parcelación

Nuestro querido país está fraccionado políticamente, incluso dentro de los mismos partidos. La sociedad también está fraccionada, y cada vez más con la irrupción de la inmigración ilegal. A nivel de los gremios empresariales, lamentablemente se perciben intentos de protagonismos que no ayudan a defender cohesionadamente el quehacer empresarial. El gobierno promueve y gestiona la división de los empresarios. En el fútbol profesional, no hay unión y esta realidad sólo perjudica a una popular actividad. La interpretación de la historia está fraccionada y no hay consensos mínimos para analizar el Chile de los últimos decenios.

Pero hay otro fraccionamiento grave y casi irreversible. Me refiero al fraccionamiento geográfico y territorial, entendido como una tendencia arrolladora consistente en “parcelar” Chile. Durante el período estival, se recorre nuestro país de norte a sur. El panorama es desolador. Miles de loteos, la mayoría brujos o ilegales, en que se ofrecen paños de 5000 mts. cuadrados. Los hay cercados o demarcados con polines. Los hay con agua o sin, con accesos o sin. Los hay sin subdivisiones aprobadas y otras aprobadas hace poco. La pandemia trajo consigo además del teletrabajo o “teleflojera”, una fiebre por vivir en el campo.

Se pueden observar “casuchas” y “casonas”, algunas primera vivienda y otras segunda o tercera. En la mayoría de los casos no tienen energía eléctrica y tampoco emisores de efluentes ecológicos. La baja rentabilidad de la agricultura y de la ganadería y la oportunidad de “pasar por caja” incentivó a muchos a parcelar predios agrícolas. Algunos alcanzaron a hacerlo y otros esperan cómo buscar la fórmula para lograr la anhelada subdivisión. En Chile no existen procesos paulatinos. Se plantan vides que después se arrancan. Los kiwis estuvieron de moda y su rentabilidad decayó. Vinieron los arándanos, las nueces y ahora las cerezas. Todos tras las cerezas.

Recorrer el Maule, Ñuble, Bio Bio, La Araucanía y Los Lagos, es presenciar cómo campos inmensos y productivos están siendo divididos en lotes pequeños. Las parcelas no están afectas a controles de calidad constructiva ni de sus efectos en el vecindario. Las municipalidades deben hacerse cargo de la basura y el agua pasa a ser prioridad para los recién llegados, por sobre el necesario riego agrícola.

Al recorrer la campiña inglesa o la Francia del interior, se constata que hay un orden indiscutible. Las regiones de España respetan sus pueblos y los planes reguladores no permiten construir cualquier cosa, en cualquier parte. Nuestro paisaje se ha llenado de parcelas a orilla de las rutas, con accesos peligrosos y sin normativa. En Chiloé el fraccionamiento es infinito. Se construye en medio de los bosques nativos. Se reemplaza bosque nativo por pinos y eucaliptos. Las playas del sur de Chile hoy con mejor clima que antes, se han llenado de casuchas de zinc, sin sentido estético alguno. Las antiguas casas de tejuela de alerce caen al fuego día a día, sin pudor.

Los planes reguladores de las distintas comunas no conversan entre sí y el caos se apodera del mundo rural. Lo que sucede en la política y en la justicia, se ha trasladado al campo chileno. Todo mal pensado y mal ejecutado, en materia de parcelaciones.

Tras la cruel reforma agraria, en que se destruyó el campo chileno, hoy estamos con una nueva destrucción que tiene difícil solución. La extensión ilimitada de las ciudades y pueblos por la vía de las parcelaciones ilegales ha hecho aumentar también la inseguridad. El crimen y el narco tráfico se expandieron y las policías no tienen la capacidad para controlar este flagelo. Sólo normas estrictas, incluso con detractores, permitirán mitigar el drama de las parcelaciones ilegales en Chile.

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