La política latinoamericana funciona como un péndulo permanente: Ecuador, tras 14 años de la ultraizquierda “correísta”, elegía a Guillermo Lasso, un banquero híper neoliberal, para reemplazar a Lenín Moreno. Colombia escogía a un guerrillero revolucionario, Gustavo Petro, para reemplazar al derechista Iván Duque. Brasil reemplazó al hiper derechista Jair Bolsonaro por el izquierdista Lula da Silva. Argentina ha alternado entre el kirchnerismo, el macrismo y al parecer, ahora podría llegar Millei, el libertario de ultraderecha. En fin, los casos abundan, y dan cuenta de gigantescas oscilaciones en cortos ciclos de tiempo. Lo anterior, imposibilita seguir políticas de Estado y estrategias de desarrollo claras; el gobierno siguiente viene a destruir lo que hizo su antecesor o al menos a cuestionarlo.

Chile no está lejano de lo anterior, desde hace un tiempo estamos en un periodo de estancamiento político y económico. El 2013, pasamos del gobierno de derecha de Piñera, al gobierno de izquierda de Bachelet, que fue mucho más de izquierda que los gobiernos concertacionistas de antaño, para luego retornar al derechismo de Piñera, que, a su vez, le pasó la banda al izquierdista Boric. Además, en aproximadamente 2 años, de mayo de 2021 a mayo de 2023, pasamos de una Convención Constitucional de extrema izquierda a una Comisión Constitucional que representa la expresión democrática más de derecha que Chile nunca haya conocido en su historia.

La verdad, es que lo único claro, es que se cumple la tercera ley de Newton: “Para cada acción hay una reacción igual y en el sentido opuesto”. A mayor intensidad de la acción, mayor intensidad de la reacción.

Herman Chadwick, actual presidente de Enel Chile y empresario bastante ligado a las lógicas clásicas del empresariado chileno, señaló ante los resultados del Consejo Constitucional: “Esta votación agrega mayor seguridad para aquellos que quieren invertir en Chile”. Jorge Carey, a su vez, señalaba: “Los inversionistas, especialmente chilenos, tendrán más ánimo para tomar decisiones de negocio”. Ambas declaraciones manifiestan el conformismo del empresariado con el resultado electoral, que dio por amplio ganador al Partido Republicano. La mentalidad detrás de esta afirmación es la clásica mentalidad del empresariado chileno: cortoplacista. Están celebrando hoy como si la victoria Republicana fuese sustentable en el tiempo. Sería bueno advertirle a Chadwick, Carey y a varios otros, que lo más probable es que venga una reacción a esta oleada conservadora.

¿Qué debiera celebrar un empresario, con visión, en Chile?

Un empresario con visión debiera promover una fuerza política que le dé estabilidad al país, que fuese capaz de realizar un nuevo pacto social entre las élites y las clases populares en pos del desarrollo y el bienestar.

Lo que debiera promover es una fuerza política que haga una reforma tributaria para cubrir las necesidades sociales, pero esté pensada de tal manera, que evite que venga otra reforma tributaria en cuatro años y luego otra más en cuatro años y así. Una fuerza política que fuese capaz de modernizar y hacer más eficiente un Estado, que ha crecido inorgánicamente. Que piense el país de cara a la modernidad y le dé al menos 30 años de estabilidad, desarrollo y tranquilidad a Chile. Es decir, todo menos un desarrollo que vaya de un polo extremo a otro igual en sentido contrario.

Los mejores años en la historia de Chile fueron los 20 años de la Concertación, años de estabilidad, desarrollo y crecimiento. Sin dudas quedaron tareas pendientes, muchas, pero los avances de aquellos años son incomparables con cualquier otro periodo en la historia de Chile.

Hoy en día, la Concertación está muerta, por lo tanto, esta nueva fuerza política no puede surgir desde el PPD, la DC y el Partido Radical. Son partidos completamente insípidos, sin fuerza y sin la capacidad de hacer crecer algo desde ellos.

Se necesita algo nuevo, que surja y emerja, para enfrentar la polarización, pero con un plan de país claro. Que no base su lógica en adherirse a la moda del momento, sino que sea capaz de marcar sus tendencias más allá de los elementos circunstanciales. Lo que necesita el país es estabilidad, no polarización. Cuando el empresariado chileno entienda eso, vea que la visión debe ir más allá del corto plazo y de las utilidades de final de año, buena parte de la pega estará hecha.

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