AGENCIAUNO

Durante décadas, economía y naturaleza han sido ubicadas por algunos en trincheras opuestas, como si se tratara de una guerra entre bandos irreconciliables: el progreso, a costa de la conservación. Sin embargo, a la luz de la evidencia global y los riesgos que enfrentamos, ese paradigma resulta insostenible y, francamente, anacrónico.

Hoy, la pregunta estratégica no es si debemos cuidar o no la naturaleza, sino cómo valorarla, medirla y gestionarla con la misma seriedad que cualquier otro activo en nuestro balance nacional.

Una respuesta está en el enfoque de Capital Natural (CN). Pero, ¿qué es exactamente?

El Capital Natural reconoce que la naturaleza es la base del bienestar social y económico de un país, representada mediante un conjunto de activos naturales -ecosistemas, biodiversidad, suelo, agua- que generan flujos esenciales: los llamados servicios ecosistémicos (SSEE).

Para comprender mejor sus implicaciones y aplicación práctica, es fundamental entender que el enfoque de Capital Natural (ECN) requiere herramientas y métricas distintas según el nivel de decisión:

  1. Nivel Macroeconómico (Países): Se centra en la contabilidad nacional (ej. ajustes al PIB).
  2. Nivel Microeconómico (Empresas y Mercados): Se enfoca en la valoración, los estándares y el reporting corporativo.

Ordenar el análisis en estos niveles permite una visión más clara de cómo se integra el valor de la naturaleza en la economía.

La contabilidad tradicional, centrada en el Producto Interno Bruto (PIB), es ciega a esta realidad. El economista Partha Dasgupta, en su influyente informe para el gobierno británico, advierte que el PIB mide flujos de producción, pero ignora la depreciación de la base natural que los sustenta. Es como si una empresa reportara sus ganancias sin descontar el desgaste de su maquinaria o insumos.

Para Chile, la propuesta esencial es medir el progreso económico no sólo por el flujo del PIB, sino por la variación del “stock total de riqueza”, que incluye el capital natural, humano y producido. En términos simples: si la extracción o el deterioro superan la capacidad de regeneración natural, nos estamos empobreciendo, aunque las cifras de crecimiento digan lo contrario.

A nivel internacional, el enfoque de Capital Natural ha pasado de ser una idea académica para convertirse en un imperativo regulatorio y de mercado.

Esta exigencia se manifiesta en dos ámbitos clave:

  1. A nivel de empresas: A través de estándares corporativos impulsados por la Taskforce on Nature-related Financial Disclosures (TNFD), que establecen metodologías para que las empresas midan y reporten riesgos y oportunidades vinculados a la naturaleza.
  2. A nivel de países: A través de la adopción del Sistema de Cuentas Ambientales Económica (SEEA), el estándar internacional promovido por la ONU para la contabilidad nacional, que exige a los países integrar el valor de la naturaleza en sus estadísticas oficiales.

El sector privado está siendo llamado a actuar, mientras los países avanzan en la formalización de estas métricas en sus políticas macroeconómicas.

Además, el caso económico de la conservación es irrefutable. Estudios del Natural Capital Committee (NCC) en el Reino Unido demuestran que inversiones en activos naturales como bosques o humedales pueden generar una relación beneficio:costo de hasta 8:1 frente a ciertas obras de infraestructura.

En esta misma línea, el Global Program on Sustainability Annual Report 2020–2021, elaborado por el Banco Mundial, documenta cómo países como Uganda, Zambia, Marruecos y Egipto ya producen cuentas de capital natural y las aplican en políticas públicas, desde presupuestos nacionales hasta planes sectoriales de pesca, agricultura o gestión de residuos. Aunque el informe no entrega cifras de PIB ajustado, sí confirma que en algunos casos -como Uganda- ya se publican indicadores macroeconómicos ambientales, y que la asistencia técnica del Banco Mundial ha impulsado proyectos por casi US$970 millones en Asia y África.

Estos avances internacionales muestran que la contabilidad de capital natural no es un ejercicio teórico, sino una herramienta práctica para orientar decisiones de desarrollo. Para obtener comparaciones numéricas entre PIB tradicional y PIB ajustado, la referencia clave es The Changing Wealth of Nations, que evidencia cómo en países de bajos ingresos el capital natural puede representar más del 40% de la riqueza total, mientras que en economías avanzadas es menos del 5%. La lección es clara: sin integrar el capital natural en la contabilidad, el crecimiento puede ser ilusorio y no sostenible.

Chile, con su extensa y diversa geografía, tiene una oportunidad única de liderazgo. Afortunadamente, se ha dado un paso clave en materia de gobernanza:

El Comité de Capital Natural (CCN): Formalizado en enero de 2023, es un órgano permanente integrado por los ministerios de Hacienda, Economía y Medio Ambiente, junto al Banco Central. Su misión es asesorar a la Presidencia y proponer medidas para identificar, medir, proteger, restaurar y mejorar el capital natural del país.

No obstante, para que este enfoque se consolide, es necesario superar desafíos críticos:

  1. Marco común y gobernanza estable: Aunque el CCN existe, su rol aún no está plenamente integrado en la toma de decisiones. Es vital que el enfoque de Capital Natural se convierta en política de Estado, con una visión de largo plazo que trascienda gobiernos y articule a todos los actores bajo un marco conceptual y metodológico común.
  2. Rigor en la medición y déficit de datos: La implementación del CN es compleja. Las mediciones siguen siendo parciales y muchos activos naturales no se incorporan en la contabilidad nacional ni en la evaluación de políticas públicas. Un ejercicio en la Región del Maule evidenció la necesidad de contar con datos confiables y metodologías estandarizadas para valorar los servicios ecosistémicos.
  3. Baja inversión privada y débil valorización económica: Aún falta atraer capital privado para conservación y restauración. La escasa valorización económica de los ecosistemas limita su integración en políticas públicas, planificación territorial y decisiones económicas. Se requieren mecanismos financieros innovadores que vinculen biodiversidad con desarrollo.

El desarrollo y crecimiento económico son clave para generar más empleos y mejorar la calidad de vida de las personas. Por ello, la promoción de nuevas inversiones que cumplan con las normativas medioambientales, y el impulso del Capital Natural, deben ser objetivos plenamente compatibles y mutuamente potenciadores.

La integración del Capital Natural en la toma de decisiones no es solo una medida ambiental: es una estrategia de eficiencia económica y prevención de riesgos financieros y sociales. Chile debe acelerar su implementación con la convicción de que solo administrando adecuadamente el valor de nuestra naturaleza podremos asegurar el bienestar de las futuras generaciones.

La naturaleza no es un obstáculo para el desarrollo, sino su principal activo no transable, y es precisamente el reconocimiento de este valor, unido a un sistema de permisos ambientales modernizado, razonable y eficiente, lo que permitirá atraer nuevas inversiones y asegurar el crecimiento sostenible de Chile.

Consultor en Asuntos Hídricos y Sostenibilidad

Deja un comentario

Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.