Cuando un turista extranjero llega a Chile gasta sus dólares principalmente en hoteles, restaurantes, transporte y comercio. Esas divisas ingresan a nuestra economía exactamente igual que lo hace un embarque de cobre saliendo por Valparaíso. La única diferencia es que, en lugar de salir el producto del país, ingresa el consumidor. En términos de balanza de pagos, eso es una exportación de servicios; sin embargo, no la tratamos como tal.
Este no es un problema del turismo. Es un problema de cómo lo medimos y cómo lo nombramos. El turismo no tiene código propio en el clasificador económico estándar. Se fragmenta entre hotelería, transporte, restaurantes y comercio en las cuentas nacionales, y por eso no aparece con la visibilidad que amerita. En 2024, según el propio Banco Central de Chile, el turismo receptivo generó cerca de US$3.200 millones en divisas, una cifra comparable a la del litio. No obstante, el litio tiene asiento en el Comité de Ministros para el desarrollo productivo, mientras que el turismo no. Esa asimetría no refleja la economía real, sino más bien, un mapa conceptual desactualizado.
De acuerdo con cifras del Banco Mundial, el turismo representa el 10% del PIB global y genera 357 millones de empleos en el mundo. La OCDE registra que en sus países miembros el turismo genera el 20,5% de todas las exportaciones de servicios. La Cepal reporta que el turismo explica casi la mitad del crecimiento de exportaciones de servicios en América Latina. Estos no son datos del sector turístico, son datos del FMI, del Banco Mundial y de la OCDE. El paradigma ya cambió en el mundo, pero Chile continúa rezagado en este ámbito.
No planteo en esto como un reclamo gremial, sino como una descripción de la realidad sobre la que debemos trabajar.
España decidió hace décadas tratar el turismo como política económica de primer orden. Hoy representa el 15,6% de su PIB, emplea al 14% de su fuerza laboral, y el FMI lo cita en sus informes de 2025 como componente central del superávit de balanza de pagos más alto de la historia española. Portugal pasó en 15 años de ser una economía rezagada a tener al turismo como su mayor exportador de servicios, con metas anuales de divisas auditadas con el mismo rigor con que se mide cualquier sector exportador. Costa Rica integró su Instituto de Turismo a la estrategia nacional de exportaciones, bajo la misma lógica institucional que su agencia de promoción comercial. Ninguno de estos países descubrió el turismo. Más bien, decidieron medirlo correctamente y gobernarlo en serio.
Chile tiene ventajas comparativas que ningún competidor puede replicar: la Patagonia, el Desierto de Atacama, la Antártica, la Isla de Pascua, la diversidad de un país de 4.300 kilómetros en un solo territorio. Se trata de activos que no se agotan, no dependen del precio de ningún commodity internacional, y generan empleo en las regiones más alejadas del país, precisamente donde el modelo exportador tradicional no llega.
La pregunta que surge entonces y que debería hacerse la política económica del país no es si el turismo tiene una relevancia estratégica, sino, por qué una actividad que genera divisas comparables al litio no es considerada en la agenda exportadora con la misma seriedad.
La respuesta técnica a esto existe: se llama Cuenta Satélite de Turismo, un instrumento estándar de la ONU para hacer visible exactamente lo que hoy es invisible. Chile ha realizado estudios al respecto, pero no están integrados al sistema de cuentas nacionales ni se publican con la periodicidad que merece una actividad de esta magnitud.
Lo que propongo para corregir esto no es recurrir a gasto público ni a una política asistencial; es hacer un reconocimiento estadístico e institucional de algo que ya existe: una exportación de servicios que genera divisas emplea a más de 700 mil personas en todo el territorio y tiene un efecto multiplicador documentado por el BID de US$5,4 por cada dólar operado.
Con todo, el turismo ya es una exportación estratégica para Chile. Solo falta que quienes definen la política económica del país lo incorporen como tal en sus análisis y definiciones.

Muy certero lo que expone el artículo
Debemos aprender de los países desarrollados y practicar normas y cultura que sitúe al TURISMO como actividad económica relevante para Chile
Las autoridades tienen en sus manos la decisión
Excelente. Solo falta limpiar nuestras ciudades y darle seguridad al turista de que no será asaltado o asesinado.