Juan Pablo Lavín Fotografía: Matías Zamora

Tras la presentación del Presidente José Antonio Kast de una Agenda contra el Crimen Organizado y Terrorismo (ACOT) y el despliegue de la ‘Operación Cancerbero’, las encuestas mostraron un aumento en la aprobación del Mandatario y un apoyo contundente al traslado de reos de alta peligrosidad a módulos separados.

En conversación con Mirada Líbero, Juan Pablo Lavín, experto en opinión pública y gerente general de Panel Ciudadano UDD, abordó el momento del gobierno y las señales que están entregando las encuestas con el impacto de la agenda de seguridad. También analizó las tensiones dentro del oficialismo, el impacto del Partido de la Gente, la situación de la oposición y el nuevo escenario que enfrenta la izquierda tras el triunfo de Gael Yeomans en las elecciones del Frente Amplio.

«Que el gobierno de Kast sea muy duro contra la delincuencia es un ‘desde'»

—¿Cómo ve al gobierno? ¿Cree que la seguridad representa el primer hito concreto capaz de recuperar la aprobación que había perdido el Presidente Kast?

—Hay que centrarse en que una gran fortaleza, un capital que tiene el gobierno, es que el ‘gobierno de emergencia’ es un diagnóstico compartido por la población. No es fácil tener un diagnóstico del país compartido por la mayoría de la población, y el gobierno de José Antonio Kast todavía lo tiene. Y eso, al ser un gobierno de emergencia, de cierta manera funciona como un campo de fuerza ante otros temas. Por ejemplo, lo que ha salido con proyectos relacionados con aborto, con “escucha su corazón”, ese tipo de proyectos más valóricos, no logran entrar bien por este ‘campo de fuerza’, que es este gobierno de emergencia. Eso mantiene una base de apoyo.

Lo que sí ha pasado es que ha cambiado la emergencia. La emergencia en un principio era seguridad, José Antonio Kast ganó con seguridad, después cambió a economía, y ahora el gobierno quiere cambiar de nuevo a seguridad, porque la economía es bastante más lenta, es cíclica y uno tiene menos articulaciones que hacer para que eso se mueva más rápido. Por lo tanto, en el caso de la seguridad, que se maneja mucho más por percepción que por dato duro, hay mucho más que hacer. El problema con eso es que nuestros estudios muestran que para la gente, el hecho de que el gobierno de José Antonio Kast sea muy duro contra la delincuencia y haga, por ejemplo, el plan Cancerbero, eso para ellos es como un ‘desde’. No creo que por ahí se pueda recuperar aprobación.

—¿Y hasta cuánto podría seguir subiendo la aprobación del gobierno?

—Actualmente, hay aprobaciones que van desde el 25% al 40%, según la empresa de encuestas que la hace. La más alta es la de Cadem, que está en 41%. Nosotros estamos midiendo aprobación, solo que no la estamos publicando, pero es 34% en la de nosotros. Entonces, independiente de todo, un 34%, en el mundo de hoy, es una buena aprobación. Si uno lo compara, por ejemplo, con aprobaciones de mandatarios en Europa, es bastante alta. En Latinoamérica, es más o menos promedio. Pero 34%, con las expectativas tan altas que hay de la población, no es un mal número. Entonces, yo lo que le diría al gobierno es que, más allá de tratar de recuperar lo que algún día tuvo, que fue un 55% cuando partió, eso es irrecuperable. Ese 55% no va a volver probablemente, pero sí está dentro de las posibilidades subir al 40%. Pero solamente con seguridad no se va a lograr.

¿Por qué?

Seguridad, y específicamente el plan Cancerbero, lo que hizo fue que la aprobación no siguiera bajando. Al menos en nuestro estudio venía con una baja paulatina, desde el ‘bencinazo’ no ha tenido ningún ascenso significativo, si no con bajas de uno, dos, tres puntos, que no son significativos semana a semana, pero sí en la tendencia. Entonces, yo diría que a lo que tiene que apostar es llegar a un 40%, pero para eso va a necesitar la economía y eso no depende solamente del gobierno de José Antonio Kast. Por lo tanto, va a necesitar un poco de suerte también, que la economía repunte. El ideal del Plan de Reconstrucción es que a finales del mandato estemos creciendo un 4%. Eso para la gente no significa mucho o, por decirlo de otra manera, significa nada si no lo ven en el diario vivir. Ellos lo que vieron es que subieron los precios y eso no se lo esperaban. Ellos creen o sienten que la economía está peor hoy que cuando empezó José Antonio Kast, y eso es muy difícil de remontar.

«Llegar a un 40% para el gobierno sería un golazo«

—¿O sea, el techo realista al que puede aspirar Kast está cerca del 40%?

—Efectivamente. Creo que llegar a un 40% para el gobierno sería un golazo. O sea, cualquiera quisiera llegar a un 40%. Estacionarse ahí es lo difícil, porque estamos viendo que todo está siendo muy volátil. Y nosotros hemos visto que la aprobación de José Antonio Kast tiene poco de ideología. Él ganó con el 58% porque estaba al frente de una candidata comunista. No estoy tirando para abajo la victoria, sino que estoy diciendo que la realidad es que él ganó por un rechazo hacia la otra candidatura, por lo mismo ese 58% no se va a repetir.

—Ahora, estamos viendo en términos de seguridad un fuerte respaldo a ciertas medidas. ¿Parte ahora una nueva etapa para el gobierno o no?

—Bueno, eso es lo que se intenta instalar y yo creo que se hizo muy bien. Hubo mucha destreza en eso. En el fondo, apenas aprobado el mayor proyecto, el megaproyecto de la Ley de Reconstrucción, esa misma semana se ocupa una cadena nacional para hablar sobre cómo se aprobó en tiempo récord, y, segundo, en la misma instancia, ya empalmar con la otra emergencia, que es la de seguridad, y luego, a la semana siguiente, todos los matinales con el plan Cancerbero. O sea, desde el punto de vista comunicacional, está muy bien logrado.

—¿Pese a las críticas de que esto era un show mediático?

—Sí. Y es importante considerar que la seguridad tiene mucho de percepción, o casi todo de percepción, más que de realidad de dato duro. Entonces, si tú estás mostrando que bajaron los homicidios, que bajaron los secuestros o lo que sea, no tiene tanta importancia en la percepción de las personas versus que la noticia siguiente sea que efectivamente hubo un secuestro o un homicidio. Eso echa todo abajo. Entonces, todo es percepción en la seguridad, mucho menos dato duro… No es tan palpable como sí es la economía, que tú sales a comprar, sales a echar bencina y lo ves directamente. En el caso de la seguridad es mucho más percepción. Por lo tanto, aunque desde la izquierda critican como shows, es lo que hay que hacer para dar una percepción de que cambió la mano, que es lo que quiere hacer el Presidente.

—¿Y eso se ha logrado?

—Lamentablemente para el gobierno, las expectativas son muy altas. Y esa forma de actuar contra la inseguridad es lo que la gente ya esperaba, es el ‘desde’, no es ‘me sorprendieron con lo que hicieron’. En el fondo, ‘eso era lo que yo me esperaba, ahora quiero los resultados’. Y, como te decía antes, más importante que la ideología, en el caso de José Antonio Kast, son los resultados. Toda su campaña él la estructuró frente a eso, diciendo que iban a ir a resolver los problemas de Chile, y por lo tanto, lo van a evaluar por lo concreto, por las medidas, por cómo cambia la vida. Y como eso todavía no se ve, la aprobación sigue estancada, aunque al menos estancada, podría ir en declive. Yo creo que estar en un 35% hoy, 34%, es un número positivo.

—¿Entonces, esa aprobación es volátil, se puede mover rápido?

—El tema es que las noticias negativas pesan mucho más que las positivas (…) si la seguridad comienza a ser la prioridad uno de nuevo, porque ahora está economía, es una buena noticia para el gobierno, no solamente porque está por la agenda setting, no es porque está seteando ahora la agenda con seguridad, sino porque la seguridad siempre es un problema por defecto. A nosotros nos pasaba cuando medíamos al Presidente Piñera, por ejemplo, que eso lo hacíamos semanalmente, que cada vez que subía la seguridad como el problema prioritario, de la mano subía la aprobación del Presidente, porque quería decir que otros problemas, como economía, salud, educación, ya tenían menos peso y te ibas a seguridad. Entonces, si tú estás viendo que seguridad sube es porque los demás ya están más controlados. Si la seguridad empieza a pasar a economía, entonces, uno podría pensar que la aprobación podría empezar a subir.

—¿Cuánto le afectan al gobierno las críticas de su propio sector al plan de seguridad, sumado a la salida de la exministra Natalia Ducó o los roces entre ministros? ¿De qué manera impacta de cara a la ciudadanía?

—Mira, son las partes más entretenidas para analizar, por ser más chimuchina. O sea, que si se enfrenta el ministro del Interior con el ministro de Hacienda, las descoordinaciones comunicacionales, todo ese tipo de cosas que alimentan mucho a los medios, tienen muy baja o nula repercusión en la aprobación, sobre todo en un gobierno como el de José Antonio Kast. Primero, por un lado, a muy poca gente le llega esa información o engancha con eso, solo los más ‘politiqueros’. No es que sean pocos los más politiqueros. De hecho, según nuestras mediciones, la gente que es intensa en consumir política está en torno al 20%. El tema es que esas personas intensas en el consumo de política tienen sus decisiones muy tomadas, entonces van a tener todo tipo de argumentos para explicar por qué eso es positivo que pase.

—¿Ya están convencidos?

—Claro. Y pasa lo contrario para el otro lado. Son temas que se mueven en gente ya muy convencida de si aprueba o desaprueba. Y todo el resto, que efectivamente se mueve por lo que está pasando en el país, que debería ser lo más relevante, no consume ese tipo de noticia, entonces no lo afecta. No mueve la aguja… Todo ese tipo de cosas no mueven la aprobación porque, en el fondo, se mueven en un ámbito de la política demasiado de nicho.

—Y, al revés, ¿tiene un costo electoral para la UDI y para la derecha, en general, aparecer poniendo dudas sobre un proyecto de seguridad que tiene un amplio apoyo?

—Un partido como la UDI o Chile Vamos requiere, de cierta manera, empezar a recuperar algo de protagonismo y no pueden seguir detrás de todo lo que vaya dictando el Presidente. Está bien ser un aliado fiel, o dócil, pero necesitan algo de protagonismo, de alzar la voz con algún tipo de cosas, porque está el PDG haciendo ruido por un lado, está el Partido Nacional Libertario haciendo ruido por el otro. Y Chile Vamos está solamente siguiendo la ruta que le dicta el gobierno, por lo tanto, este tipo de temas, independiente de si tiene razón Guillermo Ramírez o si no tiene, yo sí le veo una lógica o una intención de decir ‘acá estamos nosotros y nuestros votos no son gratis, nosotros también tenemos algo que decir en esto’.

«Lo mejor para Franco Parisi hubiese sido seguir fuera»

-También Franco Parisi endureció sus críticas a Kast, acusó que “no tiene liderazgo” y descartó un apoyo del PDG a una reforma constitucional. ¿Cómo interpreta eso y en qué posición queda el PDG con eso?

—Sobre el PDG y sobre Parisi se ha hablado mucho desde el inicio del gobierno. En estos cinco meses Franco Parisi ha sido bastante protagonista, el PDG también por sus votos, ahora tiene 14 nuevamente. Una mala noticia para él, o para la gente politiquera, es que lo que está pasando hoy con respecto a lo que va a pasar años después para la carrera presidencial vale cero. Lo mismo le podríamos decir al ex Presidente Boric, que ahora están diciendo que se está volviendo a posicionar, quizás tenía que ver con la elección de Gael Yeomans… Lo que esté pasando hoy, en verdad, no va a pesar nada en tres años más, porque es ahí donde se van a empezar a valorar a los candidatos. Entonces, todo lo que pasa hoy tiene otras razones, que son ordenar el mapa interno. Efectivamente, puede tener por ahí un potencial lo que está haciendo tanto Gabriel Boric como el PDG, como Parisi, pero si yo fuera asesor de Franco Parisi, creería que lo mejor para él hubiese sido seguir fuera. Casi todos los analistas dicen ‘qué bueno que Parisi se quedó, que tiene ordenado al partido’ y hablan de un triunvirato. Sí, compro todo eso, pero es un desgaste para Franco Parisi que si empezó desde hoy, desde hoy ya es un flanco de críticas. Si uno quiere ser el próximo candidato presidencial, si ese fuera su objetivo final, creo que es una mala estrategia estar hoy. Quizás hoy ordena, después desaparece y vuelve. No sé… Hoy es una figura potente, pero eso no tiene ninguna repercusión en lo que va a pasar en tres años más o en dos años más, cuando ya empecemos a medirlo. Lo mismo para el ex Presidente Gabriel Boric. Si bien son figuras importantes hoy, yo no los miraría como que ya se están instalando los nuevos candidatos.

—¿Cómo interpreta las elecciones del Frente Amplio y el triunfo de Gael Yeomans?

—Lo primero, y que no solamente repercute en el Frente Amplio, sino que lo tomaría como un símbolo de la oposición en general, o al menos de la oposición desde la izquierda, es la falta de energía. Algunos han hablado de que es casi inexistente. Los gobiernos tienen un rechazo bastante mayor que su aprobación, pero peor que eso es ser parte de ese rechazo, pero no poder capitalizar nada, que eso es lo que le pasa a la oposición de izquierda. Hay una falta de energía que se traduce en que un partido como el Frente Amplio, con una gran cantidad de militantes en comparación al resto de los partidos, solo vote menos de un quinto. Y ese quinto va en una dirección distinta a la que llevaban las mayores figuras del Frente Amplio, llámese Giorgio Jackson y Gabriel Boric. Se dice también que esta nueva ala va a ‘izquierdizar’ más al Frente Amplio, va a ser más extremo en ese sentido, lo que me parece muy poco estratégico con el nuevo escenario del votante obligado.

—¿En qué sentido?

—Al votante obligado no le importa para nada la ideología. Y eso puede ser muy bien usado por alguien hábil, como Franco Parisi, que habla de ‘ni facho ni comunacho’. Alguien que se logra posicionar como apolítico tiene mucho más que ganar. Cuando gana Gael Yeomans y se habla de que va a ser una gestión más hacia ese lado, uno pensaría que van ser un partido de nicho. Y en el mundo, en el Chile de hoy, lo más ideologizado tiene cada vez menos peso. Lo que más pesa ahora es lo pragmático.

«Liderazgos como el de Boric, que tienen mucho de ideología, van en retirada»

—¿Y usted cree que este voto contra Constanza Martínez es un voto contra una conducción demasiado vinculada al mismo Gabriel Boric? Pepe Auth decía en «Política para Adultos» que al ex Presidente Boric «le convenía el triunfo de Yeomans»

—En el fondo le conviene porque el Frente Amplio no va hacia la mayoría, sino que se va encerrando en su mismo mundo, que comulga con que haya votado solo un quinto. Quizá si votaba más gente ganaba Constanza Martínez, no sabemos. Lo que pasa es que cuando vota muy poca gente en un partido, votan los más ideologizados. Y eso se condice con que gane dentro del partido alguien más de izquierda que Constanza Martínez, guardando las proporciones. Entonces sí, comparto la opinión de Pepe, pero en el sentido de que, en el fondo, le limpia la cancha por lo de Tomás Vodanovic, y se encierra a ser un partido más chico. Entonces hay como doble lectura. Por un lado, a Gabriel Boric le conviene, pero siempre pensando en que Boric ya no sería un candidato del Frente Amplio, sino que sería un candidato más tirado a la socialdemocracia.

—¿Y no ve a Boric, hasta el minuto, como un líder del sector de cara a las presidenciales de 2030?

—Nosotros estamos estudiando principalmente a la gente apolítica, que cada vez es más. Eso es importante destacarlo, porque las generaciones jóvenes vienen mucho menos ideológicas o con ideologías más globales que locales. Entonces, con una masa menos política creciendo, liderazgos como el del ex Presidente Boric, que tienen mucho de ideología, van en retirada. Y lo que viene ahora es el pragmatismo. Y por eso calza muy bien Franco Parisi. Tú puedes sacar a Franco Parisi y poner a otro, pero que esté ‘al medio’… Lo mismo que hizo José Antonio Kast de que viene a resolver. O sea, lo que tiene que hacer Kast es no teñirse de que es del Partido Republicano, que es aliado del Partido Nacional Libertario, no. Él es pragmático, con su agenda de gobierno de emergencia y que no lo saquen de ahí. Estamos en la era de eso y eso va a seguir creciendo. Eso recién empezó.

«Un liderazgo como el de Boric no calza para la elección presidencial que viene»

—Usted habla de un Boric en retirada, pese a su reaparición presentando el libro de Tironi. ¿Eso no le juega a favor?

—Más allá de que juegue a favor, porque queda mucho para la carrera presidencial, lo veo más como alguien que está articulando, que está cumpliendo otro rol, que puede articular desde atrás, dentro de la izquierda. Es un ex Presidente, y es muy importante para la izquierda su opinión, lo que piense, lo que mande, articule, pero, independiente de que las encuestas lo puedan posicionar como el más potente de la oposición, creo que un liderazgo como el de Boric no calza para la elección presidencial que viene. Hoy estamos entrando en una era de lo práctico, no de ideologías. Probablemente después vamos a volver, si todo esto es cíclico. Pero lo que viene ahora es gente mucho más práctica, sin ideología, y a la vez hay un temor ahí de que pueda salir cualquier cosa (…). Para ganar una elección se va a necesitar alguien que hable de medidas concretas, como lo hizo José Antonio Kast, que si no las lleva a cabo, las expectativas de la próxima elección van a ser aún más altas, porque el próximo candidato o candidata va a prometer cosas más rimbombantes.

—¿Y la continuidad de la derecha en La Moneda, lo ve posible?

—Con la última elección debiera habernos quedado claro que ya no nos sirve solamente izquierda y derecha para entender las elecciones. El péndulo del que hablábamos, de derecha e izquierda, ahora va a tener como una tercera estación, que no sabemos cuánto va a durar esta estación. Me refiero a una que no es ni izquierda ni derecha. Tampoco es centro en el sentido político, sino que es algo distinto. Como, por ejemplo, el gobierno de Donald Trump no tiene nada de derecha, siendo que es del Partido Republicano. Entonces, se están creando nuevas formas de gobernar, nuevas formas de ver la política, que no se entienden solamente entre izquierda y derecha. Y cada vez va a ser más así, porque la gente tiene menos tiempo de atención para escuchar a la gente que tiene planes de largo plazo, todo es mucho más tiktokero, eso lo resume bastante bien. Entonces, es difícil traspasar el gobierno a alguien de la misma coalición. Es difícil que sea de derecha, pero también es difícil que sea de izquierda. Yo hoy me inclinaría por una tercera facción, que no es ‘ni facha ni comunacha’.

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