Hay algo allá afuera es presentado por:
Publicado el 14 de mayo, 2020

Galerías en la maquinaria del arte, más de dulce que de agraz

Arquitecto y coleccionista de arte contemporáneo Gabriel Carvajal

Las galerías nos ofrecen la posibilidad de transformar, indirectamente, su espacio de exhibición en un lugar de reflexión frente a las obras expuestas. Son el nexo entre el artista y el comprador, pieza fundamental que no se debe menospreciar.

Gabriel Carvajal Arquitecto y coleccionista de arte contemporáneo

El arte no escapa al factor económico. Son pocas las cosas en la sociedad en que vivimos que no se transan y el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, no es una excepción. Los artistas, por más seres “antenas” que sean, por más dones particulares que posean, necesitan vivir, comer, vestirse, y todo lo demás que necesita cualquier otro ser humano. Y aunque haya ejemplos en la historia del arte que dan cuenta que algunos hayan muerto en la miseria y hoy forman parte del Olimpo, no es la idea. Ahora nos encontramos inmersos en la crisis sanitaria ya archiconocida por todos y precedida por la crisis social desatada a partir del 18 de octubre y hay que hacerle frente de alguna manera. Vamos viendo…

En las artes plásticas, específicamente -en otras disciplinas también, pero quizás con diferentes componentes-, existe un engranaje para que esto funcione. Básicamente, primero el artista, segundo el comprador y por supuesto, entre los dos, como tercera pieza, el mediador, la galería de arte. También están los curadores, críticos de arte, medios de comunicación, entidades estatales como FONDART, la DIRAC, etc., que cumplen roles no menores, pero para efectos de este texto quise simplificar para un mejor entender. Este eje, que debiera funcionar como tal -porque el artista, entre otras cosas, generalmente no maneja los números-, debe recurrir al mencionado mediador para llegar al interesado. Sin embargo, debido al tamaño del medio, el ejercicio no siempre es tan lineal. Falta, diría yo, profesionalización en algunos aspectos de la actividad. La relación de los artistas con su agente/galería debe ser de un compromiso mutuo total en cuanto a fidelidad. Debe existir como requisito para ambos en este contrato/acuerdo previo, el asegurar la permanencia en el tiempo, haciendo “camino al andar”…

Y en este contexto habría que puntualizar al menos un aspecto inherente a cada uno de estos tres actores del guion que me parecen relevantes, sin perjuicio que haya otros varios “vicios” más…

Las galerías no deberían caer en la fácil tentación que tiene que ver con el valor asignado a la obra de un artista. Habiendo una cuota de subjetividad importante, muchas veces, por el éxito repentino y de aceptación de éste por parte del publico, se tiende a inflar los valores. El precio final siempre debiera estar ligado a la trayectoria, ventas anteriores y permanencia en el tiempo como artista. Ahí está presente la seriedad y el prestigio de la galería.

El comprador que quiere acceder a una obra lo debería hacer través de la galería de arte. Es importante no saltarse esta pieza importante de la maquinaria -buscando tal vez un mejor precio-  porque finalmente la galería invirtió en el artista, en tiempo, visitas a taller, a través de catálogos, notas periodísticas, y exposiciones, etc., convirtiéndose en su vitrina y, lo más importante, ha logrado posicionar al artista dentro del público general.

El artista tiene en sus manos recurrir a buenas estrategias, la mejor a mi juico es auto-gestionar sus proyectos, presentarlos y buscar el apoyo de su galería, no esperar lo contrario. Debe haber una simbiosis ojalá muy afianzada, basada en la confianza y compromiso mutuo. Por otro lado, y volvemos a la precariedad del medio, muchos artistas que, por la necesidad quizás apremiante de subsistir, migran de galería en galería buscando poder vender mas rápidamente, sin prever lo negativo de esa acción porque no logran consolidarse los lazos necesarios. Si el artista no quiere o no tiene galería que lo represente, ya es otro asunto.

Galerías de arte las hay de muchos formatos y estructuras internas; grandes algunas, más pequeñas otras, las hay formadas por cooperativas de artistas, otras manejadas por uno o más dueños, etc. Pero lo que es importante a la hora de comprar es la confianza que puedan transmitir al comprador. También y no menos significativo es conocer su línea curatorial. Hay ahí un ejercicio interesante de parte del galerista en dejar de manifiesto lo que él quiere trasmitir y lo que él valora en el arte y sus artistas, así, al momento de saber lo que uno como comprador busca, elige a que galería acudir. Las galerías también nos ofrecen además la posibilidad de transformar, indirectamente, su espacio de exhibición en un lugar de reflexión frente a las obras expuestas, más si se trata de una muestra unipersonal donde además de percibir una lectura individual de cada obra, el artista está transmitiendo un mensaje, un concepto mas global, que seguro está presente en la totalidad de la muestra y que es un desafío descubrir. Diversificando así, la galería, sus actividades y haciendo mucho mas interesante y educativo su rol y entendiéndose que no es algo meramente comercial.

Arista importante en el rol de las galerías es la internacionalización del trabajo de sus representados y la presencia como país en el extranjero, sumado al interés de aumentar las ventas y agrandar la carpeta de clientes, mejor si éstos son coleccionistas. Es destacable la asistencia y participación activa que están teniendo varias de las galerías chilenas en las ferias de arte, principalmente latinoamericano. Las más conocidas en el circuito son, ArteBa (Argentina), ArtBo (Colombia), ArtLima y Parc (Perú) y nuestra versión local Ch.ACo. Se generan allí, interesantes fenómenos. Entre esa cantidad de variables, se dejan ver temáticas comunes que tocadas por los artistas de cada país dan forma a una personalidad de bloque, lo que nos lleva a crear una identidad latinoamericana más globalizada, manteniendo por supuesto, estéticas propias de la idiosincrasia de cada lugar. Estoy seguro que hay ahí un factor de gran interés, por ejemplo, de parte de la feria Arco de Madrid (que como todos los años se realiza a finales de febrero e inicios de marzo) que abarca tres continentes, Asia, Europa y América Latina y que desde su versión aniversario 35; el 2016 ha puesto sus ojos y énfasis en América Latina, quizás por hacerle el peso a ArtBasel Miami y también por el interés de hacer una versión de Arco en estas latitudes. Vale la pena añadir que para el público asistente a estas ferias se trata de una “fiesta del arte” donde se generan cruces, se articulan charlas, visitas a colecciones privadas, museos, etc., y donde se va formando una verdadera “familia” que va de feria en feria.

Pero, ¡hasta ahí llegó la fiesta! Con la aparición del Covid19, se suspendieron las fechas de todas las ferias que seguían en el calendario, partiendo por Ch.ACo de Chile, también en marzo; luego las de Perú y Argentina en abril ¡y así!, no se sabe bien hasta cuando. Las galerías con audacia y valentía han asumido un rol clave, se han visto enfrentadas a un nuevo desafío para seguir adelante y defender y proteger a sus artistas. Han tenido que cambiar estrategias y modalidades de venta. Durante la cuarentena obligada empezaron a hacer vitrinas virtuales, aumentar su presencia en redes sociales y usar todo tipo de medios y artimañas para atraer compradores, en este momento ya empiezan a recibir público con horarios acotados y medidas de distanciamiento social, más todos los protocolos necesarios y sugeridos por la autoridad sanitaria, por supuesto ni hablar de inauguraciones masivas.

Y citando nuevamente a Antonio Machado… ¡Caminante no hay camino, se hace camino al andar!

¡Hasta la próxima!