La comunidad empresarial en Chile muestra hoy inquietud respecto cómo el escenario de un nuevo gobierno de Trump podría afectar a nuestro país. Esta inquietud es probablemente extrapolable a otros países de Latinoamérica.
Veamos algunos hechos para tener en cuenta.
Hoy, sólo 14% de las exportaciones de Chile son a Estados Unidos. Trump declaró su intención de subir aranceles de 3% a un promedio de 10%. El impacto comercial en las exportaciones totales de Chile debería ser menor. EE.UU., además, tiene sólo $US 25MMM de stock de inversión en Chile. Es el segundo país después de Canadá. Las inversiones en Chile por país de origen están bastante fragmentadas. Una baja en la inversión por reducción de los incentivos de Trump a invertir fuera versus localmente, no sería demasiado relevante para Chile.
Pero, por otro lado, el 40% de las exportaciones chilenas van a China. Si se intensifica la guerra comercial con EE.UU., esta podría afectar a China e impactar negativamente en el precio del cobre y el de otras exportaciones de Chile al gigante asiático con impacto en la cuenta corriente/balanza comercial y afectar el valor al alza en el dólar. Esto estimularía las exportaciones en el mediano plazo, pero no alcanzaría a compensar lo anterior pudiendo crear nuevas presiones inflacionarias.
Junto con esto, Trump tiene programado bajar los impuestos a las utilidades de las empresas, de 21% a 15%. Biden, antes de su reciente renuncia como candidato y probablemente ahora su sucesión en el Partido Demócrata, seguirá con el programa vigente de subirlos aún más en 2025 para financiar cerca de $US 5 Trillones de mayor gasto fiscal, según se dijo en la Convención Republicana. La nueva política tributaria ya declarada por Trump haría aumentar el déficit fiscal y aumentar aún más las tasas de la Fed produciendo un nuevo impacto inflacionario, derivado del mayor gasto de las empresas, resultado de la reducción en los impuestos corporativos. Es cierto que una mayor tasa de crecimiento de la economía ayudaría a compensar este efecto, pero con poco impacto de corto plazo.
El mayor déficit de EE.UU. también aumentaría las tasas del Tesoro y con ello los costos de los préstamos a nivel mundial. Esto afectaría a Chile y otros países de América Latina con mayores pagos por intereses, dependiendo del porcentaje de deuda sobre PIB de cada uno.
También hay posibles efectos en temas menos económicos. Por ejemplo, Trump puede suspender la Visa Waiver que privilegió a Chile, junto con aumentar las dificultades para obtener una visa de turismo B1B2 en toda la región.
Pero es probable que América Latina en las dimensiones económicas, política y de seguridad nacional no sea significativamente afectada. En base a lo que ha comunicado el candidato, la zona no es un foco estratégico relevante para la política internacional de EE.UU., con la importante excepción de México y Venezuela.
En el caso de México, primero está el tema migratorio. No por el impacto de un masivo pero impracticable proceso de deportación como el declarado por Trump en numerosas ocasiones. Pero sí de un porcentaje probablemente relevante de repatriación de ilegales hacia ese país. También se podrían ver nuevas restricciones altas a importaciones de la industria automotriz como se ve en el discurso de Trump en la Convención Republicana, y mayor y más frecuente conflicto frontal entre gobiernos por tema de drogas.
Lo que sí puede afectar especialmente a Chile indirectamente, pero seriamente, son nuevos eventos que impacten en el sourcing/cadenas de abastecimiento, transporte marítimo y otros afines.
En el caso de nuestro país, una probable complejidad creciente en la adquisición de nuevos servicios de mantención, adquisición y en particular de modernización electrónica de equipos en el área de defensa, considerando la muy probable retirada de Israel como histórico proveedor estratégico, es relevante. Esto considerando, además, un contexto que incluye la evolución observada recientemente en un país vecino y que proyectada en el largo plazo puede culminar en un desbalance estratégico impactando en las relaciones bilaterales.
Un escenario final poco probable, pero factible a pesar de declaraciones contrarias de Trump, es el más peligroso en la ecuación: un escalamiento que conduzca a una intensificación de la guerra convencional actual o comprometer a nuevas naciones en los conflictos o aún mucho peor, el posible uso de armas nucleares tácticas en alguno de los teatros de operaciones, lo que podría tener un impacto global impredecible.
*Daniel Sansone, director de empresas y consultor

Uyy, es muy malo Trump…pero, para la mayoría de los estadounidenses parece que no…
Respecto a la guerra convencional, es bueno recordar que durante su gobierno Trump mantuvo a raya a Putin, a Xi Jing Pi y a Kim Jong Un.
Su carácter desfachatado, agresivo e impredecible logran una buena disuasión.