El profesor Sergio Muñoz Riveros, a quien respeto por su apreciación política en torno a la democracia como también por su calidad académica, dice en entrevista reciente a El Libero: “Piñera enfrentó una ofensiva antidemocrática y supo defender el edificio institucional. No cedió a la tentación autoritaria. Era un verdadero demócrata”.

Este es un punto en que tengo mis interrogantes, ya que si bien el ex Presidente “salió jugando” de la tremenda afrenta que sufrió él y Chile entero el 18-O -en parte importante por su exitoso manejo de la pandemia-, no parece haber estado a la altura en el cumplimiento de las leyes de resguardo de la paz social y protección del orden público que correspondía por mandato constitucional en una democracia representativa como la chilena.

De lo anterior resultó un largo sufrimiento de muchos ciudadanos. Una gran mayoría de chilenos fueron sorprendidos por el debilitamiento de la institucionalidad y el consecuente violentismo que abrió paso a la famosa “refundación de Chile”, a través de un demencial y costoso proyecto constitucional a partir de hoja en blanco, que contó con el aval del Presidente Boric en todas sus instancias y que finalmente fue rechazado por el 62% de la población en el plebiscito del 4 de septiembre de 2022.

Sin perjuicio de que la historia pueda tener la última palabra, es necesario tener en cuenta lo sucedido como experiencia en el ámbito político. En abono al ex Presidente Piñera, es posible que él hubiese tenido la certeza de que la izquierda había ganado el partido y que avecinándose una confrontación de incierto resultado, y sin apoyo de la fuerza, prefirió dar paso al afiebramiento refundacional de Chile, que suponía un costo social más bajo.

El ex Presidente se jugó por la sensatez cívica republicana alojada ancestralmente en el alma de los chilenos y ganó con el plebiscito mencionado, como también ganó en el manejo de la pandemia que amenazaba con azolar la salud de la nación.

Eso es lo que hoy reconoce y aprecia el pueblo de Chile en sus expresiones de cariño al malogrado Mandatario. Eso es lo que creo que hay que asumir de lo que dice el profesor Muñoz Riveros al señalar que “no cedió a la tentación autoritaria. Era un verdadero demócrata”.

Chile ha sido incendiado y continúa siendo incendiado sin que aparezca solo espontaneidad en los hechos, ni menos acción de la naturaleza, sino más bien un concertado propósito de hacer daño y crear desolación como único elemento que tiene el terrorismo para hacerse un espacio en su frenética búsqueda del poder, que parece írsele escapando, habiendo estado tan cerca de capturarlo.

Sin Piñera, ¿quién asumirá la tarea de la defensa de ese edificio institucional a que se refiere el profesor Muñoz Riveros, cuando a los partidos políticos no se les ve propósito ni compromiso de recapacitar con aquel necesario sentido común que hoy requiere urgencia de jugársela por el bien común? ¿Dejarán de lado los intereses personales e ideologías que se ha demostrado que no aportan nada en beneficio de las necesidades reales de una nación y que arriesgan la paz social, porque se encuentran atrapados en la politiquería partidista que consume el activo más importante de un país que es su institucionalidad democrática?

Hay una orfandad de líderes capaces de aglutinar mayorías con tal propósito. Hay una tremenda y reiterada despreocupación por la educación hoy diezmada por la ideologización de nuestra convivencia social y el control de los estamentos educacionales por la izquierda totalitaria. Esto sólo conduce al caos que ya se manifiesta en los resultados del Simce y la reiterada amenaza de tomas de colegios y liceos con gran despliegue de violencia y docentes sobrepasados en sus funciones.

¿Cómo encauzar la inmadurez republicana de nuestro Chile? ¿Cómo hacer frente a la frivolidad a la que alude el profesor Carlos Peña en una de sus columnas recientes?

Es preciso iniciar una cruzada que permita a los chilenos gozar de un espacio de esperanza en las múltiples elecciones futuras, que tanto le gustan a la fronda política, donde se gastan horas en peleas sin acuerdos y mucho dinero de todos, para que en definitiva los candidatos no demuestren un propósito que vaya por sobre esa frivolidad. En esta línea, nuestro sistema electoral ampara estas conductas, donde el incentivo es ganar codiciados espacios de poder, sin que exista un fondo de consistencia en el compromiso social de paz y mejor educación.

¿Puede tener sentido práctico un espectro político con más de 21 partidos, con una irracional distribución de cargos a llenar, que no considera el número de habitantes por circunscripción, con aspectos antidemocráticos que entre otras falencias tiene la mal entendida paridad de género que puede vulnerar la decisión popular y no respetar el derecho del ganador?

¿Qué esquizofrenia populista ha discernido que a la mujer se reconozca su capacidad natural por una ley que viola su dignidad como tal, para dar gusto a la politiquería que la instrumentaliza con fines interesados, atentando contra el principio sagrado de la democracia, cuál es el respeto al voto, que es la herramienta de expresión popular que habilita a quien ha sido escogido por el pueblo?

¿Puede ser sensato que 21 partidos políticos en el Congreso puedan congeniar en decisiones de bien común? Si ni si quiera se ponen de acuerdo entre dos, ¿cree alguien posible que pueda haber entendimiento entre 21 posturas? Ni el más aturdido de los aturdidos puede creer en que esto sea posible, y perdóneme, lo digo en un lenguaje que esté al alcance de todos, incluidos los aturdidos.

Sensatez es: prudencia, cautela, cordura, discreción, moderación, precaución, sabiduría, mesura, ponderación, juicio, lógica, reflexión, madurez, razón. Cómo no va a existir algún político que conozca el significado de alguna de estas palabras y las practique. Ahora, para practicar algunas de ellas, ciertamente se requiere fortaleza, determinación, honestidad, humildad y respeto. ¿Cómo no va a existir algún político que, siendo idóneo para el cargo, que ciertamente los hay, postule para ejercer tales virtudes?

Para consuelo de los políticos debo decirles que lo anterior nos alcanza a todos en algún momento de la vida, porque somos nada más ni nada menos que seres humanos, de manera que para ser idóneos debemos ganarnos tal condición, actuando como todos sabemos que debemos actuar, ya que por nuestra naturaleza esencialmente social sabemos que debemos vivir en comunidad como único medio para desarrollarnos en paz. Para ello la receta infalible es educar y educarnos.

Sensatez es, por último, ese respeto por los demás que es condición necesaria en los actos comunitarios que nos permiten compartir nuestros potenciales a fin de crecer y vivir en paz y que corresponde a la autoridad política velar por ella. Esta es una lección de silabario, pero la vanidad y la búsqueda del poder desmedido nos nublan la razón para terminar combatiendo entre nosotros.

Por otra parte, no puedo dejar de agregar una preocupación adicional: la falta del aspecto humanitario que nos aleja del sentido de espiritualidad y humildad. Es una carencia que nos hace mucho daño. Cuando desobedecemos ese clamor interior nos incendiamos, autodestruyéndonos como sociedad democrática… por vanidad y aspiraciones de poder.

¿Qué está ocurriendo hoy con la muerte de un ex Presidente? Están sobreviniendo los mea culpa, que tienen mucho valor, aunque sean tardíos. Es reencontrarse con lo que somos: seres humanos que nos debemos respeto y un espacio de paciencia recíproca para escucharnos y asumir lo que es sensato y no lo que está fuera de la profundidad del corazón.

Sin embargo, me surgen dudas respecto del supuesto mea culpa de la primera autoridad del país, que no contó siquiera con la adhesión de sus seguidores, y que suena más instrumental que un genuino esfuerzo de bien común. 

¿Hubo una derogación de las acusaciones contra el difunto Presidente, como señaló el profesor Peña en su columna de El Mercurio? ¿Derogó el Presidente Boric, en consecuencia, “una parte de sí mismo”?

No veo claro que exista tal derogación, ya que en política todo está supeditado a la contingencia, que es la que dicta los comportamientos de conveniencia frente a las situaciones que la dinámica que los actos humanos presentan en un momento dado. Es así como en el actual gobierno lo que se dice en la mañana puede ser cambiado en la tarde, o lo que dice una autoridad, cualquiera sea el rango que ostente, puede contradecir sin más, lo que ha expresado otra, o haber entendido un distinto alcance en relación con un mismo hecho. Descoordinación, inconsistencia deliberada, falta de cuidado, desprolijidad o más bien la frívola falta de respeto a que alude sabiamente el profesor Peña.

La política se dice que es el arte de lo posible, lo que se desdibuja en sus patrones de conducta por la relativización de todo, que no admite principios morales universales o absolutos.

Ad portas de una nueva elección, si no consensuamos en lo que es socialmente afín a los principios de bien común, difícilmente tendremos la paz y bienestar social a que aspiramos.

*Manuel José Noguera, abogado.

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2 Comments

  1. Muy buena columna Manuel José ….. Hacen falta este tipo de comentarios a la actualidad nacional …..

  2. Coincido muy buen artículo y conceptos vertidos. Es difícil que los políticos se auto limiten, a no ser se logre una gran mayoría parlamentaria. La propuesta reciente de nueva cpr tenía dis cosas destacadas, reducir atomizado parlamento, fruto de estúpida derogacion sistema binominal, y le ponía coto y frenos a poder judicial corrupto y prevaricador

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