derrota

El resultado del plebiscito del 17 de diciembre fue elocuente. Hemos perdido, no hay lugar para eludir esa realidad, y los republicanos no somos particularmente buenos para adornarla con eufemismos y adjetivos. Sin embargo, en medio de la derrota, surge la necesidad de destacar lo que representa para nosotros este revés electoral.

Defendimos nuestras ideas con fervor, sin titubear. Podemos lamentar la pérdida, pero no la integridad con la cual abrazamos nuestras convicciones. En un escenario político donde la coherencia a menudo se ve eclipsada por tácticas efímeras, elegimos ser guardianes de nuestras creencias, incluso a riesgo de perder una contienda electoral que para muchos fue vista como crucial, no solo para los republicanos, sino que para todo el país.

La responsabilidad de redactar una nueva Constitución cayó sobre nosotros, aunque no fue nuestra primera opción; es como aquel regalo del amigo secreto que te llega de ese compañero de trabajo que no te cae muy bien, y que no tenías ninguna intención de recibir. Pero asumimos este desafío porque, en última instancia, ganamos una elección, le guste a quien le guste, y ese triunfo, a su vez, refleja nuestra apuesta por la verdad. Ganamos, y en este juego democrático, eso significa llevar la voz cantante, ¡aunque nunca hayamos ensayado la canción!

Somos conscientes de que no siempre a todos les gusta escuchar la verdad, pero preferimos la honestidad a la conveniencia política. La verdad, esa amiga incómoda que siempre dice lo que nadie quiere escuchar, ha sido nuestra aliada. Hablar con la verdad no siempre nos convierte en el alma de la fiesta, pero preferimos eso a ser los maestros de ceremonias de una farsa política.

La tarea de liderar este segundo proceso constituyente se convirtió, entonces, en un deber innegable. No podíamos evadir la realidad de que, aunque no buscábamos esta tarea específica, fuimos encomendados por la voluntad popular. Es en estos momentos de desafío que la verdadera naturaleza de un partido político se revela.

Esta experiencia logró retratarnos por completo: los republicanos somos un partido político de ideas claras y un profundo sentido del deber. Somos la prueba viva de que, más allá de los resultados electorales, la coherencia y el compromiso con las convicciones son los pilares que sustentan a un partido sólido.

Mientras enfrentábamos el proceso de redacción constitucional, no renegamos nunca de nuestras creencias. Al contrario, las pusimos en primer plano, fueron materia de debate en todos los foros y quisimos verlas moldeando el futuro de nuestra nación con una visión clara y una determinación inquebrantable. Es en los momentos de desafíos cuando se forja el carácter, y asumimos ese desafío con humildad y determinación.

En la democracia, las derrotas son tan inherentes como las victorias. Pero es la forma en que respondemos a la derrota lo que define nuestro compromiso con el servicio público y con la construcción de un futuro más justo. En la pérdida, encontramos la oportunidad de demostrar que, más allá de las circunstancias, somos un partido político arraigado en principios y dispuesto a construir un mañana basado en la verdad y la responsabilidad.

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1 Comment

  1. José, aprecio su reconocimiento de la derrota, pero creo que usted no reconoce una derrota más fundamental de su partido: la idea de que el partido republicano es un partido de principios (lo cual yo entendía y motivaba mi respeto por ustedes).

    El compromiso del Partido Republicano con sus principios políticos quedó debilitada con la segunda propuesta constitucional, la que resultó ser un texto progresista, colectivista, y esclavizante (solo superada por la primera), especialmente porque dejaría al estado rehén de proveer en una serie de derechos pobremente definidos, y por lo tanto, a nosotros contribuyentes, amarrados a pagar una carga tributaria que sería solo creciente.

    Si yo fuera de izquierda, habría votado contento a favor de la propuesta que ustedes Republicanos negociaron (aún me pregunto que estarían pensado los promotores de un modelo socialista que dejaron pasar tamaña oportunidad de avanzar).

    El Partido Republicano tuvo los miembros en el consejo para vetar los llamados a aumentar las responsabilidades de estado en la propuesta y no lo hizo. El Partido Republicano permitió cláusulas de derechos sociales progresivos que serían pagados del bolsillo de los que no podemos negarnos a pagar (nosotros los contribuyentes). El Partido Republicano aceptó negociar una propuesta de constitución que esclavizaría unos chilenos para pagar crecientes demandas de otros, comprometiendo el principio de libertad del individuo.

    Por eso el Partido Republicano perdió la credibilidad de que es un partido arraigado en principios, como la tenía antes de este segundo proceso constitucional. Esa es la gran derrota que ustedes enfrentan, y de la que tendrán que reponerse volviendo a sus principios, como lo hicieron hasta el 2022.

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