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Publicado el 20 de diciembre, 2018

Smart TV, la columna de Fernanda Demaria: Roma versus Hollywood

Autor:

Fernanda Demaria

El estreno del último largometraje de Alfonso Cuarón marca un hito en la historia del cine. Y esto no obedece a las cualidades cinematográficas  de la cinta -que no son menores- sino que a la plataforma de exhibición utilizada por ésta. A solo pocos días de estrenarse en un reducido número de cines “Roma” pasó a ser parte del catálogo de NETFLIX y quedó a disposición de todos sus suscriptores.  Para muchos, el fin de una época donde los grandes largometrajes esperaban el momento preciso para lanzarse en los cines. Para otros, la posibilidad de que más personas puedan acceder al séptimo arte pero no necesariamente a una verdadera experiencia cinematográfica.
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Fernanda Demaria

Poco a poco internet ha invadido cada espacio de nuestra vida. Ya no es necesario sufrir la tortura de las compras navideñas ni las colas en el supermercado, la música es un bien a libre disposición y las enciclopedias muchas veces elementos de decoración o colección. Todo está en la red. Pero existía un reducto impoluto, un terreno libre donde la red no había logrado penetrar. Y ese era el cine, territorio sagrado donde las grandes películas se estrenaban en salas silenciosas, con luz oscura y sonido envolvente. Pero ya no. Y todo debido a “Roma”.

El lanzamiento de la última película del mexicano Alfonso Cuarón -director, guionista, editor, productor y director de fotografía de “Roma”- es tema obligado. Además de ser una gran cinta, marca un cambio en la forma en que  vemos cine. Casi al mismo tiempo de su estreno en un reducido número de salas, Netflix la puso a disposición de todos sus suscriptores. Un hito que marca el fin de una era en el negocio del cine tal como lo conocemos hasta ahora.

Las películas tienen un ciclo. En la industria se conoce como “ventanas de exhibición”; así, una cinta sigue un camino que implica primero su estreno en cines para luego pasar a VOD (antes existía el lanzamiento en DVD, pero éste ya murió), streaming y finalmente televisión abierta. Un orden que implicaba  grandes ganancias para los exhibidores -que generalmente contaban con un período de exclusividad de tres meses-, pero que con la decisión de Netflix tambalea. “Roma” se exhibió en pocas salas solo para cumplir unos de los requisitos que exige la academia de Hollywood para ser candidata al Oscar, y a los pocos días esta empresa de streaming la alojó en su sitio. Millones de personas pudieron conocer la historia de Cuarón al mismo tiempo, sin pagar ni siquiera un peso adicional al de su plan original.

Pero ¿por qué hacerlo? Netflix ya se tomó el mercado de la televisión. Y ahora es el momento de los grandes títulos, de los galardones, las Palmas, los Osos y los Oscar. Para estar a la altura de los estudios tradicionales Netflix necesita la validación que los premios aportan y captar los mejores talentos. Hasta ahora la estatuilla le había sido esquiva. Los votantes de la Academia no prestaban mayor atención a sus productos. En tres años la compañía solo logró que su documental “Icarus” obtuviese el preciado galardón.

Netflix cuenta con más de 55 cintas al año. Nada mal considerando que la gigante Universal llega solo a 30.

Para conquistar el último bastión, Scott Stuber, el número uno de la división de cine de Netflix, implementó una estrategia agresiva y millonaria. Con el mandato de convertir los largometrajes de la compañía en un producto tan exitoso como las series -que tan solo este año recibieron 112 nominaciones al Emmy, superando con creces a cualquier cadena-, Stuber desplegó todas sus armas. “Si vas a construir un gran estudio de cine, tienes que construirlo con grandes cineastas”, dice. Y es así como en carpeta ya tiene películas de Martin Scorsese, Steven Soderbergh, Dee Rees, Guillermo del Toro, Noah Baumbach y Michael Bay. Además de estrellas de la talla de Meryl Streep, Ben Affleck, Eddie Murphy, Sandra Bullock y Dwayne Johnson. Más de 55 cintas al año. Nada mal considerando que la gigante Universal llega solo a 30.

Una cinta con la fuerza visual de “Roma” se vive distinto en el sillón de la casa que en la butaca del cine.

“Estoy entusiasmado con el desarrollo de el modelo de distribución de Netflix”, dijo Cuarón, ya que según él éste “devolverá la diversidad al cine”. “Tarde o temprano nuestras películas van a vivir en ese formato, y no creo que haya que enfrentarlo con el visionado en salas: hay que encontrar una manera de que vivan de forma armónica”, asegura. Sus detractores no le creen. Detrás de esta movida solo ven dólares, dinero asegurado que atenta contra cómo debe ser vista una película, pero que en este caso permitió que un largometraje rechazado por grandes estudios viera la luz. De acuerdo con The New York Times, “Roma” fue financiada y producida por Participant Media y, a excepción de la plataforma de streaming, todos los distribuidores fueron escépticos frente a la viabilidad comercial  de una propuesta subtitulada en blanco y negro que ya fue elegida mejor película del año por la Asociación de Críticos de Cine de Los Angeles, premio que se suma al León de Oro que le otorgó el Festival Internacional de Cine de Venecia y a la mención máxima del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York, entre otros.

¿Es posible encontrar esa “armonía” a la que aspira Cuarón? Difícil. Lo que sí está claro es que una cinta con la fuerza visual de “Roma” se vive distinto en el sillón de la casa que en la butaca del cine. Y en eso no hay discusión. Tal como dice el escritor Bret Easton Ellis: “La mejor película del 2018 es ‘Roma’ de Cuarón. Sin embargo debe verse en una pantalla masiva para lograr una inmersión total. Gran parte de su belleza es imposible de apreciar viéndola en Netflix. En un cine la experiencia es totalmente distinta, abrumadora”. Ojalá que, con el paso del tiempo, esa experiencia no solo sea privilegio de unos pocos y que el estrenar en cines un mero trámite para lograr una estuatilla.

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