No cabe duda de que el comienzo de la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha significado un verdadero terremoto para los mercados y la economía global. Por una parte, los índices accionarios como el S&P500 acumula una caída de 5,40% en lo que va del año, en tanto las alzas soberanas americanas se han empinado y el dólar global está en sus mínimos de tres años. Por otro lado, el FMI redujo su pronóstico de crecimiento para el mundo desde 3,3% a 2,8% en 2025.
Conocido es el dicho “De los arrepentidos es el Reino de los Cielos”, una adaptación de un pasaje bíblico del evangelio de San Mateo. Esa parece ser también la situación de Trump, quien en una semana ha dado un pie atrás en al menos cuatro dimensiones con las que anteriormente había avanzado con mucha fuerza.
Uno de los más importantes para la economía global fue el acercamiento de posturas con China. Todo comenzó con la frase expresada por el Secretario del Tesoro, Scott Bessent respecto a que “la guerra comercial es insostenible”. Esa misma tarde, Trump anunciaba que reduciría los aranceles a China sustancialmente, aunque a la fecha no se ha avanzado en medidas concretas. No obstante, el mercado interno americano muestra señales de fatigas y varios se han aventurado a que la situación actual no aguanta siquiera un par de semanas más.
En segunda instancia, Trump ha sido muy crítico con el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, acusándolo de no bajar las tasas. Empujando así a la economía americana a una recesión, con apodos como “Mr. Too Late”. Sin embargo, esta actitud y tono muy inusual en los mercados desarrollados provocó temores sobre el daño institucional, puesto que es presionar explícitamente a un banquero central independiente a tomar acciones determinadas. Solo algunos días después, considerando el mal rendimiento de los bonos del Tesoro, Trump anunciaba que él no pensaba interrumpir el mandato de Powell, quien se mantendrá en su posición hasta mayo de 2026.
Un tercer episodio ocurrió sorpresivamente en los funerales del Papa Francisco. En un encuentro improvisado, Trump y el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, mantuvieron una conversación cercana en medio de uno de los salones del Vaticano, situación opuesta a cuando el mandatario ucraniano fue recibido en el Salón Oval. Otra vez más, contradiciendo el apoyo explícito dado a Moscú, Trump indicaba a Putin que detuviera sus ataques y evidenciaba su apoyo a la nación europea.
Finalmente, más alejado del mercado, pero no menos relevante, Trump dio marcha atrás en la suspensión de visas de más de 1.500 estudiantes extranjeros. Conocido el conflicto entre la administración estadounidense y varias de las más reputadas universidades como Harvard y Columbia, varios expertos han alertado sobre el riesgo de “fuga de cerebros” que podría vivir el país. Eso se ve incluso a un nivel más granular, como ha sido el desplome en las visitas de turistas europeos.
Es muy difícil esclarecer si esto es un cambio de actitud sostenible o parte de su juego de negociación, pero parece ser que, en estos casos, las cartas de póker no han salido como lo esperaba un líder que se jactaba de proponer “con techo pasado” para luego tener espacio de negociar. En ese sentido, esta vez parece ser que el juego lo dominó a él. Las próximas manos de cartas están por verse, aunque Trump podría querer ganarse su “pedacito de Cielo”.
