Tras más de 40 años vinculado a gremios empresariales de distintas industrias, me permito plantear algunas inquietudes y propuestas que me parecen urgentes de considerar.

He tenido la oportunidad de conocer, desde hace años, cómo se organiza el empresariado español, lo que puede darnos algunas “luces”. En la madre patria, los gremios grandes y pequeños se cobijan bajo la CEOE, que es la Confederación Española de Organizaciones Empresariales. Grandes y chicos cuelgan de ahí y son interlocutores de los gobiernos y su peso es relevante.

En Chile, los grandes empresarios o las empresas más grandes están representadas de distintas maneras. En concreto, existe la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), que agrupa a las seis ramas representativas de distintos sectores productivos. Tenemos entonces, a la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), que es el gremio más antiguo de Chile; la Cámara Chilena de la Construcción (CChC); la Sociedad Nacional de Minería (SONAMI); la Cámara Nacional de Comercio (CNC); la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (ABIF), y la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa).

Estos seis gremios eligen a la cúpula de la CPC, cuya presidencia va rotando entre los distintos gremios. Las seis ramas controlan INACAP, que es la institución de educación más grande de Chile. Además, son relevantes en las mutuales y cada rama de manera directa o indirecta, en instituciones de educación, financieras, cajas de compensación, entidades vinculadas a la salud etc. etc.

Además de los gremios amparados en la CPC, existe ICARE, con un rol en cierta medida “competitivo”, con los demás gremios. A lo anterior le sumamos la Cámara de Comercio de Santiago (CCS) y una larga lista de otros organismos gremiales como ASECH, Asimet, la Multigremial y muchas otras que son parte de gremios más amplios.

Mi experiencia indica que hay una serie de situaciones que atentan gravemente en contra de la eficiencia de los gremios. Como primer aspecto, debo mencionar la aproximación al gobierno de turno, en que existe una loca competencia de cada gremio individual por ser protagonista y capaz de acceder a las autoridades de manera más expedita. El tema aquí es que no hay claridad o una definición más precisa de cuáles temas son atingentes a todos los gremios (temas transversales) y cuáles son específico de cada sector productivo (temas específicos).

Lo lógico sería -cuestión que no lo es- que los temas transversales se discutan con las autoridades a través de la CPC. Me refiero a impuestos, normas laborales, salarios mínimos, jornadas laborales, seguridad jurídica, seguridad pública, relaciones y tratados internacionales, libre competencia, temas de política económica, etc. Ahora bien, los temas relacionados directamente con cada industria deberían ser tratados por los gremios específicos con la autoridad específica. Ejemplos: normas técnicas de construcción o reglamento fitosanitario o seguridad en la minería o reglamentación bancaria específica, por nombrar algunos. Hoy en día, los ministros y sus equipos son abordados de manera desordenada por cada gremio que crea necesario hablar con alguno de ellos. No es razonable y no es eficiente que individualmente se pretenda acceder a los ministros para hablar de los mismos temas y además presentar a la autoridad, propuestas muchas veces contradictorias entre gremios.

Cada gremio invita al Presidente de la República y a los ministros a su encuentro anual, y si el Presidente no puede asistir, se enfadan. Los ministros y sus equipos tienen mucho trabajo por lo que la CPC debería reforzar sus equipos y tener comisiones de trabajo que recojan de los gremios sus ideas y estas se presenten de manera común a la autoridad. Es imperativo que los gremios bajo la CPC tengan un área delimitada, para evitar que estos salgan a cazar asociados, que ya pertenecen a otras ramas. 

También se han producido escisiones, como es el caso de la industria del salmón, en que existe el Consejo del Salmón y SalmonChile; o el caso de SONAMI y el Consejo Minero. Vamos así perdiendo cohesión y fuerza gremial. Cada gremio tiene gerentes, asesores, consejeros, infraestructura, colegios, liceos, OTIC, etc. Y así nos vamos transformando en una ONU gremial, lo que ya sabemos, es poco eficiente.

En el caso de las relaciones internacionales, hay gremios con poca influencia, a pesar de que su impacto es para todos los gremios. Las relaciones con la Cancillería o con Hacienda deberían llevarse adelante de manera ordenada. En materias de FF.AA., hay muy poca interacción de los gremios con el alto mando de las distintas ramas de la Defensa, aunque existen diversos ámbitos de interacción común en construcción naval, en innovación, en investigación, en seguridad y en posibles áreas de colaboración hoy ignoradas. Tampoco existe en Chile un gremio poderoso que represente a las pymes y que puedan hacer sentir su voz y sus dolores. Lo mismo sucede con los jóvenes empresarios, quienes no tienen un gremio que los ampare, a la hora de emprender o de administrar negocios pequeños o medianos. Aquí hay una tarea pendiente, toda vez que en otros países las pymes y los jóvenes son actores en la discusión pública.

Lo que pretendo transmitir es que existe un desorden gremial de ámbitos, propuestas y organización. Los gremios deben primero pensar en Chile y después en su propio gremio. Lo planteado no es una tarea de fácil solución, pero creo que debería ser materia de análisis en cada gremio y obviamente en el seno de la CPC. Lo que yo postulo siento que es algo que muchos comparten, pero como a menudo sucede en Chile, se silencia y no se aborda con altura de miras.                     

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