En los años 70, Chile enfrentaba una grave crisis sanitaria: el 70% de los niños sufría desnutrición y la esperanza de vida apenas superaba los 39 años. En ese escenario emergió el Dr. Fernando Monckeberg Barros, cuya visión transformó la salud pública mediante un enfoque preventivo y de atención primaria.
Monckeberg impulsó políticas integrales que incluyeron agua potable, saneamiento, vacunación y control del niño sano. En 1975 fundó el INTA, comprendiendo que la desnutrición era un síntoma del subdesarrollo. Un año después creó Conin, que ofrecía alimentación y apoyo integral a niños desnutridos. Gracias a su labor, la tasa de desnutrición infantil cayó de 200 por mil a solo siete por mil, un caso emblemático de éxito en salud pública en América Latina.
De la desnutrición a la obesidad: una nueva amenaza
Hoy el país enfrenta el desafío opuesto: la obesidad infantil. El Dr. Fernando Vio la ha llamado “la pandemia invisible”, por su avance silencioso pero devastador. Esta condición, vinculada a enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y trastornos mentales, amenaza con triplicar el gasto público en salud.
El consumo de alcohol entre jóvenes también alarma: según Senda, el 53% de los estudiantes que bebe se embriagó al menos una vez el último mes, lo que abre la puerta al consumo de drogas como marihuana y pasta base.
A ello se suma la crisis de salud mental: un 24,6% de los chilenos sufre trastornos como ansiedad o depresión, según estudios de la UC y la Asociación Chilena de Seguridad. En salud bucal, un 62% de la población considera su estado dental regular o malo.
Un sistema al límite
Todo esto ocurre en un sistema de salud sobrecargado. Las listas de espera se disparan y más de 15.000 personas con cáncer no han recibido tratamiento a tiempo. El retraso en cirugías es generalizado.
Aunque el gasto público en salud creció 79% en la última década —alcanzando un billón de pesos en 2024, según DIPRES—, los avances en calidad o cobertura han sido escasos. El sistema está en un punto crítico.
¿Cómo salir de esta crisis?
Durante décadas, Chile ha improvisado. Las soluciones han sido parches, atrapadas entre ideologías, gremios politizados y una academia poco adaptada a los avances tecnológicos de una administración moderna. Decisiones judiciales como la de la Tercera Sala de la Corte Suprema -alertada por el Observatorio Judicial- han generado incertidumbre jurídica y frenado inversión privada, sin que el Ejecutivo o el Congreso corrigieran el rumbo.
Proponemos cuatro pilares para una reforma real:
1. El paciente al centro
Toda política debe girar en torno al paciente, que debe poder elegir libremente entre seguros públicos o privados. Como decía Deng Xiaoping: “No importa el color del gato, sino que cace ratones”.
2. Modernizar el Estado
Es urgente reformar el Minsal, con liderazgo técnico. Se necesitan hospitales con directorios profesionales, una red modernizada vía concesiones, fichas clínicas universales y un sistema digital robusto para licencias médicas y gestión sanitaria.
3. Inversión en prevención
El foco debe estar en prevención, con herramientas como mamografías, colonoscopias y medicina familiar. Proponemos un Sistema Nacional Preventivo de Salud, coordinado por hospitales, Cesfam y mutualidades, con alfabetización sanitaria como eje.
4. Seguro catastrófico y protección al personal de salud
Debe establecerse un seguro universal que cubra enfermedades graves. Además, urge crear un Estatuto del Trabajador de la Salud que garantice carrera funcionaria y protección ante agresiones.
Por un gran acuerdo nacional
Chile necesita una política de salud de Estado, no de gobierno. Una visión justa, centrada en las personas, sin burocracia paralizante. Un pacto transversal que incluya a médicos, ingenieros, arquitectos, economistas y, por supuesto, a los pacientes.
Necesitamos liderazgos con visión técnica y política, como los de Boeninger, Massad, Lagos, Monckeberg o Frei Ruiz-Tagle. Más que expertos, se requiere coraje político.
Como dijo un pensador: “Todo fue dicho ya. Pero como nadie escucha, hay que empezar de nuevo”. Es hora de escuchar y actuar. Chile no puede seguir esperando
