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Publicado el 17 de octubre, 2019

Smart Media, la columna de Fernanda Demaria: Quiero comerme a mi mascota

Periodista Fernanda Demaria

El programa de televisión más llamativo del último tiempo implica dejar la carne para así no tener que devorar la mascota de la casa. Una niña de 16 años, provista de un discurso emotivo y muchas veces virulento, increpa a los líderes mundiales. Un connotado escritor enfrenta a los negadores del cambio climático y enfatiza la responsabilidad individual. Estrategias y narrativas distintas que buscan remecer la conciencia, visibilizar y generar un punto de inflexión frente a la crisis ambiental.

Fernanda Demaria Periodista

La preocupación por el consumo de carne de origen animal es transversal. Considerada como un importante factor en el calentamiento global, ahora incluso constituye uno de los temas principales del mayor mercado internacional de productos audiovisuales: MipCom. Todos los años se realiza en Cannes esta feria que reúne a más de 13 mil 500 participantes. En la Riviera francesa negocian los número uno y deciden qué programas de televisión veremos y en qué plataforma lo haremos.

¿Pero qué tiene que ver la carne con la industria del entretenimiento? Simple. Este alimento protagoniza “Meat the Family”, una de las propuestas más llamativas del evento. En ella, cuatro familias amantes de las proteínas de origen animal reciben como mascota el “animal que termina más a menudo en sus platos”. Durante tres semanas se familiarizan con sus hábitos, lo alimentan, cuidan y protegen. El destino de un cordero, un cerdo, un pollo y un ternero se decide en el último capítulo, cuando sus “padres” deben optar entre sacrificarlo o convertirse en vegetarianos, lo que les permitirá enviar a su mascota a un refugio de animales. Si escogen seguir siendo omnívoros, deberán matarlo, cocinarlo y comérselo. Así, la mascota, que ya tiene un rol dentro de la dinámica familiar, se convierte en la cena.

Daniela Neumann, directora gerente de la productora Spun Gold, comentó: “En esta serie confrontamos algunos temas realmente oportunos de la alimentación ética de una manera única y atractiva. ¿Por qué nos parece aceptable comer un cordero pero no nos comeríamos a nuestro perro? ¿Podrías volver a la carne una vez que hayas puesto nombre y cara a una comida? Esta es una serie que combinará una increíble investigación sobre inteligencia animal con algunos momentos conmovedores”.

De acuerdo con los realizadores, los tres capítulos -de 60 minutos- tienen su base en recientes estudios sobre el comportamiento y la inteligencia de los animales. En ellos se examinan las prácticas agrícolas necesarias para satisfacer la demanda de carne y el impacto ambiental de éstas. También habrá espacio para analizar por qué qué algunos animales se convierten en mascotas y otros en comida.

“Los llamados negadores del cambio climático rechazan la conclusión a la que han llegado el 97% de los científicos del clima: el planeta se está calentando debido a las actividades humanas”, dice el escritor norteamericano Jonathan Safran Foer.

¿Es necesario un producto  de estas características? La estrategia de “Meat the Family” -definido por sus creadores como un “experimento emocional”– tiene características similares al rol que juega Greta Thunberg, la joven de 16 años recientemente nominada al Premio Nobel de la Paz y que pertenece al exclusivo listado de la revista Time que reúne a las 100 personas más influyentes del año. Tanto el formato televisivo como la activista sueca explotan las emociones. Un programa así, con una importante dosis de sensacionalismo, golpea, da que hablar y pone en la palestra temas que muchas veces no son visibilizados. Guardando las proporciones, Greta hace lo mismo pero a una escala infinitamente mayor. Su rol no es dar una solución, sino que remecer a través de una retórica mucha veces agresiva y excesivamente emotiva pero que ha demostrado ser más efectiva que los discursos científicos y técnicos que muchas veces no logran captar la atención del público masivo. Porque tal como dice el escritor norteamericano Jonathan Safran Foer -autor de “We are the Weather”- resulta fácil atribuirle la responsabilidad de la crisis a los aviones, las industrias contaminantes o los líderes mundiales. Eso nos permite tomar distancia y sentirnos menos responsables. Lo que pasa no es culpa nuestra sino que de otros. Pero claramente no es así. El año pasado los seres humanos originaron más gases de efecto invernadero que nunca en la historia.

De acuerdo con Foer, “la ganadería produce más emisiones de gases de efecto invernadero que todo el sector del transporte (todos los aviones, automóviles y trenes) y es la principal fuente de emisiones de metano y óxido nitroso (que son 86 y 310 veces más potentes que el CO2, respectivamente)”. El excesivo consumo de carne lleva a la deforestación, por lo que se reduce la capacidad de absorber carbono del planeta. Un informe reciente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, establece que “incluso si hiciéramos todo lo necesario para salvar el planeta, sería imposible cumplir los objetivos del Acuerdo Climático de París si no reducimos drásticamente nuestro consumo de productos animales”.

Seguramente “Meat the Family” será parte de la programación de algún canal del cable. No es de extrañar que incluso exista una versión criolla. Greta ya confirmó su participación en la COP25 que se realizará entre el 2 y 13 de diciembre en Santiago. Llegará a Chile en barco, ya que se rehúsa a tomar aviones por su alto impacto ambiental. Su agenda está copada y sin duda tendrá una gran cobertura mediática.

¿Qué viene después? Claramente puede haber mucho ruido pero ninguna acción concreta que genere un cambio. Parafraseando a Foer, la palabra “crisis” deriva del griego krisis, que significa “decisión”. Desde los más grandes, como las súper potencias, las industrias, los medios de transporte; hasta los más pequeños -cada ser humano- pueden optar por el cambio. Por su parte “decisión” viene de decidere, “cortar”. Toda decisión implica una pérdida. Y esa pérdida todos deben asumirla. Dejar atrás la cómoda postura del observador y optar por medidas concretas. Foer lo tiene claro: “Los llamados negadores del cambio climático rechazan la conclusión a la que han llegado el 97% de los científicos del clima: el planeta se está calentando debido a las actividades humanas”. En esta historia no somos espectadores sino que protagonistas.

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