La Selección Chilena de fútbol inicia su tránsito para clasificar al Mundial 2030. Este torneo histórico se disputará en tres continentes y seis países: España, Portugal, Marruecos, Argentina, Paraguay y Uruguay, cuyas selecciones ya cuentan con su pase directo por ser coanfitrionas.
Esto supone que debería favorecer a las selecciones sudamericanas, ya que no serían diez las que competirían por seis cupos directos y un repechaje. Ahora bien, la FIFA todavía no resuelve cómo serán las eliminatorias sudamericanas con siete países en competencia. Lo más probable será bajar el cupo a tres y un repechaje; con esto, las probabilidades de Chile de clasificar son inciertas, como siempre.
Los tres encuentros amistosos jugados por la Roja en Estados Unidos —ante el anfitrión, Canadá y México— nos dejaron más dudas que certezas: de nueve puntos posibles logramos tres, con cuatro goles a favor y cinco en contra. Visto en números, fue un rendimiento del 33,33 %; de esta manera, tenemos que convenir que el tour por el país del norte fue de malo a menos malo.
¿Por qué? En el primer encuentro enfrentamos a Canadá, el rival más débil de la gira, y Chile ofreció lo peor de su repertorio, con jugadores que no se acoplaron nunca, sin ideas y un técnico que no encontraba solución a lo que sus dirigidos desplegaban en la cancha. Tal es así que jugamos más de 45 minutos con dos jugadores menos por expulsión de Cepeda y Suazo. Nicolás Córdova realizó tres cambios acertados y logró neutralizar lo que parecía una debacle de goles en contra. No fue así y se sostuvo una derrota acotada, cayendo por 0-1. No podemos empezar la preparación de las eliminatorias para un Mundial conformándonos con perder por poco.
En el enfrentamiento contra Estados Unidos, Chile sufrió una derrota por 2-4 en la que, pese al mal resultado, la Selección mostró progresos en su juego y en el plano individual hubo tres o cuatro jugadores que destacaron. Este resultado es un poco engañoso, porque por lo que se vio en el partido no hubo más de un gol de diferencia. Pero como siempre lo he dicho, “las derrotas no se explican”.
Chile cerró sus duelos preparatorios con una victoria por 2-0 ante México, rescatando un triunfo importante frente a un rival de jerarquía que se ubica en el décimo puesto del ránking FIFA. De este partido se pueden destacar un par de cosas, como por ejemplo que el exceso de cambios no siempre mejora el rendimiento de un cuadro; por el contrario, lo empeora. Ante los aztecas, Nicolás Córdova optó por dar continuidad y confianza a los jugadores que venían mostrando un rendimiento menos que regular. El estratega mantuvo el once inicial todo el encuentro y no realizó modificaciones hasta los últimos cinco minutos, una decisión que dio frutos en el resultado final: el equipo no se desdibujó.
Concluimos con mediana claridad que el arquero Vigouroux está en un buen nivel y entrega confianza a sus compañeros. Darío Osorio, el mejor jugador chileno, es el más valorizado del plantel, cotizado en 20 millones de euros. Sin duda es el más talentoso, pero tiene que mejorar el aspecto físico; precisamente es el indicado para echarse el equipo al hombro. Otro que destacó fue Jonathan Villagra, un futbolista consolidado al que solo le falta roce internacional. Diego Ulloa, Maximiliano Gutiérrez, Felipe Loyola, Iván Román y Vicente Pizarro complementan el andamiaje del planteamiento táctico de la escuadra.
En mi opinión, estos ocho jugadores deben ser la base del plantel. No es casualidad que ellos hayan sido los que acumularon más minutos en el campo de juego. A Chile le restan dos encuentros amistosos ante Colombia (ida y vuelta) en el mes de noviembre, con los que sumaría nueve este año. En noviembre son las elecciones en el ente rector del fútbol chileno (ANFP). Esperamos que los nuevos dirigentes tomen con responsabilidad el proceso eliminatorio, y que confirmen o no al técnico Nicolás Córdova, quien lleva un año y medio como interino. A mi parecer, sería un error cambiarlo.
Chile se ha saltado tres Mundiales; es el momento de cortar esta mala racha. Las eliminatorias comienzan en septiembre de 2027 y se tienen varios meses para organizar partidos amistosos, que no tendrían que ser menos de 12. Si esto no se consigue, la Selección no va a tener el rodaje necesario. Ojalá que para clasificar no dependamos de los resultados de terceros o de la vil calculadora. Una mesurada ilusión no puede ser un cheque en blanco que termine, otra vez, en amarga desazón.

