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Credit: Cuenta X President Donald J. Trump @POTUS

La retirada de Estados Unidos de Europa no es un fenómeno reciente. Es una tendencia que se ha gestado durante décadas y que cuenta con respaldo bipartidista en Washington, mucho antes de la segunda administración de Trump. Un claro ejemplo de ello fue la crisis en Siria en 2013, cuando Obama estableció como «línea roja» el uso de armas químicas por parte del régimen de Bashar al-Assad. Sin embargo, cuando se confirmó que Assad las había utilizado, Estados Unidos optó por no intervenir, enviando un mensaje contundente: ya no era el «policía del mundo».

Pero este repliegue no ha sido sólo militar, sino también político y comercial. Fue el propio Obama quien comenzó a reorientar la estrategia geopolítica de EE.UU. hacia Asia, reduciendo su presencia en Europa. Esto se debe a que, para Washington, el verdadero adversario estratégico no es Rusia, sino China, lo que ha restado relevancia a Europa dentro de sus prioridades geopolíticas.

Incluso la administración Biden, pese a su retórica proeuropea, ha priorizado los intereses estadounidenses sobre los europeos. Un claro ejemplo de ello es la Ley de Reducción de la Inflación (IRA), percibida en Europa como una medida proteccionista diseñada para fortalecer la industria estadounidense en su competencia con China en el ámbito tecnológico, a expensas de los aliados europeos.

En este contexto, la retirada de Estados Unidos de Europa era inevitable, y con ella, la inversión en defensa ya no podía seguir postergándose. Desde la era de Obama, Washington ha presionado a los países europeos para que aumenten su gasto militar en la OTAN hasta un mínimo del 2% del PIB. Sin embargo, hasta hace apenas dos años, menos de la mitad de los miembros europeos de la alianza alcanzaban ese umbral. Pero Trump ya no sólo busca -lo que él entiende- como distribución más equitativa de los costos, sino un cambio de paradigma: que Europa asuma plena responsabilidad por su propia defensa. A la luz de los hechos, es difícil argumentar en contra de esta necesidad.

El conflicto en Ucrania ha sido un recordatorio brutal de que la seguridad en Europa no es un concepto abstracto. Aunque la administración Biden brindó un apoyo significativo a Kiev, su estrategia no garantizó una victoria definitiva. De haberse seguido con la misma política, lo cierto es que la guerra se habría prolongado aún más, con un alto costo humano, económico y geopolítico.

Aquí, la política exterior de Trump introduce una paradoja interesante. Aunque su acercamiento a Rusia genera incertidumbre, su administración fue la primera en enviar misiles antitanques Javelin a Ucrania, algo que Obama había rechazado en 2014. Esta inconsistencia en la postura de EE.UU. a lo largo del conflicto refuerza la idea de que Europa no puede depender de Washington para su seguridad. Emmanuel Macron lo advirtió en su momento al impulsar la llamada autonomía estratégica europea. Si bien sus propuestas fueron recibidas inicialmente con escepticismo, la realidad actual le está dando la razón.

Con el regreso de Trump a la Casa Blanca, Europa empieza a comprender que su primer mandato no fue una anomalía, sino parte de un cambio estructural en la política exterior estadounidense. Tal vez, finalmente, ha recibido la sacudida que necesitaba para asumir un rol más activo en su propia seguridad.

Entonces, ¿es Trump lo mejor que le ha pasado a Europa? Paradójicamente, sí. Aunque su retórica agresiva y su estilo impredecible generan incertidumbre, su impacto ha forzado a Europa a reconocer la necesidad inaplazable de invertir en su propia seguridad y defensa.

Si bien la retirada estadounidense plantea desafíos significativos, también representa una oportunidad histórica para que Europa se fortalezca, gane autonomía y asuma plenamente la responsabilidad de su propio futuro.

Ex jefe del Departamento Económico de la Embajada de Chile en Estados Unidos y partner de Geogig

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2 Comments

  1. Excelente análisis, de lo mejor que he leído respecto de este tema. Esperemos que sea lección aprendida para Europa y PARA NOSOTROS……………

  2. Lo decían los romanos, obviamente europeos y occidentales, hace más de dos milenios: “si quieres la paz, “para bellum”.

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