En pocos días más, asumirá la primera magistratura de la Nación, José Antonio Kast. Llega al poder con amplio apoyo popular y un equipo de alto nivel. Es importante que todos los chilenos tengamos presente que Kast recibirá un país con serios problemas, agravados en los últimos meses por acciones premeditadas de Boric, tendientes a dejar enquistados en el Estado, activistas, amigos y personajes siniestros.

Tendremos que tener paciencia, pues la izquierda y sus aliados empezarán desde el día uno, activando su maquinaria opositora en busca de generar descontento social, paros y demandas irracionales. En efecto, a la izquierda le interesa que a Kast le vaya mal, para intentar regresar al poder lo antes posible. Los chilenos bien nacidos, debemos colaborar, desde el lugar de cada uno, con el nuevo gobierno y ser valientes para defender lo que hay que defender y manifestar adecuadamente posibles errores que ciertamente se cometerán.

No hay gobiernos perfectos. Los burócratas salientes, se refugiarán en organismos internacionales, universidades, ONG, y en todos aquellos organismos desde los cuales puedan criticar al nuevo gobierno. Aunque durante el gobierno de Boric, los sindicatos comunistas, la ANEF y los universitarios estuvieron bastante pacíficos, llega para ellos el momento de actuar. El nuevo gobierno no debe dejar de revisar desde el primer día, todas las acciones delictivas que se llevaron a cabo, tanto desde organismos públicos, como de fundaciones “truchas”.

Es fundamental desenmascarar al gobierno saliente y llevar a tribunales a todos aquellos que se aprovecharon de su cargo, para beneficio personal, incluyendo también a los responsables de gestión ineficaz con costos del Estado-contribuyentes.

Ha llegado el momento de la recuperación. La tarea es ardua, pero posible. El futuro ministro Quiroz ha sido muy contundente al describir la grave situación fiscal que enfrenta el nuevo gobierno. Ojalá que el Parlamento se comporte a la altura y trabaje para Chile y no para las camarillas que los cobijan.

Boric se va sin pena ni gloria. Se va una forma de hacer política desde la ignorancia y la soberbia. Los jóvenes audaces que vinieron a cambiarlo todo, han fracasado. Ojalá desde la platea reconozcan sus errores y observen que lo que viene es otro gobierno, con otras ideas y con otros jugadores. 

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4 Comments

  1. Es un precepto fundamental de la política saber prever lo peor y tener la capacidad para impedir que ocurra.
    Es preciso que la ciudadanía tome conciencia de la amenaza que se cierne sobre nuestra patria de una nueva asonada revolucionaria —extremadamente violenta, como la iniciada el 18 de octubre de 2019— y que las autoridades de gobierno y legislativas adopten las medidas conducentes para evitarla. Y, si tal asonada se produjere, debería ser controlada o neutralizada por las autoridades de gobierno mediante la aplicación de la violencia física legítima del Estado, sin verse inhibidas por el “discurso de los derechos humanos”, a fin de garantizar el orden público, el orden institucional de la República y, en definitiva, el bien común. Para lograr tal cometido, los miembros de las Fuerzas Armadas y Carabineros deberán contar con los medios materiales y el respaldo político y jurídico que les permita cumplir con las funciones que les son propias; sin temor a ser injustamente condenados por violación de derechos humanos, por abuso de la fuerza u otros espurios o infundados motivos, como le ocurrió al capitán de carabineros Patricio Maturana Ojeda.
    La probabilidad de que tal amenaza se concrete si no se adoptaren las medidas adecuadas para evitarla es alta, porque se avizoran negros nubarrones en el horizonte: las izquierdas radicales difícilmente dejarán gobernar a las nuevas autoridades; ellas no cejarán en su empeño por conquistar el poder mediante la violencia —especialmente el Partido Comunista, que no ha renunciado a su proyecto totalitario: “el proyecto popular que encabezó Salvador Allende es un proyecto inconcluso, pero no derrotado” y, como lo señala su Manifiesto del año 1848: “Los comunistas no tienen por qué guardar encubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente”—; los miles de empleados públicos de la administración central del Estado y de las municipalidades que gozan de inamovilidad, muchos de los cuales se desempeñan, en la práctica, como activistas políticos y que “atornillarán al revés”; las escuálidas arcas fiscales, el excesivo endeudamiento externo y el pago de intereses exorbitantes, harán muy difícil financiar nuevos proyectos de obras públicas o financiar programas sociales; los gravísimos problemas de seguridad, económicos, de vivienda, educacionales, de salud, previsión, etc. heredados por el nuevo gobierno exigirán para su solución adoptar medidas impopulares; las protestas, los paros y movilizaciones ilegales serán pan de cada día, así como el recrudecimiento de la violencia; todo lo cual contribuiría al éxito del proceso insurreccional en curso. A ello se suma la existencia de sectores políticos de izquierda antidemocrática que consideran inaceptable que la derecha acceda al poder y que postulan «meterle inestabilidad al país” para hacer grandes transformaciones y utilizar retroexcavadoras a fin de destruir los cimientos anquilosados del modelo neoliberal lo que, evidentemente, ahoga la libertad económica, desalienta la inversión y afecta gravemente al crecimiento, al empleo y al bienestar de la población. El nuevo gobierno deberá pagar los platos rotos de la crisis provocada por la mala gestión de gobiernos anteriores.
    Adolfo Paúl Latorre
    Magíster en ciencia política

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