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Publicado el 13 de diciembre, 2018

Smart TV, la columna de Fernanda Demaria: La extinción de los mártires

Autor:

Fernanda Demaria

La revista TIME eligió como “Personaje del Año” a cuatro periodistas y un medio de comunicación que se han visto enfrentados a persecuciones, arrestos o asesinatos. Una decisión que evidencia la importancia de esta profesión en el escenario político actual, donde factores económicos ponen en jaque su rol clave en la defensa y perfeccionamiento de la democracia, y más aún, su propia sobrevivencia. En un futuro distópico, ¿cómo sería un mundo sin periodistas?

Autor:

Fernanda Demaria

Este martes la revista TIME anunció el “Personaje del Año 2018”. El artículo de la portada se titula “Los Guardianes y la Guerra de la Verdad”. Y según explicó la publicación, buscan reconocer a “periodistas que enfrentaron persecución, arresto o asesinato por su denuncia” en tiempos en que “la democracia enfrenta la mayor crisis en décadas”. Una suerte de mártires del periodismo, el rostro visible y golpeador de un fenómeno mucho más complejo donde día a día “pequeños héroes” luchan por mantener en alto lo mejor de esta profesión en condiciones políticas, sociales y económicas adversas.

Desde 1927 TIME repite esta tradición y, de acuerdo con el medio, destacan a quien consideran la figura más influyente en el mundo “para bien o para mal”. Este año son cuatro los elegidos: Jamal Khasoggi, columnista saudita del Washinton Post recientemente asesinado en Turquía; Maria Ressa, fundadora y editora del sitio web Rapple, quien se encuentra presa acusada de supuesta evasión de impuestos -estrategia del gobierno filipino para callar sus denuncias contra el presidente Rodrigo Duterte-; Wa Lone y Kyaw Soe Oo, detenidos en Myannmar por su investigación sobre el genocidio de la minoría étnica rohingya; y por último el “Capital Gazette”, diario de Maryland donde cinco reporteros perdieron la vida en un tiroteo.

Si bien los periodistas destacados por TIME constituyen una suerte de mártires de esta profesión, son muchos los “pequeños héroes” que trabajan día a día en condiciones adversas para cumplir con su rol.

TIME destaca los riesgos asumidos por los profesionales por mostrar la realidad, “por la imperfecta pero esencial búsqueda de los hechos que son centrales en el discurso civil, por hablar alto y en público”. Para los periodistas y académicos Bill Kovach y Tom Rosenstiel el  periodismo llama a la reflexión y favorece que la comunidad se haga escuchar. En “Los elementos del periodismo” afirman que necesitamos información para vivir, para protegernos, para establecer vínculos.

¿Y qué pasa cuando los recursos son cada vez más escasos? Porque si bien los periodistas destacados por TIME constituyen una suerte de mártires de esta profesión, son muchos los “pequeños héroes” que trabajan día a día en condiciones adversas para cumplir con su rol. Lo que hizo TIME a través de esta portada fue honrar al periodismo y sus artífices, hombres y mujeres que hoy están insertos en un escenario económico complejo y en permanente evolución,  donde a la lucha por la información deben sumar la de su propia sobrevivencia.

Esos “pequeños héroes” tienen en sus manos un poder difícil de cuantificar. Detrás de las distintas realidades que ellos informan hay una selección, un punto de vista, una mirada que evidencia un papel que va más mucho más allá del reporteo. “Un mundo sin periodismo sería un mundo de propaganda de los gobiernos, empresas o particulares”, indicó hace unos años Michael Reid, experimentado ex editor de The Economist y considerado el columnista sobre Latinoamérica más prestigioso a nivel mundial. Lo mismo opina Dominic Ponsfor, editor de Press Gazette quien asegura que “sin el periodismo de investigación, los funcionarios públicos corruptos e ineptos permanecerían plácidos y tranquilos”. Un futuro nada de auspicioso.

El periodista tal como lo conocemos está en peligro de extinción. Porque los cazan -como en los países árabes- o porque mueren de inanición o porque mutan a otra especie.

Estamos frente a una profesión cuyos primeros registros se remontan al 59 antes de Cristo, cuando Julio César era cónsul romano. En esos tiempos se ponía regularmente en lugares públicos la denominada Acta Diurna, donde se relataba las actividades del gobierno. El primer periódico propiamente tal vio la luz en Inglaterra. Fue en 1622 y  lo hizo bajo el nombre de Weekly News of London. Es de esperar que a este relato no tengamos que incorporar la fecha de publicación del último diario. Lamentablemente, de mantenerse la situación actual en que por falta de recursos grandes medios han cerrado sus puertas, habrá un sin número de periodistas sin trabajo o ad portas de perderlo. En un escenario así estos profesionales se enfrentan a una difícil coyuntura al tener que seguir dando la lucha o buscar otro camino para obtener un ingreso digno.

¿Cuál es la solución para que los periodistas no desaparezcan en una industria al borde de la quiebra? Buscar nuevos modelos para cobrar por la información aparece como una opción válida, pero sumamente difícil de implementar. Habiendo una oferta tan amplia, pretender financiarse con el aporte de los lectores resulta, por decir lo menos, utópico. Otros optan por abandonar el periodismo de trinchera y entrar de lleno a lo que vende: la farándula y el sensacionalismo. Una opción válida, pero lamentable. También están aquellos que mutan y deciden convertirse en personajes en sí mismos. Para muchos, una solución digna, pero que sin duda “hibridiza” su rol al mezclar comentarios, opinión, información y una suerte de mesianismo en una misma persona.

Así las cosas, está claro que el periodista tal como lo conocemos está en peligro de extinción. Porque los cazan -como en los países árabes- o porque mueren de inanición o porque mutan a otra especie. El crear conciencia sobre lo que realmente significa esta profesión constituye un paso adelante. Se debe valorar un rol que ha permitido grandes cambios en la sociedad y que, si bien adolece de una serie de falencias, resulta clave en el fortalecimiento de las instituciones democráticas y de nuestro propio punto de vista. Más que mal, la información es libertad.

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