Credit: Municipalidad de Vitacura

Se anuncia en la prensa, un comodato por 50 años del Estado chileno al Banco CAF (ex Corporación Andina de Fomento). Esta entidad ha iniciado una ofensiva brutal para hacerse un espacio en la constelación de instituciones multinacionales que adornan el cielo de la comuna de Vitacura. Cerca de buenos restaurantes y hoteles elegantes y con buen acceso hacia el aeropuerto de Santiago, más burócratas se instalarán en Chile. No basta con Banco Estado, la Corfo, el BID, la IFC (Internacional Finance Corporation) y la voluminosa Cepal.

Se muestra al Banco CAF como “promotor de desarrollo sostenible e integración regional”. Un ente más, con los mismos objetivos de otras entidades. La diferencia con el BID es que en el CAF no está Estados Unidos. Chile comprometió aportes por US$ 1600 millones. También las facilidades para acoger a un tremendo edificio en Vitacura para albergar funcionarios.

La sede original de Caracas, con Maduro en el poder, dejó de tener relevancia como casa matriz. En la práctica es ahora Panamá la sede, pero se potencia a futuro Santiago de Chile. (En Panamá hace mucho calor). Los funcionarios no pagan impuestos y tampoco las entidades pagan contribuciones. Sus horarios de trabajo son laxos y la ley chilena no rige para sus funcionarios “internacionales”. A todo lo anterior, se suma otro inverosímil proyecto para crear en Chile una Agencia para el Financiamiento e Inversión para el Desarrollo (Afilde).

Este nuevo “invento” del gobierno de Boric y sus secuaces, solo busca aumentar las fuentes de empleo para los burócratas que tras dejar el poder son “acogidos” por el sistema de Naciones Unidas y entidades relacionadas. Ellos son una casta difícil de penetrar. Se auditan entre ellos, ganan buenos salarios y son en general académicos mediocres o funcionarios que creen que lo que hacen ellos ayudará a disminuir la pobreza. En general estos organismos son políticos. Otorgan créditos por presiones y con garantías insuficientes, salvo cuando son con el aval del Estado, en que los contribuyentes terminamos pagando la cuenta.

Como quienes aprueban estas capitalizaciones son parlamentarios con muy poco conocimiento del mundo financiero, se dejan engatusar por los gestores de estas propuestas. Es una vergüenza la complicidad de académicos, empresarios y gremios, que no alzan la voz para impedir que la “farándula multinacional” siga creciendo a costa de los impuestos de los ciudadanos. La Cepal será vecina del Banco CAF. No más instituciones inútiles. No más estudios utópicos. Un llamado a la realidad, al sentido común. La economía chilena no necesita aquí las casas matrices de entidades que en rigor no aportan nada al desarrollo de Chile. Que instalen sus casas matrices en Venezuela, Cuba o Nicaragua. Sus funcionarios deben vivir donde está la necesidad y no donde tengan mejores casas y colegios para sus familias. Los 13 años de la marxista mexicana Alicia Bárcena, al mando de la Cepal, parece que no fueron suficientes para entender que estas entidades son un gran show. Ojalá que el nuevo gobierno del Presidente Kast, le ponga coto a este exponencial auge de instituciones ineficientes e invasoras del rol de los privados en el sistema financiero. Para defenderse de sus detractores, son expertos en contratar funcionarios de distintas “sensibilidades”, quienes ya contratados se transforman en fervientes defensores de la necesidad de estos paquidermos institucionales. Un llamado al realismo y al sentido común. No más diversión con recursos de todos los chilenos.

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