La pandemia del Covid nos ha hecho revalorar la vida, qué duda cabe. Imposible olvidar por ejemplo aquella icónica portada de The New York Times en mayo de 2020, repleta con mil fallecidos -nombre, edad, lugar, profesión-; un obituario en sí misma. «No eran simples nombres en una lista. Éramos nosotros», se leía en la introducción.

Quizás por todo lo que hemos pasado el último año y medio nos llegará de otra manera esta historia, éxito en Netflix. Quizás antes nos habríamos centrado más en la crueldad del terrorismo internacional y no en el “valor” de una vida, que es lo que precisamente subraya esta película. Quizás dejemos de “calcular” la vida. Quizás.

De hecho, se agradece que en este drama “¿Cuánto vale la vida?” (Worth, 2021), dirigido por Sara Colangelo, casi ni se mencione el tema del terrorismo, la violencia política, la ideología, etc. Tampoco hay “cebolla”. Nos encontramos en cambio, con una profunda reflexión sobre la vida cuando nos topamos con una tragedia de magnitudes, como le pasa al renombrado abogado demócrata y profesor en Georgetown, Kenneth Feinberg, cuando es convocado por la Administración Bush (republicana) para hacerse cargo de negociar la indemnización para las víctimas del atentado a las Torres Gemelas del 11 de Septiembre de 2001, a través de un fondo especial de compensación del Tesoro estadounidense.

Lo que experimentó en esa “misión” como perito profesional (“special master”) durante 3 años y que plasmó en su libro  What Is Life Worth? es la base del guion de Max Borenstein. Michael Keaton interpreta muy bien en su contención a Kenneth (Ken) Feinberg, quien luego de pensarlo bastante, dice “Hey, esto es algo en lo que soy bueno, puedo ayudar”, y acepta hacerlo “pro-bono”. Su desafío es intentar determinar el valor monetario de las vidas que se perdieron y en la cruzada, involucra a todo su estudio jurídico, partiendo por su socia Camille (Amy Ryan), a quien le parece una tarea titánica y enredada.

El análisis inicial es frío y teórico: encontrar una fórmula que permita compensar económicamente a las víctimas -armónica con un proyecto de ley de seguridad aérea y estabilización para rescatar a las dañadas aerolíneas-, y evitar una exorbitante demanda colectiva que pondría en serios problemas a la economía.

Comienzan así un arduo trabajo de identificación de los fallecidos, de sus herederos, y de sobrevivientes, para calcular un valor de indemnización según su lugar de residencia, o si perdió una o ambas extremidades, si sostenía a toda su familia o era solo, entre muchos otros factores. Tras un trabajo casi científico, dan con una “fórmula”, pero al momento de explicarla a los afectados, Feinberg es cuestionado y se da cuenta del empedrado camino que le espera.

¿Por qué hay valores de compensación diferenciados? ¿Por qué esa fórmula? ¿Acaso la vida de todos no vale lo mismo? ¡La vida de mi hija vale lo mismo que la de un ejecutivo! ¡Nos presionan para que no demandemos al estado! Son preguntas y reclamos que lo silencian.

Aparece Charles Wolff (Stanley Tucci), quien perdió a su esposa en el atentado y plantea que todo lo de la fórmula le ofende y por eso creó una página web llamada “¡Arreglen el fondo!”, desde donde organizará a los demás. La relación con Charles irá iluminando a Ken, muy atribulado, refugiado en sus arias de ópera o en la construcción de su casa en la playa, pero sin poder liberarse de la angustia de saber si está haciendo el bien. ¿Será que su fórmula efectivamente no puede determinar cuánto vale una vida?

Les exigen la firma de conformidad a la compensación de al menos un 80% de las víctimas, pero se hace muy difícil. La trama es fácil de seguir, por su relato ágil y sobrio, directo a lo que importa.

Impresionan las diferentes reacciones entre los grupos: mientras los inmigrantes se muestran muy satisfechos con indemnizaciones de US$200,000 para cada uno, ejecutivos y empresarios amenazan con ir a tribunales si no les suben los porcentajes. A medida que van conociendo las historias humanas detrás de los nombres, los abogados se van complicando, como en el caso de un gay que pierde el derecho a recibir algo por no estar casado con su pareja.

Este fondo ha sido el único en su tipo en la historia de Estados Unidos y distribuyó más de 7000 millones de dólares (94 personas se negaron a participar). Muy interesante para abordar otros casos. ¿Qué tal si hubiera prosperado una demanda contra el gobierno chino por las muertes por Covid? ¿Cómo calcular una indemnización así?

Para ver a Keaton convertir a su Batman de la ficción a la realidad. 1 h 58 min.

Mayores de 13. En Netflix.

Tráiler aquí.