Tal como he comentado en otros espacios, este año no solo se elegirán al próximo presidente y parlamento, también se definirán las hegemonías políticas en la izquierda y la derecha. Esto último, es tanto o más importante que lo primero desde el punto de vista político. No solo porque sus efectos perdurarán por décadas, sino porque esto será determinante también para la elección presidencial.  Además, como ellas no se despejarán simultáneamente, era obvio esperar que el resultado de la primera, influiría en la segunda. No era lo mismo que ganara la candidata del PPD o la del PC.     

El mecanismo que eligieron para dirimirla no es casual, no es irrelevante, muy por el contrario, delata un tema cultural muy profundo y arraigado en ambos sectores. La izquierda la definió en la máxima unidad y la derecha lo hará en la mayor división.

La primera realizó una primaria para tener una sola candidatura presidencial, por lo tanto, era obvio que también habría una sola lista parlamentaria. Los derrotados no tienen otra opción que permanecer en la lista del ganador. Además, el mismo día que inscribieron su primaria -el 30 de abril- lograron eliminar toda opción de lo que se denominó una segunda vuelta germano-alemana que, era posible matemáticamente, pero políticamente inviable. Por lo que a partir de esa fecha no era más que un voladero de luces. Un solo candidato del oficialismo estaría a todo evento en segunda vuelta. 

A diferencia del oficialismo, la hegemonía de la derecha se seguirá definiendo hasta la primera vuelta presidencial, el 16 de noviembre. Esta se despejará en la máxima división con tres candidaturas presidenciales y dos listas parlamentarias, sin considerar en ellas a Franco Parisi y la lista parlamentaria del PDG. Este escenario de división era bastante predecible. Ya el año pasado esta disputa por la hegemonía mostró su peor cara. No hubo liderazgo político para algo tan simple como hacer primarias en las 16 regiones. La derecha le regaló 5 gobernaciones al oficialismo por no hacerlas. Si las hubiese hecho tendría hoy la Metropolitana, Valparaíso, O´Higgins, Los Ríos y Magallanes. Estas cinco las podría haber ganado en primera vuelta.

No hubo primaria entre las “dos derechas” porque el argumento era que no importaba porque había segunda vuelta, ignorando algo fundamental, que el que obtiene sobre el 40% en la primera, gana.

Hace ya prácticamente un mes se definió la hegemonía en el oficialismo en su primaria del 29 de junio. Participaron durante dos meses los partidos Comunista, Socialista, por la Democracia, Liberal, Radical, Acción Humanista, Frente Amplio y Federación Regionalista Verde Social, a los que hay que agregar a la DC que, sin ser parte de ella, apoyaron a la candidata del PPD. El resultado es el hecho político más importante desde el retorno a la democracia. Ganó el Partido Comunista. Triunfó la extrema izquierda. Lo que soñó con Pablo Neruda, lo logró con Jeannette Jara.

Lamentablemente, terminó de desaparecer todo liderazgo de la izquierda democrática. Por décadas la hegemonía quedará en manos del PC-FA, liderada por Gabriel Boric, Jeannette Jara, Camila Vallejo y Tomás Vodanovic.

Los efectos de lo anterior dan para muchas columnas, solo quiero en ésta destacar tres aspectos que considero relevantes para los procesos electorales de este año y que iremos observando paulatinamente en las futuras encuestas.

1.- El escenario presidencial de este año es igual al de 1999, el del histórico empate Lagos-Lavín. Lo viví como presidente de la UDI. Ese año la primaria fue el 30 de mayo. Hubo 1.385.000 votos válidos, con una participación del 18,2%. El candidato socialista arrasó con el 72% al candidato DC, el senador Andrés Zaldívar. Las encuestas que teníamos esos días señalaban: Lagos 61%, Lavín 19%. Así comenzó la inolvidable “caminata por el cambio”, que concluyó con ese impresionante empate en que el candidato de la Concertación nos ganó por menos de un voto por mesa. Primera Vuelta: Lagos 47,95%; Lavín 47,51%; Gladys Marín (PC) 3,2%; y los tres restantes, Tomás Hirsch, Sara Larraín y Arturo Frei, sumaron 1,3%. Los dos primeros sumaron más del 95%.

¿A qué se debió este nivel de concentración? A un extraordinario candidato como Joaquín Lavín y su comando, también a que es la única elección presidencial después del retorno a la democracia que no fue conjunta con una parlamentaria, pero en gran medida, al “susto”, “temor” y/o incertidumbre que generaba un presidente socialista después de la experiencia de la UP. Si eso ocurrió con el candidato del PPD-PS, es evidente que ello es incomparablemente mayor si la candidata es de un partido no democrático como el PC.

Por lo tanto, el primer aspecto que quiero destacar es que el triunfo del PC en la primaria oficialista concentrará finalmente la votación en dos candidatos que sumarán entre el 70-80% de los votos en primera vuelta. Los restantes candidatos sumarán en torno al 20%.

2.- En segundo lugar, el PC -que es hoy el único partido con estrategia política de mediano y largo plazo- usará esta elección para potenciar al máximo a Jara para enfrentar a Boric en cuatro años más.

El PC ya logró lo que nunca se imaginó alcanzar, tener a toda la izquierda chilena, incluida lo que queda de la DC, apoyando a un candidato comunista. La emblemática presidenta Gladys Marín sacó tan solo un 3% y Jeannette Jara tiene asegurado sacar más del 40%. El PC ya obtuvo todo, solo espera cosechar un buen resultado parlamentario en una sola lista, ya que los que no ingresan, desaparecen. Pasar el chaparrón de los próximos 4 años parapetados en el Congreso.

3.- Por último, una tercera consecuencia de esta disputa de hegemonías en las elecciones de este año será el perfeccionamiento y la profundización de la brillante estrategia que usó el PC, y en particular su presidente, para pulverizar a sus contendores en la primaria, que no es otra que seguir haciendo el papel del duro, controlar al Comité Central para ser coherente con el diseño y dejar a Jara con total libertad, permitiéndole llegar incluso hasta el límite que pueda decir que ya no es comunista y si fuese necesario expulsarla para que gane, también será una variante de la estrategia. Por eso es esperable que Jara alcance en primera vuelta entorno al 38% que obtuvo el gobierno en el plebiscito constitucional, ello contribuirá también a esa mayor concentración que ya se señaló en uno de los dos candidatos de la derecha, porque la gente se irá volcando a favor de uno para que no gane en la primera vuelta. Durante todo el año 99, Gladys Marín nunca bajaba del 8-9%, bastó que apareciera públicamente que Lavín podía ganarle a Lagos en primera vuelta, para que bajara al 3%.

Finalmente, el PC hará lo que sabe hacer: construir un nuevo escenario de confrontación. Ya no puede usar su histórico discurso de lucha de clases entre ricos y pobres porque la UDI Popular y el progreso alcanzado en los mejores 30 años en el país lo terminó. La implementación de la Economía Social de Mercado redujo la pobreza como nunca. Los inmigrantes, que serán relevantes en estas elecciones, se desplazan a los países donde se puede dejar de ser pobre con tu trabajo y esfuerzo personal, por eso vienen a Chile desde Venezuela, Colombia, Bolivia y Cuba.

A estas alturas ni el PC se cree el cuento de que nuestros compatriotas que aún viven en la pobreza se deben a los ricos. Chile se convirtió en un país de clase media y cerca del 80% se autodefine de clase media. Ahora, intentará construir el eje de la confrontación entre élite y pueblo. Como es una mala copia de lo anterior, también les irá mal. Hace tan solo unos meses eso ocurrió en Huechuraba y el pueblo eligió a Max Luksic.

El eje que decidirá la elección no es otro que la continuidad o no de este Gobierno. Jara es la candidata de Boric y eso será muy complejo camuflar.

Nunca una elección está ganada; pero, si la derecha lo hace bien, es evidente que tiene la primera opción de gobernar y de tener mayoría tanto en el Senado, como en la Cámara. Solo estará en riesgo si no sabe ponerle límites a esta disputa por la hegemonía.

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2 Comments

  1. A trabajar duro entonces para reproducir el 62 por ciento del Rechazo al «mamarracho constitucional» de 2022. El techo de los «socialdemócratas del PC» sigue siendo el 38 por ciento, incluido el «in-menso» caudal de votos de los DC que pretenden mantener sus pegas.

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