Bolivia

Como ariqueño, como chileno y como senador de la República no le creo nada a Bolivia porque lleva años haciendo vista gorda en el tráfico que se suscita entre su nación y nuestro país que se ve afectado con el ingreso permanente de contrabando y narcotráfico; de ilegales; la trata de personas que han aumentado en los últimos años, por la conducta permisiva y una doctrina basada en la permanente concesión y nula retribución cultivada por Chile.  

Entonces, llama profundamente la atención que nuestro gobierno no se haya pronunciado con más claridad respecto del reciente acuerdo entre Irán y el país altiplánico, por el cual le proveerá drones, ciberseguridad y material bélico, ante lo cual surge me surge la inquietud ¿no será uno de los fines del país asiático ofrecer tecnología capaz de asegurar el flujo de cocaína por la frontera hacia nuestro país? 

Por lo anteriormente descrito, me causa sorpresa que el fin de semana se hayan firmado entre el subsecretario del Interior, Manuel Monsalve, y el ministro  boliviano, Eduardo del Castillo, una serie de acuerdos, tendientes a fortalecer las coordinaciones entre Chile y Bolivia para aumentar las condiciones de seguridad fronterizas.

En la nación vecina se persigue a la oposición y se acalla la prensa y de forma bastante antidemocrática. Recluyó injustamente a la ex Presidenta Jeanine Añez y al gobernador de Santa Cruz, Luis Camacho, por lo que no logro comprender cómo a estas alturas podemos confiar en el gobierno vecino.  

Por el bien de la macrozona norte; de los chilenos y de los ariqueños y parinacotenses, espero que esta “voluntad política” con contrapartes de ambos gobiernos generen un efectivo plan de trabajo para terminar con la vulneración de los derechos fundamentales de las víctimas de las organizaciones criminales que llegaron para quedarse.

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