La implementación de Basilea III es un paso importante para fortalecer aún más la resiliencia y estabilidad de nuestro sistema bancario. Actualmente, a la banca se le exige colchones de capital y cargos mínimos de capital según los activos ponderados por riesgo. Mientras los primeros funcionan elástica y más flexiblemente como amortiguadores, los segundos son exigencias estrictas que constituyen obligaciones mínimas a cumplir.

La instauración de Basilea III ha significado un incremento real de 26,6% (US$ 7.600 millones) en el patrimonio exigido a los bancos y de 17,3% del patrimonio efectivo enterado entre abril de 2021 y abril de 2025.

No obstante, estas buenas noticias, la banca en Chile enfrenta una contracción crediticia prolongada. Esto plantea interrogantes sobre el impacto de las mayores exigencias de capital en la disponibilidad de crédito. Es obvio preguntarse: ¿cuánto influyen estas mayores exigencias en la contracción crediticia que experimenta Chile?

La intención en el diseño de los colchones era que los bancos pudieran reducir sus niveles de capital hasta un cierto mínimo durante períodos transitorios de pérdidas reales o esperadas, o de aumentos en los activos ponderados por riesgo, ayudando a evitar contracciones crediticias.

Por las limitaciones al reparto de dividendos que implica, es difícil que un banco decida utilizar el colchón de conservación de capital. A su vez, si la autoridad declara que el colchón contracíclico debe situarse la mayor parte del tiempo en un nivel neutral positivo, dicha regulación, más que un colchón, parece una exigencia de capital. Si los colchones no funcionan como tales, todo el marco original no funciona y necesita ser reconsiderado.

Si bien es cierto que Chile y varios países de Europa han adoptado la política de exigir un colchón contracíclico neutral positivo (Alemania, Francia, Reino Unido), otros países desarrollados no lo han hecho, debido a la incertidumbre sobre su eficacia, la preocupación por su impacto en el crédito bancario y lo complejo de su implementación. De hecho, en una muestra de 30 países más desarrollados que Chile, cerca del 38% de ellos mantienen el colchón contracíclico en 0%, destacando Austria, Canadá, Estados Unidos, Finlandia e Italia, entre otros.

Desde su adopción en 2016 en Estados Unidos, el colchón contracíclico nunca se ha activado, en parte porque la Reserva Federal no ha identificado anticipadamente ningún período de acumulación de riesgos que, a su juicio, lo justifique. Un episodio reciente interesante, fue el fracaso de los supervisores macro prudenciales de Estados Unidos en prever con antelación los problemas bancarios ocurridos en el primer semestre de 2023, lo que vuelve a poner en duda la capacidad de llevar a cabo una política macro prudencial dinámica y eficaz.

Las exigencias de capital específicas aplicadas a los bancos de importancia sistémica a nivel de cada país están diseñadas para cautelar los riesgos potenciales que los bancos sistémicos representan para un sistema financiero. En este ámbito, en Chile se aplican por este concepto cargos de capital que van desde 1% hasta 1,5% de los activos ponderados por riesgo. Considerando una muestra de 30 países más desarrollados que Chile, el 40% de ellos establece rangos mínimos y máximos de cargos de capital sistémico menores o iguales a los de Chile. A su vez, en Australia y Canadá los cargos de capital por riesgo sistémico son 1% parejos para cada uno de los bancos sistémicos a nivel local. Son sistemas más simples y menos onerosos que los de Chile.

El regulador bancario canadiense anunció en febrero pasado la suspensión de los aumentos de capital requeridos a los bancos con modelos internos, debido a la incertidumbre económica imperante producto de la guerra comercial. A su vez, con el fin de preservar un campo de juego nivelado, el regulador británico y la Comisión Europea han decidido postergar por un año los más exigentes cargos de capital por riesgo de mercado. ¿No será el momento de considerar esta opción también en Chile?

Sobreexigir capital a la banca resulta económicamente costoso. Por ello, es importante que las autoridades efectúen una revisión integral de la experiencia internacional que es diversa en esta materia y evalúen los distintos efectos económicos que ha tenido Basilea III en Chile.

Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes y ex superintendente de Bancos

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