dos veces el tamaño de los Estados Unidos continentales”, cita Ridley y agrega que la ecologización ha afectado a todos los ecosistemas. 

“No debería haber ninguna sorpresa sobre esta noticia. Se han llevado a cabo miles de experimentos durante muchos años en los que los niveles de CO2 se han incrementado en cultivos o ecosistemas silvestres y se ha impulsado su crecimiento. Los propietarios de invernaderos comerciales suelen bombear CO2 al aire para acelerar el crecimiento de las plantas. El CO2 es alimento vegetal”, destaca.

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