En el último AI Summit de Washington D.C., Darío Amodei -CEO de Anthropic y ex vicepresidente de investigación en OpenAI- advirtió que la IA podría eliminar hasta el 50% de los empleos de nivel inicial en sólo cinco años, con impactos en el desempleo juvenil de entre un 10% y un 20%.
En paralelo, un estudio de la Universidad de Stanford publicado en agosto muestra que, entre 2022 y 2025, los empleos para personas de 22 a 25 años cayeron un 20% en los sectores más expuestos a la IA.
Más rápido o más lento, la inteligencia artificial está automatizando las tareas que tradicionalmente han realizado quienes recién ingresan al mundo laboral. Para muchos jóvenes, el primer empleo está desapareciendo antes de que logren egresar. Lo que hoy aprenden no coincide con lo que el mercado necesita.
La era de cambios exponenciales que estamos viviendo está provocando un desajuste profundo entre lo que enseñamos, lo que la economía requiere y lo que la IA ya hace mejor. Y el mayor desafío es que este cambio ocurre a una velocidad que nunca antes hemos experimentado como humanidad. Como referencia, durante la Revolución Industrial, el reemplazo de habilidades tomó décadas; hoy, la inteligencia artificial automatiza tareas en meses.
Abordar este desafío nos obliga a cambiar cómo y para qué aprendemos.
Lo primero es entender (y aceptar) que la tecnología ya no es sólo para quienes “estudian tecnología”: es una competencia base para todas las personas, en todas las carreras y en todos los sectores y ámbitos de nuestra vida.
Para las familias, los invito a reformular una pregunta clásica. ¿Y si en lugar de “qué vas a estudiar?” preguntáramos “¿qué problema te gustaría resolver?”. En ese sutil cambio hay una poderosa invitación a acompañar a nuestros hijos a desarrollar criterio y pensamiento crítico. Como dice Uri Levine, fundador de Waze: “Enamorarse del problema y no de la solución”.
Para los profesores y directores de colegios, desafíen a sus alumnos a dejar de ser sólo usuarios de las pantallas, y que aborden proyectos interdisciplinarios donde la tecnología se utilice para resolver problemas reales del entorno, poniendo el foco en enseñar a hacer buenas preguntas.
Para las universidades y centros de formación técnica, la oportunidad es enseñar a los profesores y alumnos a colaborar con la IA, no a competir contra ella. Ya no se trata sólo de medir la empleabilidad de hoy, sino su adaptabilidad a largo plazo.
Y para los empleadores, cada día será más difícil encontrar talentos “listos”. La formación continua y el desarrollo de nuevas habilidades (reskilling y upskilling) serán claves en todos los roles.
Todos tenemos mucho que hacer. Y lo bueno es que no partimos desde cero: ya hay estudiantes, docentes, líderes y empresas que están abriendo camino. Lo importante es multiplicar esas señales y darles estructura.
Como dijo Amodei: “Lo que hagamos en los próximos cinco años definirá una generación entera de oportunidades”.

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