Hace no mucho la comuna de Santiago era un lugar digno y epicentro de la vida nacional. La hermosura de sus barrios históricos, los tradicionales bares y restaurantes de la zona y el mero placer de pasear por sus frescas galerías, eran un motivo de atracción para la gente de regiones y el turismo internacional, y, por supuesto, de diario esparcimiento para muchos santiaguinos. Lamentablemente, al día de hoy la decadencia se ha instalado en la comuna y mucho antes que orgullo genera miedo, por la delincuencia y el crimen organizado; al mismo tiempo produce pena, por el desorden y suciedad a propósito de la invasión del comercio ilegal, así como al ver el maltrato de nuestros barrios y edificios históricos.
Varios de los rayados y grafitis que ensucian los edificios de Santiago tienen un “valor histórico”: Nos recuerdan el origen de la decadencia de nuestra comuna y sus causantes. El 18 de octubre de 2019 se encuentra escrito en piedra en la memoria de los chilenos como la fecha en que inició la revolución y el intento de golpe de Estado en nuestro país. Pero los miles de rayados apócrifos tienen más antecedentes. Durante largos años, nuestra comuna fue el lugar predilecto para las manifestaciones violentas de distintos signos: la revolución pingüina, el Movimiento Estudiantil, NO+AFP, las tomas de los liceos emblemáticos, por mencionar solo algunas. El problema no eran las manifestaciones, sino la violencia que conllevan.
Justamente fueron esas marchas las que empezaron a ahuyentar a la gente del centro, a obligar al cierre temprano del comercio; a muchas veces dejar víctimas inocentes y saquear locales hasta dejarlos sin nada. Esa cultura fue la que inició esta “huida” del centro -primero de personas y después de todo tipo de empresas- y que encontró su cúlmine destructivo en los días posteriores a la revolución de octubre; fecha en la que nuestra comuna fue el receptáculo de las expresiones revolucionarias, lideradas por el fuego, los enfrentamientos y la destrucción. No sólo fueron las estaciones de Metro, sino que las calles y barrios del centro fueron abrazados por las llamas, desconociendo su valor cultural e histórico, mientras que los vecinos y locatarios quedaron desamparados y abandonados a la suerte de los violentos.
El abandono generó un espacio ideal para una ola de inmigración que vino a poblar la comuna; un verdadero tsunami de gente de distintas nacionalidades y la gran mayoría en situación migratoria derechamente ilegal, que ocupó los espacios comerciales, habitacionales y educativos de Santiago. La masividad y rapidez del fenómeno era inabarcable para la municipalidad, generando un caos social en la comuna. Además, junto a esta gente, la decadencia y abandono de la comuna fue vista como una oportunidad para la instalación del crimen organizado y la delincuencia, que se han tomado los espacios del centro progresivamente.
Todos estos fenómenos no se dan por sí solos. Además de la decadencia y abandono de la comuna, los delincuentes y el crimen organizado necesitan del amparo, expreso o tácito, de la autoridad, que les permita campear a sus anchas y ejercer su poder. Y esto es lo que ha permitido con su visión política y en los hechos la actual administración de la Municipalidad de Santiago liderada por Irací Hassler. El apoyo expreso lo dio cuando en campaña anunciaba “más de mil permisos para el comercio ambulante en la comuna, con el fin de avanzar en un ‘ordenamiento democrático del territorio’», utilizando irresponsablemente esta figura con fines electorales.
Por su parte, su pésima administración en materia de gestión ha profundizado la situación de abandono de los vecinos de la comuna, permitiendo el avance fáctico del control territorial del narco. Esto, incluso ha llevado a los vecinos a recurrir a los tribunales, quienes han ratificado la irresponsabilidad de la alcaldesa. Ahora, ella y su equipo están tratando de cubrir su nula preocupación por la seguridad comunal con un programa de desalojo de propiedades tomadas, ¿por qué no se inició antes? ¿Acaso no había casas tomadas en los tres años de gestión? Parece que el problema fue de voluntad y el motivo ahora es electoral.
Más allá que la alcaldesa Hassler diga que la comuna está mejor que hace dos años, la verdad es que la situación es cada día más dramática. Santiago necesita un cambio urgente, un cambio que le devuelva la comuna a los vecinos y que se enfoque principalmente en el tema de la seguridad. Este cambio significa en su esencia enfrentar de manera directa y efectiva el crimen organizado; reforzar la seguridad de la comuna invirtiendo en más y mejor seguridad; comprometerse a erradicar el comercio ilegal y buscar los mecanismos necesarios para reducir el número de inmigrantes ilegales en Santiago; desalojar todas y cada una de las casas tomadas en nuestra comuna; impulsar el comercio legal y atraer inversión generando confianza y facilidades para emprender; arreglar la iluminación de la comuna y situar cámaras; además de generar un plan de acción que termine con los basurales improvisados que asedian nuestras calles. Necesitamos una renovación de Santiago, comuna que es la sede del Palacio de La Moneda y de la Corte Suprema, y capital de la República. Necesitamos recuperar Santiago.
Para generar un cambio real en la vida de nuestros vecinos es relevante tomar medidas en todos los aspectos mencionados. Lo primero que se necesita es voluntad política real, cosa que no se ha visto en esta administración. Es urgente que para las elecciones municipales de octubre de este año toda la oposición se una detrás de la candidatura más fuerte que permita derrotar a la fallida administración de Irací Hassler. El cambio no sólo debe ocurrir a nivel alcaldicio, es fundamental que venga acompañado de un buen concejo municipal, que trabaje unido para enfrentar la difícil tarea de recuperar cuatro años desastrosos. En este sentido, una buena labor de los ediles será la que se caracterice por un potente y constante despliegue en terreno, por un sello en la probidad de los recursos municipales y por un arduo trabajo y energía para fiscalizar las acciones de la administración y asegurar que los recursos de los vecinos no terminen en licitaciones irregulares y cuestionadas como la de Clínica Sierra Bella.
En definitiva, hay un hecho que es fundamental: Santiago necesita un cambio. La realidad indica que el problema central de nuestros vecinos es la seguridad; y que la solución es trabajar unidos para sacar a Irací Hassler del poder, desplegarse con las banderas de la probidad y la seguridad y recuperar nuestra comuna. Para recuperar Santiago es clave ganar las elecciones de octubre, en alcalde y concejales. Desde ahí en adelante, deberemos centrar todos los esfuerzos por mejorar la calidad de vida de nuestros vecinos, dándoles la tranquilidad de vivir en una comuna segura, devolviéndoles el orgullo de ser parte de la capital de nuestro país y asegurarles que ningún peso que entre en la municipalidad será perdido, mal utilizado, desviado o derechamente robado; sino que se invertirá de manera íntegra justamente en las soluciones de sus problemas.
*Vicente Martínez, vicepresidente nacional de la Juventud Republicana
