En los últimos días, distintos matinales de televisión han dado cuenta de un éxodo de migrantes –principalmente venezolanos– que abandonan Chile cruzando de madrugada por el Paso Fronterizo Chacalluta hacia Perú.
Este fenómeno ha sido asociado a los anuncios del candidato presidencial José Antonio Kast, quien advirtió que, de llegar a La Moneda, iniciará expulsiones masivas de migrantes irregulares. Los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y el Servicio Nacional de Migraciones (Sermig) calculaban que en 2023 la población extranjera residente en Chile era de de cerca de 1,9 millones, de los cuales unas 336.984 personas estarían en situación irregular.
Frente a este escenario, el exdirector nacional de Migraciones del gobierno de Sebastián Piñera, Álvaro Bellolio, conversa con El Líbero y analiza las razones detrás de este éxodo. A su juicio, de ganar Kast “el efecto psicológico de un cambio de escenario político puede empujar a miles de personas a salir anticipadamente” de Chile. Sin embargo, hace la salvedad de que la reducción significativa de migrantes en condición irregular es viable solo “si la estrategia se fundamenta en salidas voluntarias y presión real del Estado” y que para ello tampoco basta un único período presidencial.
Bellolio, director de la Escuela de Gobierno de la UNAB, además señala que la gestión migratoria del Gobierno actual “es, sin exagerar, la peor que ha tenido Chile en décadas”.
–Medios del Perú y programas de televisión de Chile han reseñado que migrantes, principalmente venezolanos, se aglutinan en las noches en Tacna para pasar la frontera e irse de Chile. ¿A qué cree usted que obedece este fenómeno?
–Lo que se observa en Tacna es una combinación de expectativas, señales políticas y facilidad operativa. Existe una expectativa creciente entre quienes están irregulares en Chile frente a un posible cambio de política migratoria más estricta. A eso se suma el relato instalado por medios y autoridades peruanas sobre un eventual “éxodo desde Chile”.
Pero hay un factor práctico muy relevante: la frontera por Chacalluta es mucho más accesible, por su cercanía con Arica, su infraestructura y su menor complejidad geográfica. A diferencia de la frontera con Bolivia —de gran altura, clima extremo y terreno más hostil— la zona de Tacna permite un cruce relativamente más simple. Eso explica por qué se convierte en un punto de salida preferente.
Lo que vemos no es una salida planificada a gran escala, sino un fenómeno reactivo y desordenado, generado por percepción de riesgo y oportunidad.
–José Antonio Kast ha advertido que si él gana, desde el 11 de marzo comenzará a expulsar a los migrantes irregulares. ¿Cuánto pesan estas declaraciones en lo que estamos viendo en la frontera?
–Influyen de manera significativa. El mensaje de que habrá un plazo para salir voluntariamente y que luego vendrán expulsiones más estrictas cambia la lógica de muchos migrantes irregulares. Lo que antes era incertidumbre, hoy se transforma en una posible cuenta regresiva.
No es la única causa del fenómeno, pero sí actúa como detonante psicológico en personas que viven en una situación precaria y con alto nivel de incertidumbre. Frente a eso, muchos optan por adelantarse a un escenario que perciben como más duro.
Bellolio: «Una reducción significativa de migrantes irregulares sí es viable, si la estrategia se fundamenta en salidas voluntarias y presión real del Estado»
–¿Es posible un éxodo masivo de irregulares en cuatro años, voluntario u obligado? ¿O es difícil que esas personas que ya tienen una vida armada en Chile abandonen el país?
–Es un error pensar que el eje principal deben ser las expulsiones. La mayoría de las salidas, si se quiere que esto sea exitoso, deben ser voluntarias y asistidas, tal como fue irregular, informal o desordenada la forma en que muchos ingresaron al país.
Las expulsiones forzadas son complejas, lentas y dependen de múltiples factores externos. Ningún país logra expulsar masivamente a cientos de miles de personas en pocos años únicamente por la vía coercitiva.
En cambio, si se combinan: señales claras de que la irregularidad no será tolerada, controles reales en calle y frontera, restricciones a beneficios y acceso a servicios para irregulares, y programas de retorno voluntario; es perfectamente posible reducir de manera importante la cantidad de personas en situación irregular, especialmente aquellas con menor nivel de arraigo. Una reducción significativa sí es viable, si la estrategia se fundamenta en salidas voluntarias y presión real del Estado.
–¿Cuántos migrantes irregulares hay actualmente en Chile? ¿Cuántos podrían salir?
–Según el INE, al cierre de 2023 había alrededor de 337 mil personas en situación irregular, lo que representa el triple de lo que existía a fines de 2021. Desde 2022, además, se estiman 150 mil ingresos clandestinos por pasos no habilitados. No todas esas personas saldrán, ni pueden salir en el corto plazo. Pero sí es posible pensar en un escenario donde: 1) Un porcentaje relevante —especialmente quienes llevan menos tiempo, no tienen contrato formal o redes familiares sólidas— opte por salir voluntariamente. Y 2) Otro grupo, vinculado a delitos o reincidencia en irregularidad, enfrente expulsión forzada. En un escenario realista, se podría reducir el universo de irregulares en decenas de miles, pero no erradicarlo completamente en un período presidencial.
–¿Este fenómeno es posible de cuantificar? Es decir, la PDI por ejemplo podría saber cuánta gente se está yendo? O la cifra quedará en negro.
–Sólo se podrá cuantificar parcialmente. La PDI registra las salidas formales por pasos habilitados, pero muchas personas intentan cruzar por zonas informales o quedan varadas cuando Perú niega su ingreso. Por tanto, siempre habrá un porcentaje no registrado.
Lo que sí se puede observar es la tendencia: aumento de salidas formales, disminución de controles en comunas con alta población migrante, cambios en el empadronamiento y en la presión sobre servicios en el norte. Eso permitirá aproximaciones razonables, pero nunca una cifra exacta.
Bellolio: «El efecto psicológico de un cambio de escenario político puede empujar a miles de personas a salir»
–¿Si en diciembre llega a ganar Kast, el número de personas que se van podría aumentar? ¿O los incentivos para quedarse en Chile son mayores?
–Es altamente probable que haya un aumento inicial de salidas tras su eventual victoria y, aún más, cuando se acerque la fecha de cambio de mando. El efecto psicológico de un cambio de escenario político puede empujar a miles de personas a salir anticipadamente. Luego, el ritmo dependerá de si efectivamente se implementan controles, fiscalización y restricciones reales para quienes permanezcan irregulares. Si el mensaje se respalda con hechos, el incentivo para quedarse ilegalmente disminuye. Si no, el fenómeno se estanca.
–Esta especie de «cuenta regresiva» que hace Kast para que se vayan del país quienes están irregulares, ¿es una forma exitosa de empezar a «ordenar la casa»?
–Como señal política, es poderosa. Establece que la irregularidad no es tolerable y que habrá consecuencias. Pero su efectividad depende enteramente de si va acompañada de: capacidad real de fiscalización, expulsión de quienes no acatan, restricción efectiva de beneficios a personas irregulares, y coordinación internacional.
Si no hay respaldo operativo, la “cuenta regresiva” terminará siendo solo una frase fuerte. Si sí lo hay, puede transformarse en una herramienta importante de ordenamiento. Ahora bien, sólo la candidatura de Kast tiene la capacidad de realizar estas salidas, ya que el comando de Jara es la continuidad del gobierno actual y su política busca terminar la irregularidad al darle visa a quien ingresó clandestinamente.
–¿Cuán clave es la coordinación con los países fronterizos para que esto resulte? En el caso de Perú ellos están militarizando la frontera para evitar la entrada de migrantes desde Chile.
–Es importante considerar que los ciudadanos venezolanos necesitan visa para entrar a Perú, por lo que se espera que las salidas sean a países donde no necesitan visa, como Bolivia, Brasil, o Colombia, donde la gran mayoría de extranjeros clandestinos en Chile tiene una visa vigente. Ahora bien, para otros temas, como expulsiones y otros, se debe considerar convenios para hacer traslados por múltiples vías, como por ejemplo, llegar en avión a Colombia y ahí cruzar por tierra a Venezuela, para garantizar el éxito del viaje.
Bellolio: «Este gobierno ha dado múltiples privilegios a personas en situación clandestina»
–¿Es peligroso generar tanta expectativa diciendo «cerraremos las fronteras», «se tienen que ir todos» si después del 11 de marzo no puede lograrse ya que no depende sólo de la voluntad del nuevo gobierno.
–Sí, pero hoy esa señal contrasta con una realidad aún más peligrosa: un gobierno que ha dado múltiples privilegios a personas en situación clandestina, debilitando la noción básica de que en Chile las reglas se respetan. El problema no es solo crear expectativas, es que hoy existe un incentivo perverso: quien ingresó de forma irregular ha tenido más beneficios, más oportunidades -hoy hay un registro biométrico como primer paso para regularizarse- y más tolerancia que quien ingresó por la vía legal. Eso destruye cualquier lógica de orden. La señal de endurecimiento no solo es comprensible: es necesaria para restituir la autoridad del Estado. El riesgo no está en la señal, sino en no cumplirla después.
–¿Qué medidas destacaría de los programas de José Antonio Kast y Jeannette Jara en materia de migración?
–El Plan Escudo Fronterizo de Kast. Plantea un control permanente, reforzado por tecnología, Fuerzas Armadas y barreras físicas en puntos críticos, con el objetivo de cerrar los pasos clandestinos y recuperar el control efectivo del territorio. Es la medida más concreta, visible y coherente con la urgencia que vive el norte del país. A su vez promete no regularizar y terminar con privilegios a clandestinos.
Jara promete mayor tecnología en frontera, pero con la lógica de que quien ingresa ilegal, si se registra a través de un proceso biométrico, puede quedarse y se le premia con una visa. Esta medida es muy aplaudida por la izquierda nacional e internacional, pero genera un incentivo perverso porque ya no hay necesidad de pedir visa ya que igual te entregan una si se ingresa ilegalmente.
–Este gobierno está próximo a terminar. ¿Cómo evalúa la gestión que ha tenido en materia migratoria y control de fronteras?
–Es, sin exagerar, la peor gestión migratoria que ha tenido Chile en décadas. Triplicó la cifra de migrantes irregulares entre fines del 2021 y 2023, según el INE y el Servicio de Migraciones. Permitió más de 150 mil ingresos clandestinos según los datos PDI, casi el doble de los ingresos de la administración anterior. Celebra cifras que en realidad son desastrosas. Hoy los extranjeros representan un 16% del total de presos, cuando según el Censo son menos del 9% de la población. Este dato se triplicó en estos tres años. No ha tenido voluntad política real para controlar la frontera. No ha mostrado capacidad de gestión ni ejecución. Las expulsiones totales bajaron casi a la mitad en comparación con el periodo anterior. Ha impulsado una lógica de perdonazos y beneficios para personas que ingresaron ilegalmente.
El resultado es un país más inseguro, más tensionado socialmente y con una pérdida grave de autoridad del Estado. El próximo gobierno heredará no solo un problema humanitario, sino un problema de soberanía y de control territorial.

Esta realidad que nos señala Álvaro Bellolio es una demostración más del desastroso gobierno de Gabriel Boric y su permisividad fronteriza. Los hijos de ilegales tienen más beneficios que los hijos de chilenos en educación, lo que es no solo inaceptable e injusto sino que es otro incentivo a la migración ilegal.