Este junio tuve el privilegio de acompañar a 20 expedicionarios de El Líbero en un recorrido de 11 días por una Escocia que va mucho más allá de la ruta turística habitual. Juntos vivimos un viaje por la historia viva del país que definió qué es la libertad y por qué vale la pena luchar por ella.

Partimos en Edimburgo, instalados en el antiguo banco convertido en hotel The George, frente al mítico The Dome. Recorrimos juntos la ciudad vieja desde el Castillo de Edimburgo —una ciudadela con edificios que van del siglo XI a la Primera Guerra Mundial—, bajamos por la Royal Mile, nos detuvimos en la catedral de Saint Giles y visitamos la tumba de Adam Smith.

Almorzamos en el Tolbooth Tavern, recorrimos el palacio de Holyroodhouse. Cuando oscureció, bajamos a Mary King’s Close, un laberinto subterráneo de calles congeladas en el Edimburgo del siglo XVIII. También visitamos la Galería Nacional y la National Portrait Gallery, con su extraordinario mosaico victoriano que resume toda la historia del país.

Desde Edimburgo volamos en Loganair —con tartán en la cola del avión— a Kirkwall, capital de las remotas Islas Orcadas, en el Mar del Norte. Al llegar, nos recibió la banda de gaitas local desfilando: una maravilla inesperada. Al día siguiente visitamos Skara Brae, aldea megalítica anterior a las pirámides de Egipto, los círculos de piedra de Stenness y Brodgar, y la llamada «Capilla Italiana», un hangar convertido en obra de arte por prisioneros italianos durante la Segunda Guerra Mundial.

De las Orcadas volamos a Aberdeen, donde nos esperaba nuestro chofer Michael Getles, quien acompaña cada una de mis expediciones al Reino Unido. Recorrimos el escénico Castillo de Dunnottar sobre los acantilados del Mar del Norte, hoy convertido en una ruina cargada de historia. Luego nos dirigimos a Balmoral, el castillo privado de la reina Victoria —amado por la monarquía hasta hoy—, donde almorzamos un picnic en sus jardines.

Continuamos hacia Pitlochry, un bello pueblo victoriano en el centro de Escocia, con paradas en círculos de piedra y castillos en ruinas camino a Oban.

Desde Oban cruzamos en ferry a la isla de Mull para visitar la destilería Tobermory, y luego navegamos hasta la sagrada isla de Iona, cuna de Saint Columba, con sus playas blancas, aguas cristalinas y el silencio de siglos. De regreso en tierra firme, pasamos por los territorios de los Campbell y llegamos a Glasgow, donde visitamos la Galería Kelvingrove —con el Cristo de Dalí como protagonista— y tomamos el afternoon tea en The Willow, el salón diseñado por Charles Rennie Mackintosh.

Nos instalamos en Norton House, una casona victoriana a las afueras de Edimburgo, desde donde visitamos Stirling y sus huellas de la guerra de independencia, los Kelpies de Falkirk y la casa de Sir Walter Scott en Abbotsford. Una última mañana en Edimburgo cerró el viaje con la ciudad brillando bajo el verano escocés.

Once días, once experiencias irrepetibles. Una Escocia que muy pocos conocen y que este grupo tuvo el privilegio de habitar por dentro. Ya estamos pensando en la próxima aventura. ¡Los esperamos!

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