La semana recién pasada se produjo la botadura del Buque Multipropósito Magallanes (P-93), construido en los astilleros de ASMAR. El término botadura proviene del francés antiguo bouter, que significa empujar hacia afuera, hacer salir o poner en movimiento. En el ámbito marítimo, corresponde al acto ceremonial y técnico mediante el cual una embarcación toca el agua por primera vez e inicia oficialmente su vida operativa. Es el instante en que un buque deja de ser una obra en construcción para transformarse en una nave capaz de navegar y cumplir la misión para la cual fue concebida.
La botadura del Magallanes trasciende el hecho naval. Representa la incorporación de una capacidad estratégica para Chile y simboliza el momento en que una visión de país toca el agua y comienza a navegar.
No se trata únicamente de un nuevo buque para la Armada, es la expresión concreta de una política de largo plazo orientada en dos focos, por un lado un objetivo de resguardo a la soberanía al fortalecer la presencia en las costas nacionales y, por otro, consolidar la incipiente industria de construcción naviera.
Tuve el honor de asistir a esta sobria y a la vez imponente ceremonia. Ver una embarcación de más de cien metros de eslora deslizarse con firmeza hacia el mar y comenzar a flotar con absoluta naturalidad es un espectáculo que pocas veces se presencia en la vida. Es equivalente a ver un edificio de un tercio del Costanera Center deslizarse hasta tocar el agua. En ese instante se me vino a la cabeza que el buque Magallanes bien podría representar a Chile: una nave robusta, austera, funcional y preparada para enfrentar condiciones extremas, avanzando con determinación para resguardar la soberanía nacional y proyectar al país hacia nuevos horizontes.
La ceremonia también revela algo más profundo. La construcción del buque Magallanes demuestra que Chile posee capacidades industriales, tecnológicas y humanas de alto nivel, capaces de desarrollar embarcaciones complejas para operar en algunos de los ambientes más exigentes del planeta. Bien lo comentaron en su momento el Presidente Boric y actualmente el Presidente Kast: esto es una política de continuidad del Estado chileno.
No es sólo un logro de ASMAR o de la Armada, es una señal de que el país puede crear valor, conocimiento y desarrollo desde regiones. Ver a los trabajadores que concretaron esa obra abrazarse, hombres y mujeres que entendieron de mejorar sus competencias, de trabajar en equipo, de sacrificarse y ese día de celebrar orgullosos un logro para el país.
La dimensión industrial
La implementación de una Política Nacional de Construcción Naval tiene una importancia estratégica para Chile por razones económicas, de seguridad, tecnológicas y geopolíticas. Tal cómo reforzó en su discurso el contraalmirante José Miguel Hernández, director de ASMAR y encargado de llevar adelante esta hazaña, Chile posee más de 6.400 kilómetros de costa continental, una extensa Zona Económica Exclusiva y responsabilidades en el territorio antártico e insular de Rapa Nui. Contar con una capacidad nacional de construcción y mantenimiento naval permite reducir la dependencia de proveedores extranjeros, garantizar la disponibilidad de unidades para la Armada y sobre todo mantener capacidades críticas en situaciones de crisis.
Lo que parece más importante en la construcción naval es potenciar una industria sofisticada que crea valor en los lugares donde se emplaza, además es de alto valor agregado, movilizando una amplia cadena de proveedores: metalmecánica, electrónica y automatización, ingeniería y diseño naval, servicios logísticos y portuarios. Cada proyecto genera empleo especializado y contribuye al desarrollo de capital humano avanzado. Los programas de construcción fomentan la investigación y desarrollo, la digitalización de procesos industriales, la incorporación de inteligencia artificial y eficiencia energética, con efectos positivos que se expanden además hacia otras industrias como la minería, la construcción, energía y logística.
Navegar, poblar, desarrollar
Para un país cuya economía depende en más de un 90% de su comercio exterior transportado por mar, disponer de capacidades propias de construcción naval es un activo de importancia nacional. La Política de Construcción Naval no debe verse únicamente como una iniciativa industrial. En términos estratégicos, constituye una herramienta para consolidar a Chile como una verdadera potencia marítima, no sólo en su industria pesquera y acuícola, sino además en una industria compleja como la construcción naval, fortaleciendo simultáneamente seguridad, desarrollo económico, capacidad tecnológica y proyección global.
Quizás por eso la imagen del Magallanes entrando al agua resulta tan poderosa. Porque recuerda que las naciones no se proyectan por lo que declaran, sino por aquello que son capaces de poner en movimiento. La sonrisa y el orgullo de los trabajadores que por más de 40 meses, de manera silenciosa, trabajaron para construir esta nave, debe inundar el país. Es la alegría de un grupo de trabajadores que encuentra el sentido en lo profundo de ser chileno, en el esfuerzo, en el ingenio y sobre todo en la complicidad de la disciplina. El futuro de Chile se construye con infraestructura, con presencia humana, con sus trabajadores y sus jefes, con actividad económica y proyectos que permitan a las personas vivir y prosperar en los todos los lugares del país. En enfrentar grandes desafíos unidos con un Estado que tenga mirada de largo plazo. Chile requiere tener fe en su futuro, confiar y lanzarse al agua, al igual que el buque Magallanes, mirando a la bravura del Pacífico.

Muy motivarte y destacable logro real.
Excelente! Ojalá se logren muchos Magallanes más.