Ya va quedando poco de este 2024, y se viene un nuevo año lleno de desafíos en aquellas temáticas que afectan más concretamente la calidad de vida de las personas: salud, educación, seguridad, narcotráfico, acceso a la vivienda, salud mental, desarrollo de ciudades y tantas otras que se tomarán la agenda.

La manera más eficiente de abordar estos desafíos es de manera colaborativa entre el Estado, la sociedad civil, los privados y también, la filantropía.

Por dar algunos datos y ejemplos, y recogiendo la información publicada hace unos días en El Mercurio, fundaciones, corporaciones y privados han resuelto, en una lógica de colaboración público-privada, más de 26 mil atenciones de salud, en el marco de un sistema púbico en crisis que mantiene a cerca de tres millones de pacientes en espera. Estas organizaciones movilizan especialistas y voluntarios a regiones aisladas, permitiendo el acceso a cirugías complejas, entre otros aportes concretos.

Por otro lado, en un contexto post pandemia, donde la educación se vio fuertemente afectada, programas como ‘Leer es Poderoso’ de Fundación Familias Primero, e iniciativas como ‘Por un Chile que lee’, y entre tantas otras, están trabajando a lo largo del país implementando proyectos y programas que permiten disminuir esas brechas existentes, mejorando la calidad de la educación pública y particular subvencionada.

Por último, en un contexto de inseguridad en todo tipo de barrios, el creciente narcotráfico y los problemas de salud mental en niños y adolescentes, hay que celebrar que existan fundaciones como Acompañando Pasos, Patio de don Bosco, Deporte Libre, Futbol Más y tantas otras que se apoderan de los barrios para recuperarlos, fortalecer y empoderar a la comunidad, ofrecer espacios seguros para el deporte, espacios de cuidado y  bienestar integral, junto con desarrollar y potenciar habilidades socioemocionales muy relevantes y necesarias hoy.

La filantropía financia parte relevante de estos proyectos y programas, y es muchas veces uno de los actores menos conocidos pero clave en el desarrollo social de los países.

En Chile también existe filantropía y es muy relevante. Tanto empresas, como familias, personas naturales o grupos destinan recursos a apoyar a muchas fundaciones ejecutoras para que piloteen, innoven, escalen y midan el resultado de sus programas y puedan luego proponerlas para instaurarse como políticas públicas y tener así mayor alcance.

La colaboración público-privada hoy es clave para enfrentar de manera innovadora, rápida y democrática las demandas y necesidades existentes, y esto no es propio de Chile sino un fenómeno mundial, donde los Estados no pueden dar soluciones únicas, sino que requiere colaborar con otros actores para atraer recursos, ideas novedosas y voluntarios al servicio de la sociedad.

Tengo la convicción de que el mundo privado, la sociedad civil, la academia y la filantropía están llamados a ponerse al servicio de la sociedad, trabajando en conjunto, donde la inversión social es clave para hacerse cargo de manera conjunta de los desafíos presentes y futuros.

De acuerdo con los datos del CEFIS (Centro de Filantropía e Inversiones Sociales) de la Universidad Adolfo Ibáñez, en los últimos 5 años los montos donados han aumentado en un 57%, lo que muestra una filantropía más presente y fortalecida, lo que auspicia un futuro más colaborativo.

Dada la magnitud de los problemas que enfrentamos, la filantropía se ha sustentado siempre en la colaboración público-privada, no sólo porque los programas y fundaciones que financian son muchas veces colaboradores del Estado, sino que principalmente por los instrumentos que la incentivan. Las leyes de donación son un motor que permite que muchas de las soluciones a problemas públicos de salud, educación y tantos otros puedan llevarse a cabo, y por ende es clave fortalecerlas, simplificarlas, promoverlas y evitar trabas para su uso.

Pensando en este año 2024, donde a raíz del Caso Convenios el Estado ha desarrollado e impulsado iniciativas que han restringido y ahogado económicamente a muchas fundaciones, es fundamental que como país impulsemos el año 2025 las normativas, leyes y políticas públicas que fortalezcan esta tan necesaria colaboración, permitiendo a la filantropía inyectar recursos relevantes, a las fundaciones desarrollar sus programas y al Estado cumplir su rol garante de derechos, fiscalizador pero sobre todo de promotor y fortalecedor de la sociedad civil.

Historiadora y magíster en Sociología Socia de 40c Profesora Sociedad Civil y Filantropía UC

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