Parlamentarios y gremios piden al Presidente Boric que visite la Macrozona Sur. Los primeros lo exigen como condición para el apoyo a la extensión del Estado de Emergencia, y ambos solicitan que este deje de ser acotado y sea aplicado de manera completa. De acuerdo con ambas. Que el presidente visite la Araucanía es una señal importante y que el Estado de Emergencia deje de ser acotado permitiría controlar otras áreas, pero ninguna de las dos solicitudes tiene sentido si es que no existe un plan de largo plazo que permita responder a la problemática que se vive en esa parte de Chile. 

De las tomas pacíficas pasamos a las violentas; de los cortes de caminos a la quema de camiones y de ahí al ataque contra las personas. El desarrollo social y económico de la población se ve interrumpido, mientras que los chilenos ven cómo retrocede el Estado frente a la violencia. 

La visita del presidente es importante, sí, pero…. sin acciones concretas y una real voluntad de ejercer el Estado de Derecho no es suficiente. Las señales son clave, no hay duda de eso y su presencia en el sur mostraría la importancia que se le da a este tema. Es cierto que tanto la ministra del Interior como el subsecretario de esa misma cartera han realizado viajes a la zona, pero una cosa es mandar al ministro y otra ir personalmente. No olvidemos todas las críticas que recibió Michelle Bachelet durante su segundo mandato por demorarse casi dos años en visitar La Araucanía. Se hablaba de una ausencia de agenda presidencial en la zona. 

Es exactamente esa agenda presidencial la que se echa de menos. Un plan de largo plazo que cuente con voluntad política transversal para poder avanzar a pesar de los cambios de gobierno, y una mirada contundente desde el Estado que vaya más allá del diálogo y que permita mantener en el tiempo los buenos resultados del Estado de Emergencia que tanto han comentado los gremios y la jefa de gabinete. 

Por el momento, sabemos que las autoridades han mantenido un enfoque de diálogo respecto a la violencia en la zona, diálogo que no muestra avances, pues los grupos radicales mantienen su postura de “lucha”. Por otro lado, el presidente anunció en su cuenta pública que se duplicará el presupuesto del Plan Buen Vivir en el marco de la política de restitución de tierras. Pero… nuevamente, si no se enfrenta a las orgánicas radicalizadas que han hecho del narcotráfico y robo de madera su fuente de financiamiento, no se avanzará ni en diálogo ni en buen vivir. 

La seguridad es una condición necesaria para el desarrollo de la población, que en el sur ve amenaza su supervivencia por un espiral de violencia que ha aumentado su intensidad. Entre el 2018 y 2021 los homicidios en la macrozona sur aumentaron un 22,4%. 

Entonces, volvemos al principio: la visita del presidente al sur. ¿Es necesaria? De todas maneras. Más que nunca se requieren señales de preocupación por parte del Ejecutivo, pero sin anuncios concretos y compromiso real con enfrentar la violencia, desaparecerán en el viento como las señales de humo. 

El diálogo es posible, en Colombia hubo uno. Lo que no es posible es que se desarrolle cuando quienes amenazan al Estado están en posición de ventaja. No es que haya que seguir o no la línea del expresidente colombiano Álvaro Uribe, eso lo deciden otros, pero, como sea, urge controlar la violencia para poder avanzar en respuestas de largo plazo y que los buenos resultados del Estado de Emergencia se mantengan en el tiempo. 

*Pilar Lizana es experta en seguridad, defensa y narcotráfico, e investigadora de AthenaLab.

Deja un comentario

Cancelar la respuesta