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Publicado el 28 de junio, 2019

«Astucia colaborativa» para encontrar soluciones: el «método Sichel» en Desarrollo Social

Autor:

Mariela Herrera

«Mientras en la Nueva Mayoría hubo bullying a lo diferente, en la centroderecha ha habido aceptación», comenta el ministro Sebastián Sichel en entrevista con El Líbero. El secretario de Estado (ex militante DC y ex Ciudadanos), que juró en su nuevo cargo hace solo 10 días, entrega su visión de la política, de cómo llevar adelante la agenda de su cartera y de su estilo. «Desarrollo social y crecimiento son parte de la misma estrategia», subraya.

Autor:

Mariela Herrera

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«Todas las conversaciones que he tenido con el Presidente han sido sobre cómo veo a Chile en los próximos 20 años, qué pienso de las políticas sociales, de la política de emprendimiento», revela el ministro de Desarrollo Social, Sebastián Sichel. En conversación con El Líbero, el secretario de Estado explica cómo llevará adelante una cartera con una amplia agenda que incluye complejos temas como Infancia, Clase Media Protegida, y La Araucanía.

En la oficina que hoy ocupa en La Monea se le ve cómodo. A ratos pareciera que su historia personal se cruzara con su mirada sobre la política y la labor que debe desarrollar el Estado.

En su antebrazo luce un tatuaje con la imagen de una trucha. “Es uno de muchos”, dice. Pero ese es especial. Se lo hizo junto a sus hermanos tras la muerte de su padre. Una manera de estar unido para siempre con quienes no tiene lazos de sangre, pero sí afectivos. Así es como el ministro lleva en la piel una historia personal de abandonos y reencuentros.

Y también pareciera reflejarse en su trayectoria. La nueva cabeza de Desarrollo Social y Familia ha vivido distintos procesos. Tras su militancia en la DC vino el desencanto; luego de fundar Ciudadanos, nuevamente el desencanto. La política como una pelea entre izquierda y derecha, entre negro y blanco, le molesta. Lo ve pasado de moda e inútil. No cree en ello y se define con orgullo de centro. «No como un espacio de empate como antiguamente se calificaba de amarillismo, sino que es un espacio de encuentro, de acuerdos, de gradualidad y, algo más profundo, es un espacio de no contradicciones”. Donde conviven “el crecimiento y la igualdad”.

-Usted dijo recientemente que esta fase del ministerio era de “terreno”. En estos 10 días que lleva en el cargo ¿cuánta calle ha hecho?

-Toda lo que he podido. Llegué a Chile el domingo 16, esa misma noche fui a un refugio con el Presidente Piñera. En medio de eso estamos conformando equipos, viendo las estrategias. Pero es muy de mi estilo escuchar mucho. No es solo ponerse bototos para meterse al barro, sino que es caminar donde está la gente y escuchar mucho más. Estuve el martes en La Florida con una comunidad mapuche urbana, esa noche vimos el partido de Chile en un refugio con gente que está en Código Azul. Y ahora, dos días en La Araucanía. Mi sensación y la del gobierno, lo que conversé con el Presidente Piñera, es que la idea de ponerse bototos tiene que ver con un Ministerio de Desarrollo Social que trabaja mucho más dialogando y escuchando y desde ahí encuentra soluciones que solo diseñando políticas públicas. Además, es parte del ADN de por qué estoy aquí. Uno de los dilemas es que, en general, se diseñan soluciones sin que la gente sea partícipe de ellas. La idea de la cohesión social no es que la política sea una lista de supermercado donde se den soluciones, sino que tiene que ver con romper las asimetrías de poder, entre el poder y las personas. Y, por lo tanto, vincularse horizontalmente con los ciudadanos.

-Usted dijo que era «un orgullo suceder a Alfredo Moreno» en el ministerio y destacó su gestión. ¿Precisamente su salida del ministerio no supone que el gobierno esté claudicando en la amplia agenda que tenía de clase media protegida, Araucanía, Compromiso País, familia e infancia?

-Si el Presidente tomó la riesgosa decisión política de poner a un independiente como yo en este cargo, creo que es lo más lejano a abandonar una agenda. He leído eso en algunos análisis y es una mirada que me parece extraña porque el Presidente tomó la decisión de poner a alguien que hizo un buen ministerio, como Alfredo Moreno, en otro ministerio que es muy relevante como Obras Públicas. Y yo venía de un cargo más técnico como la Corfo y me «sube» acá con el costo político que significaba. En un ninguno de los dos casos se está abandonando algo. Al revés, mi sensación, y lo que me ha transmitido el Presidente, es que la estrategia del gobierno fue profundizar la gestión en materia social y en materia de crecimiento y desarrollo. Por lo tanto, lo que está haciendo es que desarrollo social y crecimiento son parte de la misma estrategia. La cantidad de tinta que se gasta entre analistas tratando de buscar algún tipo de conspiración… (se ríe). Yo me rebelo ante la “conspiranoia” de los analistas. Acá trajo a alguien joven, que había hecho una buena gestión en Corfo, que además venía de un mundo de centro.

No hay un país que espera que el gobierno lo ayude, sino que hay un país de mérito, de esfuerzo, de sacrificio, que espera tener un gobierno más eficiente y que haga bien las cosas».

-Al ministro Moreno se le reconocen habilidades como ser un buen negociador, que tiene amplia agenda de contactos. ¿Cuáles son las habilidades suyas y cómo pretende utilizarlas?

-No me gusta la autodefinición. Tengo un mandato y lo voy a tratar de profundizar de acuerdo con lo que entiendo como habilidades y cómo se pueden manifestar en este ministerio. Primero, es un ministerio todo terreno; segundo, es escuchar y tercero, es que todos los diseños de las políticas públicas tienen que ser graduales, no existen los magos acá. Desconfío de la gente que tiene soluciones grandilocuentes para todo. Yo soy lo contrario, tiendo a asumir que no sé, y voy escuchando, probando las soluciones y escalándolas en el mediano plazo. Un cuarto punto tiene que ver con una profunda convicción que acá no hay un país que espera que el gobierno lo ayude, sino que hay un país de mérito, de esfuerzo, de sacrificio, que espera tener un gobierno más eficiente y que haga bien las cosas. Romper ese paradigma de un Estado que tiene soluciones para todo tiene que ver con una nueva era de la política, que asume que las soluciones son colaborativas, que requiere astucia colaborativa con la sociedad civil.

El poder ya no es un mago que entrega soluciones, sino que es una herramienta que facilita la astucia colaborativa para encontrar mejores soluciones. Eso es lo que puedo aportar en este ministerio».

«He aprendido esto en mi experiencia personal: como usuario a veces de programas sociales, como profesional habiendo trabajado en la academia, en el mundo privado, y en lo público. Como decía una vez: he emitido facturas, he emitido decretos y he tomado exámenes de grado. He vivido en barrio de clase baja, media y alta. Es una experiencia vital para entender cómo cambia el mundo. El poder ya no es un mago que entrega soluciones, sino que es una herramienta que facilita la astucia colaborativa para encontrar mejores soluciones. Eso es lo que puedo aportar en este ministerio».

«El centro no es neutralidad, es un espacio de encuentro, de acuerdos, de gradualidad»

-Se define como “hombre de centro”. ¿Cómo se aplica el “camino centrista” en temas como La Araucanía, la clase media protegida?

-Hay dos formas de mirar el centro: como una neutralidad, un espacio de empate como antiguamente se calificaba de amarillismo; o como lo veo yo: un espacio de encuentro, de acuerdos, de gradualidad, y algo más profundo, es un espacio de no contradicciones. Le ha hecho muy mal a Chile la discusión de los últimos 20 años como si el crecimiento y la igualdad fueran contradictorios. El gobierno pasado de Bachelet fue el paradigma de eso. Y en este gobierno ese paradigma se rompió. No hay contradicción entre igualdad y crecimiento sino que convivencia absoluta, se requiere crecimiento para tener igualdad. Y ser de centro es creer que esas dos fuerzas conviven, lo mismo pasa con la democracia. Entre algunos que creen que la democracia es un simple juego de mayorías y minorías, donde la mayoría se impone y la minoría se calla; o los que creen que es el control de la minoría vía asambleísmo. Yo creo que es un espacio deliberativo, en que la conversación entre dos agrega valor, por lo tanto, se encuentran mejores soluciones. Eso es de centro. Entre los conservadores que creen que no hay que cambiar nada y los revolucionarios que creen que hay que cambiarlo todo, está el reformismo que cree que hay que ir gradualmente haciendo nuevas reformas que mejoren las políticas públicas, sociales. ¿Ves que hay una fórmula detrás? Yo escribí harto de esto, de hecho, estoy escribiendo con Mariana Aylwin de esto. No es un espacio de neutralidad, son definiciones súper concretas. Es el reformismo gradualista o el avance metódico para perfeccionar nuestras instituciones y políticas públicas.

-¿Y cómo se lleva esa mirada a las tareas concretas de esta cartera? ¿En La Araucanía por ejemplo?

-Lo mismo. En La Araucanía no hay soluciones mágicas ni revolucionarias. No se soluciona en un año. Hay que hacer procesos de reformas, y que sean parciales y no totales. Por ejemplo, hay que ir probando para mejorar el estatuto de la propiedad indígena, hay que hacer planes de inversión pública, no solo los privados, sino que también el Estado. Y se deben construir acuerdos. En estrategia para la clase media, entre la idea del gobierno pasado de asignar derechos a todo el mundo y la convicción que hay que focalizarse solo en políticas sociales, en este gobierno creemos que es una mixtura entre ambos. Ante la contingencia, entregar seguridad. Lo mismo con la niñez. Siempre estamos en la respuesta a niños que están en situación de riesgo. El diseño “centrista” o “reformista” es uno que sea capaz de poner alertas tempranas respecto de los riesgos que enfrenta la niñez. A toda la niñez, hay violencia en clase alta, en clase media y en clase baja.

Antes era mucho más importante la comisionitis que la solucionática. Lo que hemos hecho como gobierno es entrarle con todo para buscar soluciones urgentes en tema pensiones y modernización tributaria».

-¿Esa misma mirada de centro cómo la lleva a temas clave de este gobierno como la reforma tributaria y la de pensiones? ¿Cuál es su opinión al respecto? El Presidente les ha dado un foco hacia la “clase media” precisamente.

-Tengo una convicción brutal de que este gobierno le ha puesto sentido de urgencia a reformas que son clave para todos los chilenos. Ha roto la inercia en este tema, si seguíamos haciendo comisiones sobre la reforma de pensiones podían pasar tres generaciones muriendo sin tener mejores pensiones. Y lo mismo pasa con el sistema tributario. Se hizo una reforma para mejorar la recaudación, pero nunca se ha hecho una modernización pensado en el alivio para la clase media. Esa mirada de urgencia se había perdido en las políticas públicas. Antes era mucho más importante la reflexión política, el debate, la comisionitis que la solucionática. Lo que hemos hecho como gobierno es entrarle con todo para buscar soluciones urgentes en tema pensiones y modernización tributaria». Necesitamos que las pensiones se puedan subir ya el 1 de enero. Y en eso la Democracia Cristiana ha colaborado.

-Como ex DC, ¿qué opina de los acuerdos que en esta materia está llegando la directiva de ese partido con el gobierno?

-Soy ex DC como hace 6 años, pero bueno… (se ríe). Me gusta ver a la DC en esa actitud. Hay una propuesta del gobierno y ellos le quieren agregar valor con las ideas que le puedan sumar. Y me gusta ver a la DC y a cualquier partido en ese espacio. Me suena tan extraño ver al Partido Socialista con esta mirada como de negar cualquier posibilidad de acuerdo porque es de oposición. ¡Si la reforma tributaria del gobierno de Patricio Aylwin se construyó desde la UDI hasta toda la Concertación!

-De hecho, Foxley como ministro de Hacienda, con Piñera cuando era senador…

-Claro, y es bien loco que hoy estén en la lógica de los ’60 donde tienes que decirle que no a las reformas aunque tengan sentido de urgencia. No sé si el Partido Socialista no cree que es urgente la reforma al sistema de pensiones o modernizar la reforma tributaria. Creo que sí las consideran importantes y aún así se niegan a debatir de eso. Es delirante esa lógica porque inmoviliza a los países.

-Y también han criticado a quien sí busca acuerdos, como la DC.

-Empiezan con una épica de bullying colectivo. Por el solo hecho de encontrar bueno lo del otro te hacen bullying. Ya no es solo volver a los ’60 sino que es pasar a una política de ajedrez en que unos son las piezas negras y otros las blancas y uno de los dos tiene que ganar. La política no es un juego de ajedrez. En la política se agrega valor, eso es la democracia. Me gustan mucho más los partidos con la actitud de la DC o la de Chile Vamos. El gobierno está con la voluntad de construir acuerdos que era mucho de los 90 y que permitió que Chile se desarrollara como lo hizo y que perdimos tanto en los últimos 4 años. Sentido de urgencia, mejores proyectos de ley para los chilenos y acuerdos. Esa tríada, sea este gobierno de centroderecha -que espero que continúe dos o tres veces más- o de otro color, espero que sea la máxima que prime en la política y no la lógica de la trinchera que puede llevar a que nos farreemos la oportunidad de ser un país desarrollado. Es un riesgo que tuvimos al lado, pero al lado, en los últimos 4 años.

Entre los conservadores que creen que no hay que cambiar nada y los revolucionarios que creen que hay que cambiarlo todo, está el reformismo que cree que hay que ir gradualmente haciendo nuevas reformas que mejoren las políticas públicas, sociales».

-¿Cómo es ser un ministro independiente en un gobierno de coalición? Lo pregunto porque los 7 ministros que han salido del gabinete eran independientes…

-Un ministro siempre está bajo la evaluación del Presidente, es una frase típica, pero es verdad. Mi sensación es que llegué acá por la buena evaluación que se hizo de mi trabajo en Corfo. Todas las conversaciones que he tenido con el Presidente han sido sobre cómo veo a Chile en los próximos 20 años, qué pienso de las políticas sociales, la política de emprendimiento. Y así evalúa a sus equipos, sobre esa mirada. Y acá la máxima es esa, no el cuoteo.

«Mientras en la Nueva Mayoría hubo bullying a lo diferente, en la centroderecha ha habido aceptación»

-Pocos días antes del cambio de gabinete, otro Presidente de centroderecha, muy cercano, como Mauricio Macri, optó por un candidato a vicepresidente peronista. Con eso, se dijo en Argentina, se buscan votos o se garantiza gobernabilidad porque facilita las negociaciones y los acuerdos. En su caso, ¿usted da votos o gobernabilidad? ¿O es un tema más simbólico y no es esa su función?

-Mi sensación es que los gobiernos se construyen con talentos de distinta índole. Creo que el Presidente busca esta mixtura de gente no solo de dónde vienen de origen político sino que también de cuáles son sus capacidades individuales en los roles que cada uno cumple. Obviamente, y lo asumo, parte de mi rol es representar a otro mundo cultural. Tengo otra historia de vida, de política, también de generación. Con el ministro Blumel somos los más jóvenes del gabinete. Acá hay un gobierno que ganó con una mayoría política y que tiene que avanzar cada día más a una mayoría cultural para darle gobernabilidad a Chile en los próximos periodos. Y esa gobernabilidad va a estar dada por una centroderecha que gobierna, pero que se amplía a culturas independientes, a otros mundos, a otras culturas sociales, a mundos que no son políticos. Si uno mira para atrás, la clave de la Concertación fue exactamente eso, era mucho más que un grupo de partidos políticos que se ponían de acuerdo para gobernar. Y el gran fracaso de la Nueva Mayoría fue creer que solo sumar partidos políticos era lo mismo que sumar mayorías culturales.

-¿Cómo vivió ese cambio usted en la centroizquierda?

-En 2013 me alejé de la Nueva Mayoría después de la reforma tributaria. En 2014, con Andrés Velasco, tratamos de armar un partido que se independizó de ese mundo de origen. Y en 2015 con la Mariana, Juan José, el Pato Artiagoitía, Rafel Guilisasti, Jorge Errázuriz, Silvia Eyzaguirre, Ricardo Escobar y más de 300 personas empezamos a ver la centroderecha como una alternativa de gobierno. Y la mayoría de nosotros apoyó a Sebastián Piñera. Aquí ha habido una transición cultural mutua, de un mundo de centro que una vez se vio representado por la Concertación, que se fue alejando de la Nueva Mayoría, y que termina convencido que la forma de asegurar gobernabilidad es construir grandes mayorías. ¿Con quién? Con aquellos que estén más cerca a lo que uno piense y hoy día es la centroderecha. Y mientras la izquierda se izquierdizó, la centroderecha fue creciendo hacia el centro manteniendo su identidad cultural. Mientras en la Nueva Mayoría hubo bullying a lo diferente, en la centroderecha ha habido aceptación, tolerancia y crecimiento hacia la diversidad. Esa es la gran mayoría. Ese es el gran cambio de paradigma donde la NM está en un páramo permanente que no sabe hacia dónde va y acá tenemos la posibilidad de darle gobernabilidad a Chile hacia adelante. Porque aquí hay una construcción de una mayoría cultural amplia y se valora la diversidad.

-El Presidente Piñera dijo que quería terminar con la sensación de pesimismo, poner a “Chile en marcha”. ¿En Desarrollo Social cuáles son las metas concretas que le pidieron? ¿En temas y tiempos, plazos?

-En primer lugar, seguir con la idea de los niños primero y sacar las reformas del sistema de protección a la infancia, urgente. Y avanzar en un sistema de alerta temprana para contingencias de la niñez. Es un desafío como Estado gigantesco, que la agenda niñez no solo sea una agenda de protección sino que también de prevención ante cualquier afectación de los derechos de la infancia. Segundo: clase media, clase media y clase media. Avanzar como Estado que facilita su acceso a garantías. Tercero, cohesión social e integración social mucho más fuerte. Esto significa, en concreto, avanzar en la calidad de vida de las ciudades, mejorar integración de los barrios, disminuir la distancia entre la élite y el ciudadano común. Penetrar la élite con nuevas élites que se incorporan al desarrollo y esto tiene que ver con fortalecer los colegios públicos de excelencia y ampliar los espacios de participación. Y un cuarto, es mejorar el Estado, hacerlo más innovador, más emprendedor.

-¿Y en La Araucanía? Distintos actores de la zona le asignaron «tareas» como reformar la Conadi, apurar la agenda legislativa, y tener mayor relación con autoridades locales. ¿Cómo abordará esos temas?

-Primero quiero escuchar un poquito, pero con una certeza: aquí hay que tener objetivos claros y pocos. La grandilocuencia, la idea del discurso de que vamos a solucionar todos los problemas de una vez, puede ser un pantano. Me gustaría que nos pusiéramos de acuerdo sobre cuál es el objetivo en el corto plazo en el campo legal; en la eficacia del uso y la propiedad de la tierra indígena; cuál es el cambio constitucional que necesitamos más urgentemente; en el Plan Impulsa, cuáles son lo proyectos que van a marcar la diferencia para la actividad productiva. Todo con un solo norte: La Araucanía no puede ser la región más pobre cuando es una de las más ricas en recursos naturales, patrimonio cultural e indígena.

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